CRÍTICA: “Oculus” (2013) de Mike Flanagan, un juego de ilusiones frente al espejo

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Hace tiempo que un asesinato dejó huérfanos a dos niños. Las autoridades culparon al hermano, pero la hermana creció creyendo que el verdadero culpable había sido un antiguo espejo maldito. Ahora, completamente rehabilitado y con veinte años cumplidos, el hermano está listo para empezar de nuevo, pero la hermana está decidida a demostrar que fue el espejo lo que destrozó a su familia.

En su momento, hace ya casi un año, “Oculus” (2013) no me convenció mucho. Resumiendo, en aquella ocasión me parecía una película con buenas ideas y una ejecución que me dejaba algo insatisfecho. Tras volverla a revisar para esta reseña, mi opinión ha terminado por matizarse, hecho ayudado quizás por no tener que ver otras tropecientas películas el mismo día. Considero ahora que es una muy buena cinta con no sólo grandes ideas, sino con detalles ciertamente brillantes que la elevan por encima de la mayor parte del cine de terror comercial que vemos en estos tiempos. Pero es precisamente su pertenencia a un catálogo de cine de miedo convencional lo que, en mi opinión, hace que se quede corta. Volveré a esa idea más adelante.

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Si algo bueno tiene de entrada es que va al grano. En muy poco tiempo se nos hace saber cuál es el argumento principal, en el que dos hermanos intentan demostrar que la muerte de sus padres se debió a una presencia maligna de corte sobrenatural que habita en un misterioso espejo antiguo, una presencia que está relacionada con una larga serie de horribles muertes a lo largo de cuatro siglos y a la que los dos hermanos intentarán vencer. Esta idea de la que parte es por sí sola muy buena.

Personalmente me encantan las historias de maldiciones ligadas a un objeto y la manera en cómo está presentada en esta película es muy atractiva, y sobre todo mucho menos efectista de lo que su material publicitario nos quiere hacer creer. Por el contrario, el director y guionista Mike Flanagan (“Absentia”) intenta mantener su trabajo en los límites de una estética realista en la medida de lo posible; es cierto que hay fantasmas, apariciones y demás, pero no dominan por completo la película y se sienten sólo como añadidos. De hecho (y esto es algo que no he visto destacado lo suficiente en las distintas reseñas que he leído), lo más efectivo de “Oculus” es la tensión que se crea en la larga escena de exposición en la que la protagonista narra frente a la cámara la macabra historia del espejo y su maldición.

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Esta referencia constante hacia el pasado sirve para traer a colación el que, quizás, sea el punto más interesante de esta película y es, tal como muchas reseñas han destacado ya, su estructura narrativa poco convencional en la que la trama salta del presente al pasado, alternando entre los protagonistas como niños y adultos, algo que tiene relación directa con los poderes paranormales del espejo y la forma como “engaña” a los protagonistas, mezclando ambas líneas temporales en un juego de ilusiones que obliga a los personajes (y al público) a dudar constantemente entre lo que es real y lo que no. Todo este juego es fascinante, y a pesar de que no es la primera película que lo hace ni tampoco es muy complicado que digamos, al menos no trata al espectador como idiota y deja que seamos nosotros mismos quienes armemos la historia en nuestra cabeza. Ese énfasis en el argumento es algo muy poco común en el cine de terror actual y, sólo por eso, ya vale la pena.

Lo que nos lleva a lo que sigue siendo, hasta ahora, mi mayor objeción respecto a “Oculus”, y el punto que evita precisamente que llegue a un nivel de grandeza: a pesar de todos estos detalles, de sus grandes ideas y de su ambición a la hora de construir una historia interesante, es que sigue siendo, al final de todo, una película de terror comercial, y como tal, se ve forzada a dar demasiadas concesiones.

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La película, hay que decirlo, no es muy rica en cuanto a sustos, y varios de sus elementos más tenebrosos, como el conflicto desatado alrededor de la madre (interpretada por una muy desperdiciada Katee Sackhoff, por cierto) se siente suavizado y apresurado, y en lugar de eso, el clímax de la película nos bombardea con varios elementos típicos del cine de terror contemporáneo que ya son enormes clichés, como esos fantasmas de piel azul y ojos brillantes. En general, todos estos elementos sumados a los sustos falsos y al típico elenco juvenil, causaron que la cinta fuera perdiendo ímpetu llegando hacia el final.

En definitiva, ese sigue siendo mi veredicto final: una muy buena historia parcialmente dañada por sus concesiones comerciales. Con todo eso, es una película sobresaliente, y pocos ejemplos del cine de terror mainstream actual son tan recomendables como este.

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Ficha Técnica:
EEUU, 2013, 105 min.
Título Original: “Oculus”.
Director: Mike Flanagan.
Guion: Mike Flanagan, Jeff Howard.
Reparto: Karen Gillan, Brenton Thwaites, Katee Sackhoff, Rory Cochrane, Annalise Basso, Garrett Ryan Ewald.

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