CRÍTICA: “The Devil’s Candy” (2015) de Sean Byrne, posesiones y heavy metal

Jesse y Astrid se compran la casa de sus sueños en una zona rural de Texas. Esta casa cuenta con mucho espacio para que Jesse pueda dedicarse a la pintura. Pero lo que él no sabe es que en ella se esconde algo misterioso. Los cuadros del pintor comienzan a adquirir un tono más oscuro e inquietante. La esperanza de dar un paso adelante con su profesión artística se desvanece cuando una especie de fuerza demoniaca se está apoderando de su mente.

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Sean Byrne, director de la muy recomendable The Loved Ones’ (2009), tuvo hace un par de años su segunda película de terror con este trabajo muy diferente a aquel con que lo conocimos, alejado esta vez de los preceptos del horror físico y entrando de lleno en lo sobrenatural. Y aunque no llega a los niveles de calidad de su entrada en el torture porn, sí que resulta una obra de lo más eficiente que consigue -en su mayor parte- eludir varios de los clichés que este tipo de historias suelen tener. Con todo esto, ‘The Devil’s Candy’  puede que no sea su trabajo más original, pero al igual que como ocurría con su película anterior, Byrne consigue sacar momentos inesperados de ideas ya muy explotadas, en esta ocasión jugando con la idea del artista acosado por un misterio de ultratumba que, paradójicamente, resulta una de sus mayores fuentes de inspiración a la vez que lo va destruyendo como persona. Es un concepto que se ha plasmado muchas veces a lo largo de los años, pero que aquí está llevado con personalidad y de manera muy efectiva.

Ambientado esta vez en medio del entorno rural americano y con un irreconocible Ethan Embry (‘Late Phases’, ‘Convergence’) en el papel principal, el argumento va sobre un pintor que se muda con su familia a una granja y ve cómo su obra comienza poco a poco a verse afectada por una presencia sobrenatural que intenta comunicarse con él. Paralelamente, su familia es rondada por un asesino en serie que parece guardar alguna relación con la experiencia que está viviendo. Ambas tramas transcurren de forma más o menos independiente y se van acercando hacia el final, una vez que el misterio sobrenatural es revelado. De todas formas, lo interesante está no tanto en este misterio, sino en el proceso de transformación del propio protagonista, que va sufriendo su propio viaje interior al lado más oscuro de sí mismo a medida que su contacto sobrenatural comienza a apoderarse de él.

El argumento no es lo que se entiende por original y tanto el misterio como la idea del artista atormentado que alcanza sus mejores trabajos a medida que va perdiendo su humanidad son cosas que se han hecho muchas veces antes, pero la película lo compensa con creces gracias a la atmósfera que construye Sean Byrne y que, en cierta forma, ya había adelantado en ‘The Loved Ones’: al igual que en esta, en ‘The Devil’s Candy’ también hay una estética calurosa y opresiva que se arma gracias al contraste entre el entorno rural y la música death metal que escucha el protagonista y que se convierte en parte de su identidad. Las escenas sobrenaturales son muy sutiles comparadas con la abierta representación de lo fantasmal que suele tener este tipo de cine hoy en día, y de hecho, los principales momentos de terror vienen con la obra del pintor y la forma en que va volcando su mundo interior en ella. En otras manos, sin ese particular estilo, esto probablemente hubiese sido un trabajo muy inferior y es precisamente gracias al buen oficio detrás de ella que termina elevándose por encima de lo que su trama le hubiese deparado. 

El único problema que refleja es que la cinta deja al final todo demasiado bien atado, y se esfuerza en cerrar de forma definitiva el argumento principal a la vez que deja abierta la subtrama del decadente arte del protagonista y el súbito interés que despierta en un siniestro coleccionista de obras macabras, un ángulo que no lleva a nada, a pesar de que, de entrada, parecía mucho más interesante incluso que la trama principal. Fuera de eso, estamos ante una historia de terror muy buena que pasó más o menos desapercibida entre muchos productos similares y que habría que rescatar porque, sin duda, lo merece. 

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7-stars
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Ficha Técnica:
EEUU, 2015, 78 min.
Título Original:  “The Devil’s Candy”.
Director:Sean Byrne.
Guion: Sean Byrne.
Reparto: Shiri Appleby, Ethan Embry, Kiara Glasco, Mylinda Royer, Ash Thapliyal, Jamie Tisdale, Pruitt Taylor Vince, Stan Taylor, Tony Amendola.


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