CRÍTICA: “Aquí no ha pasado nada” (2016) de Alejandro Fernández Almendras, el poder de unos pocos

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Basada en hechos reales, “Aquí no ha pasado nada” cuenta la historia de Vicente, un joven adinerado que pasa el verano en la casa de playa de sus padres. Pero una noche de alcohol cambia su vida para siempre, cuando es acusado de atropellar a un pescador de la zona, matarlo y luego fugarse sin prestarle ayuda. Sólo recuerda que él no iba manejando, pero el grupo que lo acompañaba, encabezado por el hijo de un poderoso político chileno, tiene otra versión de los hechos.

Dirigida por Alejandro Fernández Almendras (‘Huacho’, ‘Matar a un Hombre’), la película se hizo conocida cuando no fue apoyada por fondos estatales para su realización, y comenzó a levantar dinero a través de la modalidad crowdfunding. El llamado era a financiar una película basada en el caso de Martín Larraín, hijo del senador chileno de RN que atropelló y causó la muerte de un peatón, para luego quedar en libertad. Esto generó impacto y curiosidad en la opinión pública, pues no cualquiera se atreve a evidenciar, aunque sea a través de la ficción, la falta de rigurosidad en un caso que atañe a los más poderosos de nuestro país.

Pero el largometraje va más allá en la construcción del relato, y consigue hacer del mismo uno universal. Sobrepasando la mera formulación de una condena a un hecho repudiable, la película está construida sin aferrarse a un juicio de valor establecido, narrando los ocurrido desde una arista determinada, pero dejando que el espectador saque sus propias conclusiones.

Es en ese punto donde la toma de decisiones por parte del director cobra relevancia. El protagonista no es el hijo del senador, sino uno de los amigos que iba con él. La película está narrada a través de Vicente (Agustín Silva), un joven de clase acomodada, cuya única preocupación es ir a la playa y pasarlo bien. Conoce a un par de amigas, lo invitan a una fiesta, se besa con ambas, roba fuegos artificiales, lo van a dejar a la casa, duerme y despierta con el ruido de golpes en la puerta de su hogar. Aún está ebrio, y a medida que va pasando su borrachera entiende que anoche, mientras iban camino a otra fiesta, atropellaron a un peatón causándole la muerte.

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Vicente, dentro del retrato de una sociedad poderosa, representa al grupo de los no tan poderosos, que a pesar de pertenecer a la élite, no dan las órdenes pero sí obedecen. El joven se convierte en la pieza clave del encubrimiento del crimen, será quien reciba las “balas”, pero en definitivas cuentas, nada malo le pasará.

‘Aquí no ha pasado nada’ está compuesta por varias partes, diferenciadas entre sí sólo por el uso de ciertos elementos cinematográficos. La presentación de Vicente se desarrolla a través de un seguimiento de cámara, dónde no vemos detalles de su persona pero sí el entorno en el cual vive: una casa grande, una vida acomodada y una asesora del hogar que llega con las cervezas que en breve se tomará en la playa, entre otras.

Luego viene el desenfreno, donde una cámara en mano y desordenada captura la esencia de una fiesta, que busca mostrar la superficialidad y la falta de conciencia de un grupo de jóvenes pertenecientes a la élite chilena. La empatía con este escenario frívolo se logra a través de la utilización de primeros planos, consiguiendo cierta cercanía con los personajes, hasta el punto de generar hilaridad como resultado de liviandad y estupidez. Pero este simulacro de empatía termina cuando ocurre el atropello y la cámara toma distancia. Ahí está Vicente, solo, sentado en el auto, mientras sus amigos se bajan a ver lo que pasó. Los jóvenes vuelven, hacen partir el auto y arrancan rápidamente.

Desde ese momento y hasta el final del relato el encuadre se vuelve más objetivo, menos íntimo y más correcto. Forma y fondo se conjugan para armar un escenario frío y distante, donde matar a un hombre no es relevante, donde la vida sigue igual a pesar de que hay que resolver un pequeño problema.

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Otro elemento notable pasa por la construcción de los personajes, jóvenes desinteresados a los que pareciese no importarles nada pues sus padres se han encargado de enseñarles que ellos son los dueños y que nada les puede pasar. La película está llena de detalles y guiños a la alta sociedad de nuestro país, como por ejemplo, el hecho de que todos se conozcan, que sus padres trabajen juntos, que vayan a los mismos colegios y que incluso sean primos sin saberlo de antemano.

‘Aquí no ha pasado nada’ es una película necesaria e inteligente, que propone una reflexión sobre la realidad que demuestra como los poderosos siempre ganan y van echando tierra a sus errores para mantener una hoja de vida impecable. Apegada a la iglesia y a las buenas costumbres, la élite mantiene las apariencias construyendo un mundo irreal favorable exclusivamente a ellos, donde la vuelta de favores y el chantaje puede corromper incluso al más incorruptible. De esta manera, se narra un universo en el que todo está bien, donde realmente nada ocurre, y donde las consecuencias de esa nada tampoco tendrán repercusiones.

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Ficha Técnica:
Chile, 2016, 105 min.
Título Original: “Aquí no ha pasado nada”.
Director: Alejandro Fernández Almendras.
Guion: Alejandro Fernández Almendras y Jerónimo Rodríguez.
Reparto: Agustín Silva, Li Fridman, Paulina García, Luis Gnecco, Alejandro Goic, Daniel Muñoz, Augusto Schuster, Daniel Alcaíno, Isabella Costa, Samuel Vicuña, Geraldine Neary.

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