ZOOM IN: La perspectiva de Joachim Trier

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“Aquí empieza todo” dice el personaje principal y, junto a su mejor amigo, deposita los manuscritos de sus respectivas novelas en el buzón. Es la promesa de un viaje, la esperanza de una carrera artística, la trayectoria de un aprendizaje. La frase es también parte de la secuencia inicial de ‘Reprise’ (2006), la ópera prima del fascinante cineasta noruego Joachim Trier. Al presente de ambos le antecede un montaje de imágenes de su futuro relatado por un narrador omnisciente que considera a los jóvenes piezas de un mundo creado a voluntad del artífice. Un universo que mezcla amistad masculina, romances obsesivos, ambición literaria e identidad.

‘Reprise’ cuenta con un guión del mismo Trier junto a su habitual colaborador Eskil Vogt y es tanto un certero retrato generacional como un inteligente ejercicio narrativo. ‘Reprise’ trata sobre el inevitable desgaste de los sentimientos, el desencanto y la imposibilidad de revivir cualquier primaria emoción. La narración juega con la perspectiva intercalando la realidad con una serie de escenarios posibles, para así, hablar de una juventud que se mueve entre el éxito y la frustración, entre lo que fue y lo que debería haber sido, entre lo propio y la influencia.

"Reprise" (2006)

Anders Danielsen Lie en «Reprise» (2006)

Joachim Trier es un cineasta ultra consciente del poder del encuadre, por lo que es difícil no reconocer algo de él en Conrad (Devin Druid), el protagonista oculto de ‘Louder Than Bombs’ (2015), aquel adolescente introvertido que en su niñez aprendió de su madre -una prestigiosa fotógrafa de guerra- cuánto cambia una foto si le cortas una parte. ‘Louder Than Bombs’ es una oda al enfoque, pero sin hacer alardes estilísticos de ello, sino simplemente asumiendo que la historia es diferente si modificas el punto de vista. La película cuenta cómo el mencionado Conrad, su hermano mayor (Jesse Eisenberg) y su padre (Gabriel Byrne) lidian con el legado profesional/personal de Isabelle, su fallecida madre y esposa (interpretada en flashbacks por nada más y nada menos que Isabelle Huppert), pero este no es otro largometraje más acerca del duelo.

‘Louder Than Bombs’ trata sobre la figura paterna y la manera masculina de relacionarse con el dolor: la dificultad de comunicarse, la necesidad de evadirse y la constante repetición de un “estoy bien /estaré bien” que se demora en significar. Trier nos introduce al espacio físico y mental de estos tres personajes a través de sueños, flashbacks y voces en off que se mezclan con su deambular por las habitaciones de la casa familiar que, entremedio de negativos maternos y fotografías sin publicar, representan distintos espacios de la memoria. Con sutileza, la cámara se pone al servicio de sus subjetividades sin preocuparse por jerarquizar temas ni enviar un mensaje inequívoco sobre quienes son ellos realmente. El montaje, a cargo de Olivier Bugge Coutté, entiende que la atención del espectador contemporáneo está fragmentada y lo usa a su favor, enfatizando la hipertextualidad del relato, convencido de que la identidad de una persona es heterogénea y está compuesta de lo que escribe, de lo que oye, de lo que envía a la papelera, de lo que elige recordar…

Gabriel Byrne y Devin Druid en "Louder Than Bombs" (2015)

Gabriel Byrne y Devin Druid en «Louder Than Bombs» (2015)

El cineasta noruego filma un drama contenido en el que predominan los close ups y two-shots como un claro intento por capturar la verdad proveniente de la imagen. En un momento clave de la trama, hay un sostenido primer plano a las facciones de Isabelle Huppert del que Bergman estaría orgulloso, mientras que las conversaciones más relevantes entre los miembros de la familia las registra por medio de sensibles two-shots (dos personajes en un mismo cuadro) como una forma de mostrar sus reacciones e introducirse en el espacio de lo no dicho, evidenciar su importancia. Lo no dicho es piedra angular de su cine, puesto que aunque suene contradictorio, Joachim Trier es un formalista dedicado a retratar la vida interior de sus personajes, y en su filmografía, las zonas de guerra son mentales y las dudas existenciales, armas que actúan a dos bandos. La mayor fortaleza del realizador es la balanceada relación entre forma y contenido, vértigo y calma, cultura pop e intelectualidad, que sus películas ofrecen.

Toda la magnitud y sobriedad de dicho talento se puede constatar en ‘Oslo, 31. August’ (2011), un devastador e imperdible largometraje acerca de Anders (Anders Danielsen Lie), un drogadicto en rehabilitación que tras diez meses limpio, vuelve a su ciudad para una entrevista de trabajo y reencontrarse con amigos, parientes y su pasado. Aquí son las calles de Oslo los que equivalen a los entresijos de la memoria y la soledad. La ciudad presta sus avenidas y rincones para que, con tenue pulcritud, el cineasta filme el sin sentido en el que está inmerso su protagonista. Basada en la novela “El fuego fatuo” de Pierre Drieu la Rochelle, ‘Oslo, 31. August’ es una película profunda y dolorosa que evidencia la desafiliación del sujeto con lo que lo que rodea, sin desbordes ni melodramas, sino que haciendo sentir un tic tac punzante, interno e irreversible. Dicha fluidez narrativa se ve reforzada por la opción de convocar actores no profesionales y dejar margen a la improvisación.

Anders Danielsen Lie en "Oslo, 31. August" (2011)

Anders Danielsen Lie en «Oslo, 31. August» (2011)

Alumno aventajado de los grandes cineastas que han sabido retratar la belleza de la desolación, Joachim Trier filma la depresión, el extrañamiento, el vacío, con extrema naturalidad, sintiéndoles inherentes al ser humano y exhibiéndoles como signos de los tiempos que se viven. Sus protagonistas son individuos atrapados en una disconformidad que no comprenden del todo y que amenaza con consumirlos. La secuencia en que Anders, sentado en una cafetería, escucha las conversaciones animadas, absurdas o cotidianas de la gente de las otras mesas (especialmente a una chica que lee una lista de cosas que le gustaría hacer antes de morir) es un gran ejemplo del poder del lenguaje cinematográfico y una lección acerca del uso del sonido como significante esencial. Pocas veces la incapacidad de sentirse vivo se ha retratado mejor.

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‘Reprise’ (2006)

‘Louder Than Bombs’ (2015)

‘Oslo, 31. August’ (2011)

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