CRÍTICA: “Graduation” (2016) de Cristian Mungiu, fantasía sobre mezquindad y corrupción

Romeo es un médico de casi 50 años que dejó atrás las ilusiones relacionadas con su matrimonio, ahora acabado, y su Rumanía, destrozada por los acontecimientos. Para él todo lo que importa ahora es su hija, de 18 años. Tras los exámenes finales, la joven irá a estudiar a una prestigiosa escuela en Inglaterra. En la víspera del examen, la hija es atacada en la calle. A partir de entonces, hará todo lo posible para garantizar que ello no perturbe el destino que ha elegido para su hija.

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La tranquilidad de un hogar es interrumpida. Alguien rompe el vidrio de la sala con una piedra.  Un incidente menor que presagia fracturas mayores. ‘Graduation’ cuenta el derrumbe de la débil estabilidad de los proyectos de un médico de clase media. Cuenta, además, una de las tantas pesadillas que acosan a muchas personas de esta clase: la de verse condenadas a permanecer en ella. Romeo (Adrian Titieni) ha planificado su vida para que su hija no repita su historia, pero desde esa mañana, la posibilidad de que ella no cumpla con el destino que su padre tiene presupuestado, aumenta.

‘Graduation’ es un filme que retrata las inseguridades, contradicciones y modestas virtudes de un hombre corriente. Es un largometraje que muestra la vulnerabilidad de un individuo víctima de sus propias flaquezas. La más reciente película de Cristian Mungiu sigue fiel a la representación de lo real que se aleja de los códigos del cine de género, si bien por momentos parece hacerle guiños al cine policíaco y al melodrama. Quizás al no tener un centro dramático tan impactante como el de ‘4 meses, 3 semanas, 2 días’ (2007), el filme pierde buena parte del efecto emocional que el otro lograba. En cambio, ‘Graduation’ construye una ambiciosa parábola sobre la Rumania contemporánea, que acaso sea tan elocuente sobre lo que es aquella comunidad como podría serlo sobre la colombiana. Casi un cuento moral, al evitar las resoluciones nos enfrenta a un feroz y agudo reflejo de una sociedad consumida por una corrupción que parece no tener remedio, que parece haber devorado incluso las buenas intenciones.

Eliza (Maria Dragus) está a punto de graduarse. De pasar sus últimos exámenes, asegurará la beca que se le ha ofrecido para que estudie en Inglaterra, beca para la que Romeo, su padre, ha trabajo durante años. Sin embargo, un terrible suceso amenaza con dar al traste con este plan. Intentan violar a Eliza mientras se dirige al colegio. Los exámenes son inaplazables, lo que lleva a Romeo a la acción. El padre está dispuesto a todo con el fin de asegurar un cupo para su hija. ‘Graduation’ sigue los avatares de estos personajes por el curso de unos pocos días, los días en que, sin saberlo, Romeo va a ir hundiéndose en lo que se volverá su propio descenso. El filme describe una caída lenta y dolorosa, a pesar de que, como en nuestro día a día, el personaje no esté consciente de que está cayendo.

Podemos volver a decirlo: el realismo es un estilo, como también lo es el cine que busca captar lo real sin recurrir a las convenciones realistas. ‘Graduation’ es un ejemplo del segundo tipo de cine, cine sobre la realidad que trata de despegarse del realismo. El crítico de cine Richard Brody utiliza esta observación como base de su rechazo al filme en dos sentidos: por uno, en notar que se trata de una mera ficción, por otro, como ejemplo de un estilo desgastado carente de la vitalidad de otrora. Tiene razón en lo primero, por supuesto (lo que en modo alguno es criticable). Ya es más injusto en lo segundo.

La austeridad visual de ‘Graduation’ no implica que sea corto de miras. El largometraje nos obliga a sentir y a vivir unos cuantos días desde la perspectiva de Romeo, nos invita a comprender su drama y a observar su mezquindad. Es una realidad sombría y estrecha, una que pertenece a uno de los tantos mundos ficticios posibles, pero no por ello descartable. Los realizadores arman de modo convincente esta fantasía sobre la mezquindad y la corrupción, una que por momentos imita muy de cerca nuestra cotidianeidad. Y en ello está su valor.

En consonancia con propuestas como la de ‘El Cliente’ (2016) de Asghar Farhadi, el filme rumano recurre a un drama íntimo para mostrar las miserias y grandezas de todo un grupo de ciudadanos. Ese pequeño conflicto sirve para presentar cómo el tenue balance que sostiene las ilusiones de una vida corriente y satisfactoria se ven derruidas por una violencia que es tanto exterior como interior. Mientras la película iraní se concentra más en revelar la contradicción interna que habita a los personajes, los personajes de la rumana se ven obligados a sucumbir a un sistema corrupto al que creían haber podido esquivar.

Es cierto que ‘Graduation’ no se constituye en un filme que con tanta lucidez describa una anécdota como ‘4 meses, 3 semanas, 2 días’. El propio estilo del filme –el de contar el flujo diario que es ajeno a la reconstrucción dramática y selectiva que elimina lo, en apariencia, banal– lo hace expandirse sin terminar de hilar todos los eventos. Lo real es tan inabarcable que termina devorando los dramas centrales de la película. Y a pesar de esto, uno puede dar fe de la escala de lo que significa el derrumbe de Romeo al final de la función. Con sus irregularidades, ‘Graduation’ nos permite ver de modo más claro a un drama cercano, uno que a veces pasa desapercibido a nuestro lado.

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8-stars
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Ficha Técnica:
Rumania, 2016, 128 min.
Título Original: “Bacalaureat”.
Director: Cristian Mungiu.
Guion: Cristian Mungiu.
Reparto: Adrian Titieni, Maria-Victoria Dragus, Vlad Ivanov, Ioachim Ciobanu, Gheorghe Ifrim, Emanuel Parvu, Valeriu Andriuta, Claudia Susanu, Adrian Vancica, Liliana Mocanu.


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