CRÍTICA: «Kill the Messenger» (2014) de Michael Cuesta, reivindicando el thriller periodístico

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El periodista Gary Webb, tirando del hilo de los turbios orígenes de los causantes de la epidemia del crack en las calles de los Estados Unidos, termina acusando a la CIA de colaborar con los narcotraficantes que introdujeron cocaína en el país y que destinaban los beneficios a armar a la Contra nicaragüense. A pesar de las presiones de los capos de la droga y de los agentes de la CIA para que ponga fin a su investigación, Webb sigue empeñado en destapar un complot con implicaciones explosivas. Su viaje le lleva desde las cárceles de California hasta las aldeas de Nicaragua, pasando por los más altos círculos del poder en Washington, lo que le sitúa en el punto de mira de quienes amenazan no sólo con acabar con su carrera, sino también con su familia y su vida.

Del director Michael Cuesta («12 and Holding», «Roadie»), “Kill the Messenger” está basada en la novela homónima de Nick Schou y el libro “Dark Alliance” de Gary Webb. Es un film que a primera vista lo tiene todo. Entre drogas, conspiraciones, espionaje, actuaciones fantásticas en el reparto y un uso muy acertado de imágenes documentales, la cinta muestra la historia del mismo Gary Webb, interpretado espectacularmente por Jeremy Renner, un reportero obsesionado por mostrarle al mundo el rol que jugó la CIA en el tráfico de drogas y que está dispuesto a todo por publicar su historia y defender sus convicciones. Sin embargo, cuando termina la película y llega el corte a negro, la impresión de que algo falta sobreviene. A pesar de sentir la satisfacción de haber disfrutado las últimas dos horas, el espectador no puede evitarse preguntar qué impide que esta película se eleve al mismo nivel de una de las grandes obras maestras, en especial, presentando todos esos elementos. Entonces ¿dónde está el problema?

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Al momento de hilar los fascinantes aspectos en una sola cinta, el resultado es en realidad dos películas distintas, muy bien hechas, pero no muy bien conectadas. Una primera mitad, con un emocionante thriller político que aumenta progresivamente el riesgo que pende sobre los personajes con cada acontecimiento, llevando las expectativas del espectador al borde de un abismo tan intenso como incierto, pero que antes de mostrar el tan esperado choque entre turbios intereses políticos y fuertes convicciones de ética periodística, retrocede, y el film se transforma en un drama personal y familiar.

La segunda mitad recrea el emotivo conflicto que agobia a Webb producto de su trabajo y obsesión. En este punto, se logra una empatía por los personajes, que aunque están bien actuados, durante toda la primera parte de la película han sido anecdóticos y, sólo recientemente, parecen relevantes en la trama. Este cambio súbito en el sentido de la cinta, causa en el espectador que la expectativa y planteamientos de la primera mitad en torno al thriller político no rindan frutos y la simpatía que el espectador siente por los personajes, en la segunda mitad no basta para que el desenlace impacte como debería.

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El conflicto está en que cada parte de la película está tan bien ejecutada individualmente, que uno las disfruta, pero a pesar de este gran logro, al final es inevitable la sensación de que “algo falta” y sólo queda en el tintero una película más para disfrutar un día cualquiera.

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Ficha Técnica:
EEUU, 2014, 112 min.
Título Original: “Kill the Messenger”.
Director: Michael Cuesta.
Guion: Peter Landesman (Libro: Nick Schou, Gary Webb).
Reparto: Jeremy Renner, Mary Elizabeth Winstead, Ray Liotta, Michael Sheen, Barry Pepper, Andy Garcia, Rosemarie DeWitt, Richard Schiff, Tim Blake Nelson, Oliver Platt.

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