Un amante de la sencillez: A los 76 años fallece el director iraní Abbas Kiarostami

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Abbas Kiarostami, destacado cineasta iraní, murió este lunes 4 de julio a causa de un cáncer gastrointestinal. Tenía 76 años.

La noticia fue entregada por la agencia de noticias “semi oficial” de Irán, ISNA, y luego confirmada por la filmoteca del país musulmán: “Abbas Kiarostami, quien había viajado a Francia por tratamiento, ha muerto”, informaron. El director había llegado hasta París para ponerse a disposición de los médicos, quienes le habían diagnosticado la enfermedad en marzo de este año y que lo habían sometido a una serie de operaciones, la última de ellas en junio.

Ganador de la Palma de Oro en 1997 por ‘A taste of Cherry’ (‘El Sabor de las Cerezas’), su más emblemático filme, Kiarostami comenzó su carrera cinematográfica en 1969 cuando se unió al Centro de Desarrollo Intelectual de Niños y Adultos Jóvenes (KANUN), lugar donde se hizo cargo del departamento de cine a los 29 años. “Se suponía que teníamos que hacer películas que trataran de los problemas de la infancia. Al principio era sólo un trabajo, pero fue la forma de convertirme en artista”, dijo a The Guardian en 2005.

Durante las dos décadas en que trabajó en KANUN, Kiarostami hizo películas de forma continua, incluyendo sus primeros cortometraje (‘The Bread and Alley’, 1970) y largometraje (‘The Report’, 1977), trabajos que denotan una constante en su trabajo y que tiene que ver con la sencillez del relato, el uso del silencio como una poderosa herramienta (“vivimos un mundo polucionado de imágenes”, expresó) y la poesía visual impregnada en cada toma.

Abbas Kiarostami nació el 22 de junio de 1940 en Teherán, Irán, y tras su partida deja alrededor de 40 producciones(incluyendo la “trilogía de Koker”, tres cintas que establecieron su reputación a nivel internacional), a través de las cuales será recordado como una figura fundamental del cine de las últimas tres décadas.

Su filmografía, muy cercana al cine de figuras como Vittorio De Sica, Éric Rohmer y Jacques Tati, se fijará -tal como él- a la tierra que lo vio crecer, pues a diferencia de la mayoría de sus colegas, fue uno de los únicos que decidió quedarse en Irán tras la revolución. “(Soy) un árbol enraizado en la tierra (…) si lo trasladas de un lado a otro, el árbol no dará frutos. Si tuviese que dejar mi país, me pasaría lo mismo que al árbol”, aseguró hace algunos años.


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