ZOOM IN: Tom Ford y el género del terror

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Tom Ford como director de cine es todo lo elegante y pulcro que se pueden imaginar. El estilo que lo consolidó como diseñador de moda en Gucci no se intimida con la pantalla grande y su gusto se ve, se toca, se respira en el metraje de sus dos cintas, ‘A Single Man’ (2009) y ‘Nocturnal Animals’ (2016). Lo que no era adivinable es que el realizador usara esa prestancia tan natural en él para crear un profundo, complejo, desolador díptico acerca del amor y el terror.

Ford sabe cuán importante es la forma, pero no olvida que esta no es nada sin un contenido. A ratos hasta le duele tener esa claridad. Imagino que hay pocas pocas profesiones que creen más en la importancia de la primera percepción visual que la del diseñador, así que Ford elabora un cine para espectadores, en el sentido más elevado de la expresión, es decir, narra consciente de que es un juego que consta de dos jugadores: emisor y receptor, pantalla y butaca, obra y ojo, tela y tacto. El realizador cuida extremadamente cada detalle de la puesta en escena; es decir, toma decisiones creativas que salen en busca de una determinada reacción del espectador. Expande o retrotrae la información y visualidad del relato muy consciente del cúmulo de sensaciones/pensamientos/elucubraciones que estas producirán en quien mira y escucha. Tom Ford no cree en la libre interpretación sino que venera el poder del mensaje correcto.

Susan Morrow (Amy Adams) en 'Nocturnal Animals'

Susan Morrow (Amy Adams) en ‘Nocturnal Animals’

No en vano esa compleja dinámica entre subject and viewer es la principal arma de ‘Nocturnal Animals’, su vibrante adaptación al cine de la novela “Tony and Susan” de Austin Wright. Escrita y dirigida por Ford esta es una “relato dentro del relato” que nos muestra a la exitosa galerista Susan Morrow (Amy Adams) leyendo el manuscrito de la novela que le ha enviado Edward (Jake Gyllenhaal), su ex marido y hasta entonces eterno aspirante a escritor. El juego de espejos narrativos que se produce entre libro y lector, entre ficción y la pasada vida en común abre paso a un tema mayor que la conecta con ‘A Single Man’, la película anterior del cineasta: el amor como sinónimo de debilidad.

Edward y Susan cobran vida en ‘Nocturnal Animals’ a través de Amy Adams y Jake Gyllenhaal, ambos actores en un registro invertido desafiante y memorable. Mientras la primera logra que paulatinamente sutiles gestos delaten su combustión interna, el trabajo del segundo va desde el desplome físico hasta el desgarro interior. La historia de Edward y Susan tiene tintes de thriller, de sátira, está rodeada -muy a propósito- de ciertos clichés y estereotipos para reforzar la idea de patetismo y vacío, pero nunca deja de ser la historia de una abrupta ruptura sentimental. Edward y Susan no son realmente diferentes a George (Colin Firth) y Jim (Matthew Goode), la pareja que un accidente de tránsito mortal separa desde el minuto uno en la estilizada ‘A Single Man’. Allí, sin temerle a la cursilería de la metáfora, Tom Ford adapta la novela de Christopher Isherwood, presentando a un protagonista cuyo duelo se transforma paulatinamente en una dolencia al corazón. Sienta al espectador a ver a un impecable Colin Firth recordar momentos de la vida que compartió con su amor como si fueran páginas sueltas de un libro en busca de un final a la altura de su grandeza. Y en el camino de dicha agonía verlo capturar con la mirada trozos del entorno que compone su nueva y solitaria realidad, porque como dice Nicholas Hoult en una de las mejores escenas del film, “Sólo podemos percibir el mundo exterior a través de nuestra percepción distorsionada del mismo”.

Jon Kortajarena (Carlos) y Colin Firth (George) en 'A Single Man'

Jon Kortajarena (Carlos) y Colin Firth (George) en ‘A Single Man’

Tanto ‘Nocturnal Animals’ como ‘A Single Man’ son películas acerca de la pérdida de la persona que amas y la fragilidad que aquello supone, y las dos usan eventos externos como símbolos de procesos mentales. El accidente automóvil está en la trama de la opera prima del diseñador, no como una simple crueldad del destino sino que para gatillar una tesis acerca del amor, la muerte y el futuro como sustantivos interconectados y corrosivos entre sí. En su segundo filme, la novela que Edward le envía a su ex mujer es un thriller no porque el autor quiera explorar el género sino que porque este ofrece una inmejorable oportunidad de equivaler el terror, la ansiedad, la (des)confianza que se siente durante un secuestro carretero con la crisis que tiene el protagonista con lo que socialmente se entiende por fortaleza y masculinidad. Tanto el policía local como los secuestradores son para Tom Ford, nacido y criado en Texas, simples representaciones de los temores, contradicciones y culpabilidades que un hombre de familia promedio atraviesa en su yo interior.

Ambas películas tratan sobre el miedo a las minorías. “Hay minorías de todo tipo. Una minoría se constituye como tal cuando se cree que es una amenaza (real o imaginaria) para la mayoría y allí reside el miedo. Si está minoría es de algún modo invisible, el miedo es mayor. Ese miedo es el por qué las minorías son perseguidas”, le enseña George a un atento alumnado en ‘A Single Man’. Pero mientras allí esta cita refiere a los gay en los inicios de los años sesenta, ‘Nocturnal Animals’ configura un universo contemporáneo en que la minoría son los individuos auténticos que se arriesgan a ser felices. Seres que a la larga son avasallados por un enemigo silente y poderoso llamado ambición de poder. Tom Ford como cineasta cree en un mundo gobernado por el arribismo y la falsedad, en el cual los atisbos de justicia y honestidad sólo llegan de manos de quien ya no tiene nada más que perder.

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Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal) en ‘Nocturnal Animals’

Se le ha criticado a ‘Nocturnal Animals’ su exceso de ambición, pero pienso que ese es precisamente el punto. Tom Ford dirige a propósito una ambiciosa y (a ratos) excesiva cinta que invita a despreciar el exceso de ambición. Se le ha criticado también cierta estilización de situaciones violentas, pero es importante recordar que el espectador ve la historia a través de los ojos de la protagonista, de la misma manera que el director seguramente proyectó sus pensamientos mientras leía la novela que adaptó. En este juego de perspectivas, en esa compleja dinámica entre subject and viewer, Tom Ford muestra un mundo resignado y agónico.

Expone en su galería a una Susan Morrow impecablemente vestida para que el espectador concluya que su decadencia es más grotesca que los obesos cuerpos desnudos que acompañan la secuencia de créditos inicial. Expone a un desquiciado psicópata para que el espectador sepa que así se sienten ciertos demonios internos que le impiden a un ser humano avanzar. Expone -en una brillantemente filmada escena final- a Susan Morrow tomando whisky para que el espectador recuerde que no hay nada más aterrador que esperar.

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