ZOOM IN: La clase de Julia Hart

borde-altojulia-hart‘Miss Stevens’, la primera película tras las cámaras de la guionista de ‘The Keeping Room’ (2014), Julia Hart, es una road movie que sigue el viaje en carretera de una joven profesora con tres de sus alumnos a un concurso interescolar de actuación. Y el estereotipo que predefine a los adolescentes en tránsito (el gay amigable, la estudiosa no-tan-perfecta, el chico “problemático” sensible) es el único lugar común de un debut prometedor que sabe ser sensible sin volverse sensiblero.

Julia Hart -quien además escribió el guión junto a su marido (y productor cinematográfico) Jordan Horowitz– reconoce la influencia de cintas como ‘Little Miss Sunshine’ (2006) y elabora sobre ruedas una balanceada dramedia acerca de alumnos que saben demasiado y profesores que aún les queda mucho por aprender. La soberbia actuación de Lily Rabe (‘American Horror Story’) dota a la protagonista de una humanidad entrañable, a través de sutiles elecciones estéticas sabe mostrarse frágil, divertida, inteligente, extraviada y honesta al mismo tiempo. Actriz y directora optan por una economía visual que demuestra que menos es más cuando se trata de transmitir emociones y lograr que el filme se mueva, sin esfuerzo, desde la clásica historia de aprendizaje hasta un íntimo y delicado estudio de personaje.

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La acción transcurre en lugares de transitoriedad o no lugares (autopista, baño público, hotel, pasillos, salas…), sin embargo, la cámara no tiene apuro ni divaga: obliga a sus actores a moverse dentro un plano general cuyo marco denota la sensación de encierro que define a sus personajes internamente, o bien, se queda con ellos hasta que un zoom delate algún dilema mayor. Esa contradicción entre el ritmo espacial y narrativo, sumado al hecho de que los protagonistas conecten entre sí en sitios que son íconos de la impersonalidad, la disgregación y lo superfluo, es una de las fortalezas del filme. Con extrema elegancia y pequeños simbolismos, Hart y su pequeña compañía de actores construyen un relato que homenajea a la experiencia como método de enseñanza y entiende al colegio como una institución atrapante y estigmatizadora. Aquí se cree que el mundo exterior es la real sala de clase y el teatro el lugar donde se asoma la verdad. Paradójicamente, los alumnos que viajan junto a Rachel Stevens (Lily Rabe) actúan, se medican, fingen en su vida diaria, sin embargo se permiten ser ellos mismos durante un concurso de actuación.

Esta es una pequeña gran película acerca del rol que cada uno, voluntaria o involuntariamente, cumple como parte de un todo, sin dejar de cuestionarse en qué medida este rol es una carga, un dolor interno o una fuente de satisfacción.

Es también una película acerca de luces rojas de advertencia que parpadean constantemente sin que nadie las tome en cuenta y luces verdes llenas de significado que se tardan demasiado en aparecer. Va de frenos y desahogo, de botellitas de mini-bar y ataques de risa fugaces, de pasillos solitarios y saltos encima de una cama de hotel.

Pero ‘Miss Stevens’ es, sobre todo, la historia de una mujer atrapada en una tristeza que no la deja avanzar. Los no lugares en que transcurre la trama son metáforas de un limbo emocional ubicado entre la madurez y la inocencia, el blanco y el negro, el saber y dudar. Hart se mueve cómoda en los grises, no prejuzga, no moraliza, no alecciona. Quiere a sus personajes y los muestra en compartimentos o puntos de fuga, los toma en un lugar de su existencia y los deja en otro, esperando que en algún punto conecten con el espectador. Como la vida, ‘Miss Stevens’ es una historia narrada entre puntos suspensivos, que no distingue entre comienzo y final.


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