ZOOM IN: La tristeza feliz de John Carney

John Carney

Mark Ruffalo y Keira Knightley deciden que deben ir a bailar. Corren de la mano por las calles de New York y encuentran el sitio indicado, pero no se mueven al ritmo de la música del lugar sino al que sale de los auriculares del celular que llevan consigo. Una entrada con dos salidas les permite compartir la melodía, ese sonido que aman, aquel que permite convertir hasta el hecho más cotidiano en un momento especial. Los actores interpretan a Dan y Gretta, (productor musical en crisis y aspirante a cantante con el corazón roto, respectivamente), dos “estrellas solitarias” que cruzan sus historias en una noche de acordes, desencanto y alcohol en un bar. Pero la escena de ‘Begin Again’ (2013) resume de gran manera el espíritu de toda la pequeña e impecable filmografía “musical” del guionista y director John Carney: conexión entre hombre y mujer, música propia y la necesidad de (volver a) empezar. Tres pilares temáticos que lo convierten en un realizador efectivo y querible cuyo trabajo está ahí para ser reproducido cuando el silencio se vuelve aterrador.

Por tres años fue bajista de la banda irlandesa The Frames y comenzó a especializarse en esta suerte de musicales modernos con ‘On the Edge’ (2001), una especie de versión irlandesa y masculina de ‘Girl, Interrupted’ (1999), producida por el gran cineasta Jim Sheridan y en la que Jonathan -tras enterrar a su padre y un intento de suicidio- es internado en un centro de rehabilitación. Allí conectará con Rachel y Toby, otros chicos marcados por tragedias familiares, y se moverá entre lo que él define como «no tener ganas de vivir ni de morir». Este es un relato acerca de sobrevivir a la pérdida en un sentido metafórico y literal, doloroso y entrañable en su simpleza. Pero no refiere sólo a aprender a lidiar con el vacío que deja la muerte, sino también a saber dimensionar el peso y el tamaño de la huella que las personas que ya no están dejan sobre cada quien. Si bien es un filme en el cual la música es extradiegética, la selección del soundtrack es lo suficientemente cuidada y el volumen lo suficientemente alto como para asegurar que el director articula la historia a partir de la sonoridad que acompaña a los personajes en su camino.

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«On the Edge» (2001)

‘On the Edge’ (2001), ‘Once’ (2007), ‘Begin Again’ (2013) y ‘Sing Street’ (2016) tratan acerca de la familia más de lo que aparentan. Son películas que tocan el tema de manera sufrida, irónica, seria, emotiva y esperanzadora, sin dejar que uno de estos adjetivos se anulen entre sí. Cintas en que la familia es un ente que ata y desata lazos invisibles pero férreos. En ‘Once’, el padre es quien enseña un oficio para luego dejar que su hijo viaje y siga su propia vocación, mientras que la madre de la protagonista es sinónimo de asentamiento y hogar: una razón para quedarse. En ‘Begin Again’, la paternidad es un vínculo tardío que reaparece a través de la música entendida como herencia y medio de aprendizaje, mientras que en ‘Sing Street’ , los padres representan ese “extraño tipo de amor” que restringe y que los hijos deben dejar atrás para crecer.

‘Sing Street’, la más reciente película del irlandés, está dedicada “a todos los hermanos” y no es sólo un gesto extra fílmico o una alusión hippie a una comunidad músico-espiritual. Jack Reynor (‘Macbeth’) está soberbio encarnando a Brendan, el hermano del chico que conoce a una chica y decide formar una banda para impresionarla. Brendan es el mentor musical-moral del protagonista y es más que un buen personaje secundario, pues lleva consigo la carga emocional de la cinta: su arco argumental toca el tema de las oportunidades perdidas, la diferencia entre ser y hacer, la necesidad de arriesgar para ser auténtico y conseguir aquello que sueñas.

"Sing Street" (2016)

«Sing Street» (2016)

John Carney dice que le gusta hacer filmes con argumentos resumibles en una o dos líneas, y en realidad, toda su filmografía musical trata -como esa canción escrita en un pequeño papel por Brendan en ‘Sing Street’– sobre un chico, una chica y el futuro. Sus personajes son individuos con la mirada puesta en el aeropuerto, pensando en irse a aquel lugar que les permita ser (o volver a ser) quienes realmente son. Puede ser Londres o Nueva York, aquella tierra de sueños que se engrandece al lado de la imagen de un Dublín opaco, autoritario, básico y circular. Suele escribir sobre sujetos con el corazón roto y encerrados en una rutina económica-social que no han elegido, como es el caso de Guy (Glen Hansard) and Girl (Markéta Irglová), los protagonistas de ‘Once’, esa pequeña gran película acerca de conocerse, acompañarse, escucharse y crear. En ella, el amor se consuma a través de la colaboración musical y el futuro está representado por un pasaje de avión y, a la vez, por el sonido de un piano que se cuela por la ventana de un hogar en vías de reconstrucción. En el Universo Carney, amar es sinónimo de crear y un adjetivo no existe sin el otro.

El realizador crea un mundo binario en el que conviven dos tipos de personas: las que tienen el poder de detener las cosas y aquellas capaces de crearlas. Da vida a un entorno sin sutilezas, repleto de sentimientos primarios, armonías sentidas y frases para recordar. Es curioso cómo un cine que desconoce matices logra ser tan encantador y atesorable. Tal vez es como esas melodías que se quedan atrapadas en nuestra mente sin saber exáctamente por qué. Hablan básicamente de amor y desamor, vida y muerte, tristeza y felicidad. No son demasiado originales ni dicen algo que no hayas escuchado antes, sin embargo, se quedan ahí, se repiten. Suenan para decirnos (como Raphina le dijo a Conor en ‘Sing Street’) que el amor es “happy sad” y enseñarnos cuán importante es aprender a ser feliz estando tristes.

‘On the Edge’ (2001)

‘Once’ (2007)

‘Begin Again’ (2013)

‘Sing Street’ (2016)

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