CRÍTICA: “Fences” (2016) de Denzel Washington, el arca de Troy Maxson

Fences

Pittsburg, años 50. Troy Maxson es un un trabajador del sistema de alcantarillado que en su juventud soñó con una carrera como profesional del béisbol. Su sueño se torció porque la primera división del béisbol no admitía jugadores negros, y cuando empezó a admitirlos, Troy ya era demasiado mayor para poder dedicarse a este deporte. Ahora se tiene que conformar con una vida humilde y, aunque se esfuerza por ser un buen marido y padre, su sueño truncado de gloria le corroe, y le lleva a adoptar una decisión que amenaza con destrozar a su familia.

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Cuando el famoso dramaturgo estadounidense August Wilson muere en 2005, su deseo de que un afroamericano llevara al cine la obra de teatro que tantas satisfacciones le había dado, parecía aún lejano. Once años después, Denzel Washington se hace responsable del encargo, convirtiendo ‘Fences’, basada en la obra homónima, en su tercera película como director.

En términos más bien estrictos, la historia gira exclusivamente alrededor de Troy Maxson (Denzel Washington), quién trabaja como recolector de basura en Pittsburg, después de ver frustrada sus posibilidades como jugador profesional de beisbol. En un sentido más amplio, ‘Fences’ se extiende a su mujer Rose (interpretada por la fantástica Viola Davis), al complejo entramado familiar que incluye a su hermano Gabe (Mykelti Williamson), sus hijos Cory y Lyons, y su mejor amigo Jim Bono (Stephen Henderson). Todos ellos, circulando en torno a la omnipresente y ruidosa figura de Troy, terminan por conformar el retrato de una familia afroamericana en la Norteamérica de la década del 50.

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Ya desde la primera secuencia que abre el film, entenderemos que ‘Fences’ no es la simple puesta en pantalla de una obra de teatro como bien podría suponerse, sino que, por el contrario, es una trabajada traducción de la obra, con la obligada reescritura de algunas de sus escenas al lenguaje cinematográfico, cosa que en algunas películas de este tipo, suele ser lamentablemente obviada. Es decir, si bien hay una inevitable atmósfera teatral, con grandes monólogos y personajes que hablan casi siempre sin interrumpirse y por turnos, con largas y significativas oraciones de dicción cuasi poética, el metraje trabaja también el espacio audiovisual junto con una efectiva y precisa composición de planos. No hay una aleatoriedad en los cuadros, y se nota que cada composición refleja una decisión no sólo estética, sino también discursiva. Un claro ejemplo de esto es la forma en la cual la relación entre Troy y su hijo Cory es reflejada: pocas veces están los dos juntos en cuadro, pero cuando lo están, el ángulo de la cámara nunca se mantiene neutral, y acompaña continuamente la tensión del diálogo reforzando su potencia emocional. Es así como, cuando Cory decide por primera vez enfrentar a su padre, también por primera vez su figura se verá agigantada respecto a la de Troy, que quedará por un momento agazapado a un costado de la escena.

Detalles como éste son constantes en la película, y permitirán que suceda algo interesante y necesario en cualquier cinta: conforme el relato se desarrolle, será cada vez más difícil desprenderse de la historia. Todos y cada uno de los conflictos desplegados por los personajes secundarios, nacen a partir de Troy y crecen a través de él. En este sentido, la labor de Denzel Washington es muy importante, ya que logra el registro adecuado para que su personaje genere algún que otro momento de empatía, en medio del desprecio general que por él se siente. Poco se puede agregar de Viola Davis quién, ya acostumbrada a trabajar en obras de Wilson, carga la pantalla con gran solvencia dramática. Hay que decir, entonces, que esta es una película sostenida por la interpretación más que por otros factores.

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Es importante notar que éste no es un film de silencios. De hecho, la primera media hora de Troy hablando sin parar con la exagerada grandilocuencia con la cual se presenta al mundo, puede ser apabullante para el tipo de público menos acostumbrado a la forma del teatro. Luego de esa primera mitad de hora que representa una gran y completa introducción, la película encontrará un pequeño descanso en el momentáneo punto de vista de Rose en la primera vez que quede sola en pantalla.

‘Fences’ es una película muy interesante, con un soberbio guion, interpretaciones a la altura, y una adaptación al cine no sólo de la obra de teatro sino de la forma, con un correcto manejo del lenguaje cinematográfico, secuencias elegantes y de gran potencia visual, sumado a una historia emocionante, que atrapa y moviliza. Definitivamente, vale la pena verla.

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8-stars
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Ficha Técnica:
EEUU, 2016, 139 min.
Título Original: “Fences”.
Director: Denzel Washington.
Guion: August Wilson (Obra: August Wilson).
Reparto: Denzel Washington, Viola Davis, Stephen Henderson, Jovan Adepo, Mykelti Williamson, Russell Hornsby, Saniyya Sidney.


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