Los Premios Oscar: La búsqueda de un cine chamánico

cave_of_forgotten_dreams-big

Dicen que el primer antecedente del cine fueron los grabados en las cavernas: el efecto del fuego sobre las formas naturales y los dibujos componían el elemento ritual de la vida misma. La convergencia a ese lugar donde el tiempo y el espacio se hacían uno solo, donde el ritmo de los relatos hacía gala del reflejo latente de los símbolos ceremoniales donde todo se unifica, tiempo y espacio. Relato mismo tan perfectamente inmortalizado en ‘Cave of Forgotten Dreams’ (2010), el de los primeros en dibujar con la luz, los primeros cineastas.

Lo sucedido en los últimos días en la industria del cine no deja de ser llamativo ¿Qué nos puede dejar la gran sorpresa del domingo? No hablo de la superflua repercusión de 125 caracteres o de centenares de memes. Lo que despertó el tragicómico episodio de los pasados premios de la Academia: donde las dos favoritas se encontraban frente a frente, ambas a la vez perfilándose como una declaración de principios sobre el mismo cine. La humilde ganadora hace gala de más que una estatuilla; pareciera llevar el estandarte de una nueva era, una nueva forma de hacer cine. En la última estatuilla que tradicionalmente se da a mejor película, un enredo, de esos que ni la mejor organización puede escapar, esos hechos paradigmáticos que parecieran decir “aquí yace el caos siempre presente, nada puede evitarme”. Las inolvidables caras de sorpresas por el extraño error, pero por sobre todo la sorpresa misma del flamante ganador, dejarán huella en el devenir de la industria hacia un nuevo despertar.

Es que mi problema con ‘La La Land’ es también un problema con la pretenciosa tendencia de la academia a premiar cualquier retrato de sí misma. Así como pasó con ‘The Artist’ (2011), así pasó con ‘Argo’ (2012) y también se repitió en el caso de ‘Birdman’ (2014). Para pesar de muchos, eclipsa en muchas ocasiones a meritorias ganadoras del premio a la sinceridad, ese criterio que tantos creen sólo pertenece a la academia delimitar; ejemplifico con ‘Amour’ (2012) de Michael Haneke, con ‘The Master’ (2012) de Paul Thomas Anderson y también con ‘The Tree of Life’ (2011) de Terrence Malick.

"La La Land" (2016) de Damien Chazelle

“La La Land” (2016) de Damien Chazelle

Entonces ¿Cuál es el criterio correcto para definir la mejor película?: Ninguno, sino un concepto más que abstracto, subjetivo relativo como todo en este nuevo siglo que no alcanzamos a conocer ni en un diezmo. Lo que sí es seguro es que los premios de la Academia son un estándar, un referente directo, y díganme si peco de equivocarme: La gloriosa ganadora ‘Moonlight’ tuvo que esperar hacerse del trofeo para recién adquirir el grado de atención necesaria y adelantar su estreno en un país como el nuestro. Cuando es gracioso pensarlo, pero ha ganado en casi -y no peco de exagerado- todos los festivales en los que ha participado.

Entonces, ¿Qué nos dejó esta última edición de los Oscars? Lo acontecido en los Oscars y en sus primos hermanos, los Globos de Oro, ha sido notable, un giro radical que ya se venía perfilando con ese enamoramiento engorroso y paulatino que ha llevado la industria (o se ha visto en la necesidad de llevar) con el cine independiente, el de las historias y no de las estrellas.

Claro que ‘La La Land’ se podía llevar todos los premios técnicos incluyendo el de mejor director, y posiblemente los merecía, casi tanto como se merece el premio del goleador el que encaja más goles; pero entre Maradona y Messi hay diferencias y cualquiera que haya visto algo de fútbol en su vida lo ha de reconocer. La pasión que se refleja forja el carácter, esa misma pasión del futbolista genio es lo que tiene ‘Moonlight’, la fuerza de ser una declaración de principios y no una alegoría a Los Ángeles, la ciudad de los sueños, Los Ángeles donde las personas se hacen estrellas, donde todos trascienden y se escriben sus nombre en los paseos de la fama.

"Moonlight" (2016) de Barry Jenkins

“Moonlight” (2016) de Barry Jenkins

¿Pero es eso el cine? Lleguemos a un consenso: el cine es industria desde su nacimiento, “desde que surge la fotografía el arte ya no es arte”, como escribió Walter Benjamin, el arte pasa a ser un mero objeto del capital, un bien de intercambio. La cámara lo es todo, como lo fue el fuego para el humano prehistórico, la luz y su reflejo en la cavernas. El cine es industria, el cine es mercado. El cine es un reflejo de lo que es el arte hoy en día, pero enfrentémoslo, el cine está cambiando (al igual que todo), y lleva cambiando desde su origen. Como ese epígrafe con el que inicia la poética del cine de Raúl Ruiz, en el que cita a Edgar Wind: “¿Qué es un símbolo? Decir una cosa y significar otra. ¿Por qué no decirlo directamente? Por la simple razón de que ciertos fenómenos tienden a disolverse si nos acercamos a ellos sin ceremonia”. Ese carácter ceremonial al que nunca ha podido renunciar, pese a los avances tecnológicos, pese a los servicios de streaming, seguimos sintiendo esa diferencia dentro la sala de cine, seguimos extrañando el celuloide, seguimos disfrutando menos si tenemos todas las distracciones que la comodidad del hogar entrega. El espacio del cine va a seguir siendo el ceremonial y el cine su lugar de celebración.

Podemos darnos hoy el lujo de ver, con nuestros propios ojos, cómo esta masiva estructura está mutando. ‘Moonlight’ es la película más barata en ganar un Oscar, con 1,5 millones de dólares. No es aún un presupuesto abordable para alguien común y corriente, pero es un giro notable si miramos que al frente tenía a ‘Hacksaw Ridge’ de Mel Gibson con un presupuesto de 40 millones de dólares o ‘La La Land’ con 20 de la moneda americana.

Claro es que este dispar giro hacia las películas independientes aún no es tendencia, es cosa de ver a Damien Chazelle haciendo ‘La La Land’ luego de ‘Whiplash’ (2014), haciendo gala de un gran ejercicio técnico en la primera, pero como se dice en jerga de pelotero, mojando la camiseta (literalmente) en la segunda.

"Hacksaw Ridge" (2016) de Mel Gibson

“Hacksaw Ridge” (2016) de Mel Gibson

¿En qué gano ‘Moonlight’? Pasión, pasión con la que se inscribe cada uno de los planos. En otras palabras, con poco se hizo muchísimo. Desde inmortalizar un gueto de Miami como un lugar adorable, hasta cada una de las pequeñas abstracciones que entrelazaron ese discurso; los planos de la cocina, los juegos infantiles. Eso es poética del que dibuja con la luz como Barry Jenkins lo sabe hacer. ‘Moonlight’ además hace gala de actuaciones formidables. No hay más de diez escenas por actor y se hace tan natural entender la realidad, esa realidad que se enmarca en un espacio geográfico, en una forma de vida, en decisiones, personas y la búsqueda misma de la identidad, porque ‘Moonlight’, ojo, es una película sobre la identidad, y no sobre la homosexualidad.

Será que al fin nos estamos enfocando en las historias y no en los sueños. Claro, ‘Fantasy’ (1940) de Disney es un maravilloso sueño, pero es un ritual sincero, imagen tiempo, pero cuando hablo de sueño apunto al del cine de Hollywood, el mismo que relata Chazelle en ‘La La Land’, el de la trascendencia. Ese estereotipo del sueño que también arrastra un discurso, el final feliz, la pareja correcta, incluso los personajes blancos y bellos; después con el tiempo, el amor incompleto, la muerte heroica. Son todos clichés del cine del conflicto central; no desaparece, sólo varía.

Hace 30 años atrás, un final triste no era concebible para las love story. Hoy parece que un final feliz no sirve para convencer al hambriento público que ya está agotado de Adam Sandler quedándose con la protagonista. Es oferta y demanda. ‘La La Land’ no sería lo que es de no tener ese final de ‘Casablanca’. Es sólo una adaptación, el poseedor de esa doctrina del shock que tanto tiempo lleva el arte siguiendo como un dinamismo uniforme, una lógica material. ‘La La Land’ no es sobre el ejercicio mismo de hacer cine, no es sobre la composición, el ritmo, el color, la música y los personajes (aunque vislumbra calidad): es sobre la industria.

"Casablanca" (1942) de Michael Curtiz

“Casablanca” (1942) de Michael Curtiz

Lo que hoy me dispongo a celebrar es un giro hacia el pasado. Los premios de la Academia son un referente, quizás el más políticamente influyente del mundo del cine. Así es como hoy nos levantamos en un mundo donde ‘Moonlight’ es su elegida. Posiblemente no es la mejor película del año, o citando a Bolaño: “¿No podría suceder en los mapas celestes, al igual que en los de la Tierra, que estén indicadas las estrellas-ciudades y omitidas las estrellas-pueblos?”.

Quién sabe qué maravillas nos oculta el cine este 2017. Qué relatos, qué historias están ocultas y aún no se han de premiar. Por eso ‘Moonlight’ ganó. El cine es volver un paso hacía atrás, es sobre desenterrar esas historias. Ya no se trata del presupuesto, menos de los efectos especiales. Hoy con el apogeo de la técnica es paradigmático pero no menos lógico ver un despertar espiritual sobre el cine. El ritual no se ha olvidado ni menos las estrellas, sólo que ahora las estrellas estarán en las historias y no afuera de ellas. El cine del ritmo, del reflejo en las cavernas, el cine ceremonial.

——————————————————————————————————————————————————–





Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *