CRÍTICA: «La Mujer de Barro» (2015) de Sergio Castro San Martín, la virtud de una moral estoica

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María, (Catalina Saavedra) cuida de su hija Teresa (12) a pocos kilómetros de la frontera entre Chile y Argentina. Hace diez años que no vuelve a trabajar como temporera de la fruta. Esta temporada ha decidido regresar para juntar el dinero y poder viajar a la capital, pero antes deberá resolver su inconcluso pasado.

“La Mujer de Barro” es el segundo largometraje de ficción de Sergio Castro San Martín tras “Paseo” (2009) y varios trabajos documentales que componen su filmografía, que llega tras una destacada participación en el circuito internacional de festivales en más de quince países -incluyendo la Berlinale 2015-, obteniendo los premios a Mejor Fotografía y Mejor Actriz en el International Images Film Festival de Zimbabwe.

Inspirado en la historia de María Cartagena y su familia en 1974 y la realidad de cientos de temporeras chilenas que se ven obligadas a alejarse de sus familias por un trabajo en el que abundan los tratos vejatorios y abusos laborales, “La Mujer de Barro” es un drama intimista sobre María (Catalina Saavedra), una mujer que retoma su trabajo como temporera, debiéndose alejar de su hija y teniendo que convivir en un ambiente laboral hostil, donde la soledad, las necesidades y su retraído carácter la pueden hacer tomar una difícil decisión.

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El barro, quizás la mezcla más fácil de conseguir en el planeta, tiene propiedades asombrosas. Repone la actividad normal de los órganos vitales, devuelve las energías y purifica el alma. Tiene propiedades desinfectantes y cicatrizantes, elimina toxinas y agentes tóxicos del cuerpo. Su uso terapéutico es empleado desde tiempos inmemoriales mejorando la calidad de vida animal y humana. María está hecha de barro. Manos alfareras moldearon su vida, su cuerpo y su mente. Una guerrera que no necesita escudo. Ella es un escudo, pero por sus venas corre esa sangre que sólo quiere estallar. Los golpes no duelen y las cicatricen se entierran bajo su piel blanca, translúcida y gastada por el trabajo que le significa llevar una vida de sacrificio, como muchas, o como pocas.

María, y el resto de mujeres que llegan a la empresa agrícola en época de siembra, cosecha y exportación, son tratadas como ganado por un jefe (Daniel Antivilo) cuya única virtud es, probablemente, su género y voz gruesa. Junto a Violeta (Paola Lattus), otra temporera más joven, intentan sentirse humanas en la medida de lo posible, entre conversaciones monosilábicas en sus ratos libres, haciéndose compañía en las frías noches y maqueteando una amistad inocua pero a la vez gigante; el único resquicio de valor y respeto, al final del día.

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Odiamos a la mujer de barro. Odiamos a Catalina Saavedra y odiamos a María. Siempre lo hemos sabido y nuestros brazos siempre están cruzados. La depresión y la desesperación conviven con María y, lamentablemente, no es sólo un personaje: es la realidad de un país que tiene en su mano de obra rural el eslabón más importante de un modelo económico sostenido que aplauden en el extranjero, pero que lleva décadas de abandono laboral y legislativo, de regularizaciones e inspecciones, de injusticias y vejámenes insólitos que subyacen en la impunidad. Detrás de este personaje está Catalina Saavedra, quizás la mejor actriz chilena de la historia y, seguro, de la última década, que en “La Mujer de Barro” consigue lo imposible: igualar o superar su trabajo en “La Nana” (2009). Una interpretación desgarradora, contenida y trascendental, sin titubeos y con los matices que el guion exige. A ratos creemos estar viendo un documental (no es casualidad siguiendo la trayectoria del director) de Catalina, que dejó la actuación para dedicarse a la agricultura. Sin duda, un valor que en Chile jamás ha tenido el reconocimiento que se merece, no así en el extranjero, donde sus papeles son aplaudidos de pie.

Los relatos personales siempre han sido tema obligado de la cinematografía chilena, casi como un factor de identidad de la industria local. “La Mujer de Barro” si bien continúa esa línea y se desarrolla con un ritmo narrativo poco atractivo para las masas, la sinceridad en cada plano y secuencias por parte del director, la sensibilidad de su fotografía y las inmejorables actuaciones, consiguen un thriller de moral estoica –en su máxima definición filosófica- sobre la naturalidad del ser humano, el dolor de la individualidad obligada y el instinto universal de la sobrevivencia, muchas veces, por sobre la razón.

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Sergio Castro San Martín escribe y dirige uno de los filmes mejor logrados del año junto a un equipo de primer nivel. Sergio Armstrong en la fotografía, Marcela Urivi en el arte, Erick del Valle en el sonido y Andrea Chignoli en el montaje, pintan un cuadro hecho a mano por Catalina Saavedra, Paola Lattus y Daniel Antivilo, quienes interpretan un cuento de terror del que podemos escapar pero nunca dejar de mirar.

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Ficha Técnica:
Chile, 2015, 92 min.
Título Original: “La Mujer de Barro”.
Director: Sergio Castro San Martín.
Guion: Sergio Castro San Martín y Enrique Videla.
Reparto: Catalina Saavedra, Paola Lattus, Daniel Antivilo, Maite Neira, Elsa Poblete, Ángel Lattus, Tiare Pino, Fernando Jiménez, María Isabel Sobarzo.

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