CRÍTICA: «Everest» (2015) de Baltasar Kormákur, gran espectáculo que no alcanza la cima

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1996 es recordado como el año más trágico en la historia de los ascensos al Everest, cuando ocho personas fallecieron durante un descenso el día 10 a causa de una de las peores tormentas de nieve que hayan existido jamás. Dos compañías rivales de guías de expedición, Adventure Consultants y Mountain Madness, sucumbieron ese día en una de las jornadas más tristes que conozca el alpinismo.

“Everest”, dirigida por Baltasar Kormákur (“Contraband”, “2 Guns”), relata los hechos ocurridos ese fatídico 10 de mayo de 1996, centrándose en la historia de tres personajes principales: Rob Hall (Jason Clarke), líder de Adventure Consultants; Scott Fischer (Jack Gyllenhaal), líder de Mountain Madness; y Beck Weathers (Josh Brolin), uno de los sobrevivientes, cuya historia aún resulta inexplicable para todos quienes lo dieron por muerto.

Como era de esperarse, y gracias al avance de la digitalización y los efectos especiales, “Everest” nos regala -era que no- un nuevo gran trabajo técnico para la pantalla grande, lleno de virtuosismo visual y con una recreación casi milimétrica del Himalaya y sus majestuosas cumbres, resultando un verdadero deleite artístico, respirando el frío junto a los personajes y sucumbiendo ante la imponencia de ese gigante nevado. Lamentablemente, la presión y el hielo de las alturas también congeló una historia que requería ser mucho más emotiva, que exigía compenetrarnos más con sus personajes, y que debía contarnos lo que realmente fue esa experiencia: una conmovedora historia de sobrevivencia, amistad y lealtad, y no sólo un gran desastre natural.

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La intención del director por querer contar mucho y desarrollar la mayor cantidad de historias en tan poco tiempo resultó infructuoso, fracasando en el intento. Y es que la historia daba para eso: A Rob Hall lo esperaba su mujer embarazada, Fischer poseía una egolatría poco recomendable para un trabajo como el suyo, y lo de Weathers daba para una película por sí solo. Pero sumado a ellos, las historias de Anatoli Boukreev (Ingvar Eggert Sigurðsson), Doug Hansen (John Hawkes) y Jon Krakauer (Michael Kelly), tres de los alpinistas, fueron fundamentales en la concepción de los hechos, sin embargo, son tratados con superficialidad y casi como elementos terciarios dentro de la trama. No podemos exigirle una precisión al detalle con la realidad, pero si una rigurosidad mínima si su sinopsis nos invita a conocer una adaptación. Tampoco se pueden desarrollar tantos personajes en 120 minutos, por tanto, es cuestionable la decisión del director de pretender abordar todos los personajes y tantas historias personales. Esto finalmente redunda en que la gran cantidad de personajes no facilita su comprensión, sino la distrae, terminando finalmente en caracterizaciones planas y muy poco empáticas para con el espectador.

En un reparto coral como este, los papeles de actrices como Keira Knightley y Emily Watson, e incluso el del propio Gyllenhaal, terminan siendo meras anécdotas, o funcionales sólo para darle mayor peso específico a una cinta que, finalizada, sigue necesitándolo. Todo esto redondea un trabajo carente de emoción, que a no ser por un par de momentos muy bien logrados, saldríamos de la sala sólo recordando su fastuosidad técnica.

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Alcanzar la cima del Everest se convierte en una metáfora para cualquiera que intente desafiarla. El valor de la vida, la tenacidad puesta a prueba, la pasión por el deporte extremo, e incluso, la cuestionada “mente enferma” que pueden llegar a tener personas dispuestas a arriesgar su vida por un logro como este, desafiando a la muerte en un monte conocido por ser un cementerio de cuerpos enterrados y azotados por las inclemencias, son temas que la cinta no logra presentar, o definitivamente, termina por olvidar, privilegiando grandes secuencias del ascenso o conmovernos con la historia familiar de sólo uno de los protagonistas, del que poco y nada llegamos a conocer. Cuando una película retrata un hecho cuyo final es conocido y el interés es ser testigos del camino recorrido, entonces la tensión, los personajes y cómo estos evolucionan y se desarrollan, son factores claves para alcanzar el éxito.

Extrañamente, “Everest” no es una mala película. Son dos horas efectivas de una nueva película de desastre natural, muy realista, con una fotografía insuperable, cuyo final conocemos desde el primer minuto, con todos los elementos para alcanzar la taquilla, sin embargo, el sabor de boca es incompleto. Comparativamente, “Vertical Limit” (2000) de Martin Campbell termina siendo un trabajo mucho más honesto con su intención, y “The Summit” (2012) de Nick Ryan, a pesar de ajustarse a las reglas del documental, comprende de mejor manera el lenguaje cinematográfico a la hora de ponerlo en pantalla y llevarnos sin oxígeno al techo del mundo.

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7-stars
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Ficha Técnica:
EEUU, 2015, 121 min.
Título Original: “Everest”.
Director: Baltasar Kormákur.
Guion: Lem Dobbs, Justin Isbell, William Nicholson.
Reparto: Jason Clarke, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Elizabeth Debicki, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright, Emily Watson, John Hawkes, Clive Standen.

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