CRÍTICA: «Joselito» (2014) de Bárbara Pestan, el día de la procesión

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Joselito y su padre no se miran. Joselito lo atiende, su padre trabaja. Silencio. La historia transcurre en un pueblo aislado de Chiloé donde los cultos religiosos y los habitantes se reconocen entre sí. Allí viven Camilo (José Soza) y Joselito (Cristián Flores), padre e hijo tratarán de continuar su vida juntos, luego de que la esposa y madre, respectivamente, muriera hace muy poco tiempo. 

Señor creador y redentor, dueño del alma.
Te hiciste hombre sujetándote a tantas injurias,
siendo la mayor aquella cruel bofetada
que te dio un soldado con la manopla de hierro.
Tú eres el origen de las virtudes,
con tu humildad permitiste que se rompiese el esmalte de hermosura.
Haz, Maestro celestial, que aprendamos a ser humildes de corazón
para alcanzar el perdón de las culpas.

En 1998, Rubén Millatureo Vargas fue condenado a cadena perpetua por tres horrendos crímenes cometidos en Queilén, comuna del archipiélago de Chiloé, uno de ellos, a uno de los miembros de su pequeña familia. El caso, que fue recreado hace algunos años en la televisión chilena y que impactó a todo un país, hoy llega adaptado a la pantalla grande de la mano de Bárbara Pestan, con ‘Joselito’, su primer largometraje.

Joselito (Cristian Flores) perdió a su madre y vive solo junto a su padre Camilo (José Soza) en Aituy, una fría localidad al sur de Chile. Ninguno de los dos ha superado la muerte de Irma y viven sumidos en una soledad que traspasa las paredes de madera como la humedad. La salud de Camilo se deteriora con el paso de los días, que ven llegar la Fiesta de Santa Rosa, la celebración religiosa anual que convoca a todos los lugareños, donde se le rinde culto al Nazareno. Ese año, ni Joselito (Ito) ni su padre asistirán.

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Cuando el dolor y el abandono llegan de la manera más impensada posible en una familia donde las creencias y el valor de lo divino tienen tanta importancia, el golpe es duro y la pérdida de la fe es irremediable. Camilo no logra perdonar a su Dios que se llevó lo que él más amaba y Joselito, movido por su juventud, intenta encontrar razones, cuestionando su propia fe, extrañando e intentando soportar el dolor que le significa ver a su padre tan irresoluto como degradado. Este es el tono que la directora le otorga a su historia y lo logra con creces, con una puesta en escena opresiva llena de primeros y largos planos que nos sumergen en el dolor de los protagonistas y en el hastío de la rutina que no encuentra sentido.

Entre parajes de una belleza conmovedora, entre la playa y los arrayanes, y en medio de la tranquilidad de una comunidad que vive en torno a la pesca, la tala y la Iglesia de Aituy, está la pequeña casa de Joselito, su padre, y también su madre, que ausente físicamente, está durante todo el metraje presente -como una voz de aliento y regocijo para Ito, como un signo del pasado para el padre que sólo quiere dejar atrás- a través de su ropa y un prendedor que Joselito mantiene junto a él, lo que resulta todo un acierto en el filme, que pone al espectador en una empatía fascinante y dolorosa con el protagonista, aunque de cara a la muerte, la misma que el Nazareno promete redimir año a año, cada 30 de agosto, en una localidad donde la religión y las creencias están muy arraigadas, bajo la lluvia imperiosa que, como lágrimas, inundan la película de una atmósfera depresiva como pocos títulos lo han sabido lograr en la filmografía nacional.

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Tanto Cristian Flores como el aventajado de José Soza (‘El Club’) parecen haber nacido para estos roles, el primero capaz de transmitir su estado, al borde de la patología, con la mínima cantidad de expresiones y diálogos, mientras que Soza nos evoca la desesperanza, el hastío y una depresión ascendente. Ambos, las dos caras de la moneda, aunque con el dolor como factor común, de una humanidad partida en dos a la hora de aceptar la muerte como parte de la vida o vivir esperando una respuesta. Es así como además vemos una convivencia que no dista mucho de la realidad de cientos de familias fragmentadas tras la ausencia de su pilar fundamental, preponderante en núcleos como los que habitan pueblos y localidades del sur de Chile, donde en muchos casos la falta de comunicación, el patriarcado, la dureza del trabajo y la deteriorada calidad de vida hacen que el vivir se convierta en una esforzada responsabilidad.

Si bien existen decisiones por parte de la cinta de poner énfasis en la psicología de sus personajes mediante una insistente cámara en mano y largos primeros planos descriptivos, aunque necesarios par el clímax, pueden terminar por darle un letargo a la película que no juegue a favor de la paciencia del espectador, sin embargo, su corto metraje, su fotografía mínima y sutil, su montaje sobrio y la emocionalidad contenida de principio a fin, hacen de ‘Joselito’ una más que interesante propuesta y el primer paso de una directora que demuestra conocer sus habilidades y ser capaz de contar una historia con un peso dramático importante (a ratos insostenible) sin caer en excesos ni presuntas obviedades que el guión podría ofrecer.

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7-stars
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Ficha Técnica:
Chile, 2014, 64 min.
Título Original: “Joselito”.
Director: Bárbara Pestan.
Guion: Bárbara Pestan y Javiera Véliz.
Reparto: Cristian Flores, José Soza, Francisco Mario, Yolanda Millalonco, Rosa Bahamondes, Leonardo Vargas, Marcos Quintallana, Carlos Negue, Francisco Millalonco, Adrian Millalonco, Úrsula González.

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