CINERATURA: «La Insoportable Levedad del Ser» (1984) de Milan Kundera

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Cuando leí por primera vez “La Insoportable Levedad del Ser”, creí que acababa de descubrir el que sería el libro favorito por el resto de mi vida. Por supuesto, y menos mal, he seguido leyendo y descubriendo obras interesantes, pero la mentada novela sigue aun en un puesto muy elevado entre mis indispensables lecturas.

El checo Milan Kundera quiso escribir sobre el amor y el sexo, dos temas muy presentes en toda su obra, y para ello utilizó un tono con mucho encanto: el de los filósofos. Enredada entre alegorías y reflexiones sobre la vida, Kundera dibujó una línea muy fina entre el amor -sentimiento tan elevado que ha inspirado a las artes durante siglos-, y el sexo -uno de nuestros instintos más puros, pasión que nos recuerda lo animal que somos-.

Para empezar, conozcamos la historia. “La Insoportable Levedad del Ser” nos habla de Tomás, un médico mujeriego de Praga que adora descubrir en cada mujer lo que la hace diferente en la intimidad. De flor en flor, no sólo se confiesa ser un amante de las mujeres, sino que además también reconoce que le asustan. Todas menos Sabina, su mejor amiga con la que mantiene una larga relación con derecho a roce. Todo en su mundo parece fluir sin problemas hasta que un buen día, por un antojo del universo, aparece en su vida Teresa, una joven de pueblo, dulce e inocente como una niña. De repente, Tomás se da cuenta que no la puede echar de su casa y que quiere dormir con ella todos los días. Con ella y no con otra. Aunque, ciertamente, esto no le impide seguir acostándose con sus amantes, ¿o sí? ¿Puede una mujer hacerlo cambiar? ¿Es realmente amor lo que siente por Teresa? ¿O es que está intentando demostrarse algo a sí mismo?

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Una historia que, si bien no es nada excepcional, sirve de conducto para introducirnos de lleno en una serie de reflexiones pretendidamente filosóficas sobre las pasiones de los hombres. Además de esto, aliñada con una buena dosis de crítica política sobre la invasión rusa a la República Checa en 1968. Como decimos, una obra llena de matices que podemos apreciar gracias a la brillantez de Kundera a la hora de darle forma al asunto.

Todas estas peripecias están contadas por un narrador omnisciente que conoce a la perfección las mentes de los protagonistas. Un punto muy favorable para el libro, porque gracias a esta perspectiva, resulta fácil encariñarse con los personajes y sentirse identificados. Se agradece también el arte de Kundera para la narrativa, utilizando frases breves, sin palabras rebuscadas, tratando siempre de profundizar en las impresiones de los personajes al respecto de las situaciones vividas.

Cuatro años después del estreno del libro, en 1988, Philip Kaufman se puso al frente de la difícil tarea de adaptar “La Insoportable Levedad del Ser”. Aquí ese “tono de los filósofos” se pierde en detrimento de uno más o menos erótico y moralista (en el libro esta moral está cuestionada). Hay que reconocer que pese al abismo que la separa del libro, no es una película mala. Aunque dura casi tres horas, el visionado se hace entretenido la mayor parte del tiempo, sin que uno se vea obligado a quitarla y darla por imposible. Por otro lado, hay que tener en cuenta que las características de un libro en el que todo el peso narrativo recae en una voz que conoce los sentimientos de los protagonistas, complicaban bastante su adaptación. El reto estaba en plasmar todos esos sentimientos de alguna forma. Una manera de hacerlo podría haber sido mediante una voz en off continua en la película, toda una hazaña. Otra posibilidad habría sido la de transmitir todas esas reflexiones mediante una brillante actuación del reparto, y esto es algo que no se da en la película en cuestión.

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A excepción de Juliette Binoche, quien comenzaría una carrera de éxito tras esta película, los protagonistas no están bien logrados. La interpretación que Daniel Day-Lewis hace de Tomás se aleja completamente de lo que uno se imagina cuando lee el libro. Se trata de un hombre mujeriego, sí, pero Kundera plasma un descaro más bien sutil, y viendo la película, Tomás es un hombre al que prácticamente le falta hacer el gesto memorable de pasarse el pulgar por los labios a lo seductor con un Martini; por no hablar de lo inalcanzable que le queda representar la multitud de reflexiones que el personaje se plantea. Tomás en formato literario es un hombre reflexivo e inteligente, pero en la película el personaje pierde toda la profundidad psicológica. Lena Olin en el papel de Sabina es bastante aceptable; representa a la perfección la sexualidad de la pintora, pero también queda corta reflejando el interior de su personaje. Teresa por Binoche, sin embargo, está interpretada con maestría. La dulzura, la fragilidad y las debilidades de la muchacha saltan a la vista sin necesidad de monólogos insertados u otras técnicas que quedan más bien falsas y que desprestigian la belleza con la que Kundera disecciona a cada personaje.

En cuanto al ritmo, llama la atención lo despacio que transcurre el tiempo en la película, en contraste con la rapidez del libro. En los 164 minutos de metraje, vemos el desarrollo de una historia que parece transcurrir en un par de años. Sin embargo, en el libro saltamos de un momento a otro a un ritmo acelerado, mientras transcurren varios años en la vida de los protagonistas, que se van haciendo viejos. Esto hace que la película gane en linealidad con respecto al libro. La  duración ha sido un punto a su favor, evitando que se queden demasiadas cosas en el tintero. Con esto y con todo, quienes hayan leído el libro echarán de menos algo más de desarrollo en el personaje de Franz, quien prácticamente aparece dos veces. Esto, aunque no es lo más grave, hace que se pierda una parte importante del personaje de Sabina y, en general, le resta profundidad al relato.

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En definitiva, y para resumir, algunos pros y contras sobre esta adaptación: a favor, que es bastante fiel a los acontecimientos narrados en el libro y que nos brinda un par de momentos visualmente memorables, como la sesión de fotos. En contra, que pierde mucho fuelle psicológico y filosófico, toma mucho tiempo para contar sucesos que el libro cuenta en pocas páginas y que la interpretación del protagonista es infinitamente mejorable.

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Libro: “La insoportable levedad del ser” (Nesnesitelná lehkost bytí).
Autor: Milan Kundera.
Año: 1984.

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