CRÍTICA: «Redentor» (2014) de Ernesto Díaz Espinoza, fallida ruta hacia el perdón

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Un ex sicario de un cartel de drogas se transforma en justiciero para pagar sus pecados y encontrar su redención. Todas las mañanas juega a la ruleta rusa para ver si el cielo quiere que siga con vida. Si no muere será una señal sagrada para continuar haciendo el bien y no se detendrá hasta que su revolver le vuele los sesos.

Ernesto Díaz Espinoza es, sin duda, uno de los directores más promisorios del cine de género en Chile. La acción, las artes marciales e incluso el exploitation han sido sus métodos para retratar temas en donde, generalmente, la confrontación entre el bien y el mal determinan el interés de sus personajes. Desde “Kiltro” (2006) pasando por “Mirageman” (2007) hasta “Tráiganme la Cabeza de la Mujer Metralleta” (2012), aunque entre altibajos, paseos entre el western y las mafias latinas, y algunos logros muy bien alcanzados, Díaz Espinoza trazaba una clara curva ascendente en su filmografía, hasta ahora.

Tal como lo indica su título, la cinta gira en torno a Pardo (Marko Zaror), un hombre en busca de su redención después de haber sido el responsable de diversas muertes trabajando para la mafia y particularmente una, que no lo deja dormir por las noches. Pero para dar con el Alacrán (José Luís Mosca), el culpable de su vida pasada, debe primero enfrentar a la banda de Steve Bradock (Noah Segan), un incipiente narcotraficante norteamericano radicado en Chile, y proteger la vida de Antonia (Loreto Aravena) y Agustín (Mauricio Diocares), las únicas dos personas que están de su lado.

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Si bien la premisa no exuda originalidad, el resultado podría haber sido del todo óptimo si la preocupación hubiese sido puesta en la correcta elaboración de un guión inteligente, con el desarrollo de subtramas, o con la explotación de personajes carismáticos y con motivaciones mucho más profundas y verosímiles, sin embargo, “Redentor” carece de todo lo mencionado y se configura simplemente como un relleno para las esperadas escenas de acción y combate cuerpo a cuerpo a las que se enfrenta el protagonista.

Demás está hablar sobre las aptitudes físicas de Zaror y su talento para las artes marciales. Lo ha demostrado a lo largo de su trayectoria (la mayoría a cargo del propio Díaz Espinoza) y para cualquier amante de las luchas callejeras resulta un deleite verlo en acción, sin embargo, su capacidad histriónica llega al punto más bajo en “Redentor”. Si bien su personaje de héroe justiciero que vivió también del otro lado de la línea, debe cargar con todo el peso dramático de la cinta y su personalidad retraída en la búsqueda constante de purgar sus pecados es aceptable desde ese punto de vista, no nos invita en ningún momento a ponernos de su lado. Esto apoyado poderosamente por un guión sin pies ni cabeza, carente de ritmo y de verdaderas emociones.

La sutil e insignificante presentación de sus personajes no es suficiente para involucrarnos y entender las razones que mueven a sus protagonistas, donde acciones tomadas bordean la ridiculez y el signo de interrogación es mayúsculo ante situaciones que resultan absolutamente inexplicables. Por otra parte, la sobreactuación recorre el film de principio a fin, lo que redunda en perder con más fuerza el interés por la historia. Esto probablemente se deba a que la gran mayoría de los actores son artistas marciales convertidos en actores y no lo contrario, pero no puede ser la excusa para un trabajo tan pobre en niveles de interpretación.

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Afortunadamente, las escenas de acción elevan en algo la media de la cinta. El director las filma jugando entre planos abiertos, cámaras subjetivas desde los ojos del redentor y con cámara en mano con movimientos casi de videojuego, ganando en violencia y poniendo en valor el trabajo coreográfico de los enfrentamientos. La banda sonora también aprueba, siendo fundamental en la tensión y creación de atmósfera. Lamentablemente, esto no es suficiente para sacar a flote una cinta en donde durante toda la primera mitad no entendemos por qué uno ataca al otro, por qué ella lo ayuda a él, por qué la profunda religiosidad, hasta qué punto un intento diario de suicidio limpia tus culpas, por qué otro se deshace de su hombre más fiel, qué significa tal tatuaje o tal medallita, en qué contexto geográfico se desarrolla la historia, cómo se presentan locaciones de manera repentina, por qué están peleando acá, qué es este lugar…

En el cine, son pocos los directores capaces de explicarnos un hecho relevante de la historia sin contarlo o hacerlo explícito en pantalla, o al menos, su éxito es el trabajo en común de todos los elementos operados con equilibrio y criterio, desde su guión hasta el uso de efectos técnicos. Y “Redentor” sucumbe en este intento, al tratar de contar una historia apoyada en temas como el perdón, la justicia y el sacrificio, los que se esfuman en un somnoliento, mal actuado y desaprovechado drama intrascendente con cuatro o cinco escenas de acción entremedio.

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3-stars
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Ficha Técnica:
Chile, 2014, 88 min.
Título Original: “Redentor”.
Director: Ernesto Díaz Espinoza.
Guion: Ernesto Díaz Espinoza, Guillermo Prieto, Andrea Sanz, Diego Ayala.
Reparto: Marko Zaror, Noah Segan, Loreto Aravena, José Luís Mosca, Otilio Castro, Boris Smirnow, Nelson Núñez, Mauricio Raab Sanz, Pablo Raab Sanz.

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