ZOOM IN: La mirada de Lynne Ramsay

Lynne Ramsay desearía que sus películas no tuvieran sinopsis. A la cineasta escocesa le gustaría que la introducción a sus filmes fuese un escueto “disfruta el viaje” dirigido al espectador. Es que la trama no refleja lo que su obra es, de la misma manera que la descripción de materiales utilizados no representa el significado de una pintura en exhibición.

Lynne Ramsay pinta detalles esperando que quien mira sepa tomar la distancia adecuada para poder apreciar el cuadro en su totalidad. Su trazo es estilizado y minimalista, aunque su mano se mueve con una mezcla única de precisión y urgencia. Ella sabe muy bien lo que quiere comunicar, pero mientras el mensaje llega a puerto, se pueden sentir las pulsaciones de quien lo envía. Es la transmisión de ese latido en forma de música, murmullo, respiración o crudo sonido  la que convierte el visionado de su filmografía en una experiencia tremendamente inmersiva y vital.

“You Were Never Really Here” (2017)

Su último filme se llama ‘You Were Never Really Here’ (2017) es un ticket en primera fila a experimentar las turbulencias físicas y psicológicas de Joe (Joaquin Phoenix), un veterano de guerra con estrés post traumático que debe rescatar por encargo a la hija de un senador de una red de prostitución infantil. Lo que suena a clásico thriller mercenario es, en manos de Lynne, una invitación a ver la vulnerabilidad escondida en todo acto de violencia. Joaquin Phoenix brilla en una actuación que va desde la brutalidad exterior al tormento interior sin previo aviso y con iguales dosis de verdad e intensidad. La cámara valiente y siempre elegante de Ramsay lo delata a través de lo cristalino de sus ojos, mientras lo sigue sin prejuicios ni vacilaciones en un viaje simbólico, sangriento y solitario, en el cual ninguna imagen es gratuita.

Pero ‘You Were Never Really Here’ no es la primera vez que la directora adapta una novela oscura bajo un inquietante score de Jonny Greenwood. Ya lo hizo en la espeluznante ‘We Need to Talk About Kevin’ (2011), en la cual Tilda Swinton encarna con maestría el personaje a develar. La cinta cuya trama es mejor no revelar para no arruinar su visionado, es un fragmentado y visualmente virtuoso relato acerca del origen de la maldad y la memoria como (re)creadora de sentido. Detallista e incisiva, la película teoriza sobre la construcción de identidad y el vínculo materno, dejando una huella duradera en el espectador. Convencida de que la audiencia es cada vez más inteligente y sofisticada, Lynne Ramsay no cuenta historias cerradas sino que abre universos simbólicos; no ofrece respuestas sino que genera inquietud.

“We Need To Talk About Kevin” (2011)

Oriunda de Glasgow, debutó en cine con ‘Ratcatcher’ (1999), un estilizado retrato social de la infancia en dicha ciudad durante la huelga de basureros en 1973. La película, basada en un guión de su autoría, se centra fundamentalmente en James (William Eadie), un niño de doce años que espera ser reubicado en una nueva casa luego de que el lugar que habita se torna insalubre. Abandono y pobreza se toman la pantalla en tono gris sin que la cineasta olvide la poesía de lo cotidiano ni pierda la habitual belleza metafórica de su encuadre. Inspirada en la Nueva Ola Francesa, su cámara sobrevuela la crítica social para adentrarse en una historia de crecimiento y búsqueda donde el background fotográfico y pictórico de la realizadora se hace patente al ofrecer una única mezcla de imágenes líricas y realistas que tienen como tema principal  el tránsito hacia la adultez y la pérdida de la inocencia.

Es que nada parece interesarle más a Lynne Ramsay que la fragilidad, el desahogo y la culpa. Temas que son centrales también en ‘Morvern Callar’ (2002), la primera novela que hizo propia transformando párrafos en fotogramas de inspirada composición. Allí su lente narra las peripecias de Movern (Samantha Morton), una cajera de supermercado cuya vida da un vuelco tras el suicidio de su novio. Se trata de otro estudio de personaje “marca Ramsay” en que la trama se difumina para llevar al espectador a un viaje por la psiquis de una mujer común en una situación extraordinaria; una road movie acerca del duelo y la liberación en la que la música tiene un rol principal. Paul Davies, habitual diseñador de sonido de Ramsay, es fundamental a la hora de lograr que ‘Morvern Callar’, así como el resto de su filmografía, trascienda el ejercicio de estilo y sea una obra en la que la forma es creadora de contenido.

“Morvern Callar” (2002)

Formalista experta en convertir en imágenes estados emocionales de individuos solitarios agobiados por su entorno y/o desafiados por la tragedia, la directora se preocupa especialmente de no juzgarlos moralmente, de meticulosamente exhibir su tridimensionalidad y así permitir que muestren sus contradicciones a quien las quiera percibir.

A Lynne Ramsay le gustaría que sus películas no tuviesen reseñas, desearía que la invitación a ver sus filmes se redujera a un “no te pierdas el viaje” dirigido al lector.

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