CRÍTICA: «Mad Max: Fury Road» (2015) de George Miller, el arte del movimiento

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Un árido paisaje se levanta al principio de «Mad Max: Fury Road», uno en el que la vida apenas sobrevive bajo el ardiente sol. Casi que uno siente el calor asfixiante del lugar, el polvo que se levanta inclemente a la menor oportunidad. Sin tiempo para las contemplaciones, comienza la acción. Con pocas paradas, George Miller revive a su personaje en una nueva entrega de la saga con una vitalidad contagiosa. Acción y más acción nos depara la pieza brillante de un orfebre experto.

Acción. En el centro de lo que es el cine, cada director o realizador ha de decidir qué papel jugará para su obra. El cine es un arte del movimiento, o de su carencia. Luego viene el género: cine de acción. Ese nombre debía de ser una suerte de oxímoron, aun si contamos films al estilo de «Empire» (1964) de Andy Warhol. Hay buenos ejemplos de un cine genial que, en lo que comúnmente llamamos «acción», no aparece en pantalla, desde Ozu, pasando por Antonioni, Tarkovski y Béla Tarr. Pero también hay un cine excepcional en las antípodas. Un cine que se mueve por rutas en los que toda imagen conlleva un irrefrenable aumento del movimiento, de la acción. Se debe anotar, sin embargo, que en el género del cine de acción últimamente hemos carecido de películas de tal calidad como esta nueva Mad Max.

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La nueva cinta de Miller nos hace alucinar con una infatigable serie de eventos al punto de hacernos percibir como realidad concreta cada plano de la cinta. En una emocionante y absorbente película, el director exhibe toda la energía que frecuentemente se ausenta en tanta super producción y remake que se autodenomina «de acción». «Mad Max: Fury Road» revive el placer de ver plasmada en pantalla una experiencia audiovisual pura, una que crea una realidad alternativa con la veracidad que tiene nuestros más vívidos sueños.

Vuelvo a la imagen inicial. En medio del desierto, Max (Tom Hardy) es atrapado por una horda de excéntricos guerreros para luego ser llevado prisionero a La Ciudadela. Max es usado allí como una «bolsa de sangre» para Nux (Nicholas Hoult), uno de los guerreros denominados War Boys. Entre tanto, el tirano que regenta el lugar, Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), se dispone a dar su visto bueno para el convoy que lidera Imperator Furiosa (Charlize Theron), convoy que debe traer petróleo a La Ciudadela. Sin embargo, Furiosa tiene otros planes. Esconde dentro de su vehículo a las mujeres que conforman el harén de Immortan Joe para liberarlas de su cautiverio y llevarlas a un lugar que tiene el evidente nombre paradísiaco de Lugar Verde. Apenas se enteran en La Ciudadela, comienza la persecución con la que se quiere impedir la liberación del grupo. En medio de ella van Immortan Joe, Nux y Max, todavía encadenado. El grueso del filme entonces se dedicará a dar cuenta de la persecución de Immortan y sus secuaces para intentar impedir que este grupo de mujeres se liberen de su yugo. Max, por azar, y una vez libre, terminara colaborándole a Furiosa y el resto de fugitivas con Nux, también convertido a la causa. Es un hilo narrativo sencillo que no impide que la cinta nos arrobe por su poderío kinético. «Mad Max: Fury Road» posee el encanto de las aventuras de los antiguos western, cargada con toda la desenfrenada energía del cyberpunk. Es una mezcla perfecta de terrenalidad con el mundo excéntrico y delirante que Miller ya había construido en su trilogía original.

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Resulta estimulante que una cinta de este presupuesto vuelva a tener una plena confianza en la capacidad del audiovisual para narrar y someter al espectador al relato que cuenta. Antes que abusar de diálogos explicativos, voces en off o intertítulos y créditos que develan el contexto y detalles sobre la historia, Miller prefiere que sean las mismas imágenes y el diseño sonoro las que nos envuelvan, para luego obligarnos a surcarlos del mismo modo en que uno lo haría por una montaña rusa de pura adrenalina. «Mad Max: Fury Road» es un ejercicio de placer cinematográfico puro.

Miller, un director con oficio, sabe recurrir a los efectos de buena parte de las películas de acción de los últimos 30 años para insertarlos a su cinta como un modo de amplificación del energético cóctel que nos ofrece. De esta manera, el manido truco de ralentizar una secuencia de acción para subrayar una imagen cobra la vida que no tiene en otros films que simplemente abusan de estos efectos sin ningún sentido del hacer cinematográfico. El director australiano y su equipo procuran que la «fisicalidad» de la cinta se nos haga presente por todos esos efectos. Como resultado, la cinta nos revela un presente desenfrenado en el que aparece una extraña belleza que nos cautiva por momentos puntuales durante el frenético metraje. Ahora, la conjunción de los talentos y el esfuerzo de varios colaboradores transforman a la cinta en el espectáculo absorbente que saboreamos en pantalla: desde la cuidadosa y evocativa fotografía de John Seale, la precisa edición de Margaret Sixel, la conjunción de un diseño sonoro atronador y sugerente con la música de Junkie XL y, claro, la planificación esmerada de Miller y su equipo para que cada secuencia configure como parte de un vibrante cuadro de horror y acción que se despliega con soberbia maestría ante nuestros ojos. Lo que consigue «Mad Max: Fury Road» es demostrar que un blockbuster puede ser también una delicada artesanía.

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La nueva cinta de Miller es una sorpresa en varios sentidos, y es, sobre todo, una sorpresa premeditada. El filme se construye como una alteración de las expectativas. Ni claramente secuela, ni del todo reboot, puede verse como pieza solitaria o como reinvención de la trilogía original. En esta nueva versión, la personalidad del mismo Max se ha transformado, ahora más adusto que enfurecido, lo que le da un sabor distinto a quien es el héroe sobre el que gira parte de la historia. En ese sentido es interesante notar que Max colabora en la liberación del grupo de mujeres sin hacer de ello una causa, ni volverlo un modo de redención. Max simplemente sobrevive y termina, en parte por azar y en parte por una suerte de sentido de solidaridad, por ayudar a Furiosa y compañía. En contraste, Furiosa es un personaje con el que es más fácil identificarse por su intención de deshacerse del trato abominable al que sometían a las mujeres que libera de La Ciudadela. Es ella el personaje que ocupa el centro del drama, más si se tiene en cuenta la soberbia interpretación de Charlize Theron.

El director australiano altera las reglas de juego del género y las complejiza. El protagonista pasa a ser una sombra que contrasta con ese otro personaje central con el que compartimos sus luchas y motivaciones. Tras las experiencias de los dos personajes, se concretan respuestas a sus propias existencias, una esperanzada -la de Furiosa- y otra, la de Max, que dice, en una de sus pocas líneas que pronuncia en la película, que «la esperanza es una trampa». Pura dialéctica en una cinta de acción. Sin dejar de pertenecer al género, sin dejar de recurrir a las inflexiones dramáticas y desenlaces de este tipo de películas, «Mad Max: Fury Road» las subvierte y las redefine. Más que cargar un filme con un subtexto que defienda una posición afiliada a un grupo, lo que está haciendo Miller es jugar intertextualmente con una tradición para, a un tiempo, desafiarla y alimentarla. Eventualmente, se podrá llegar a conclusiones de otros órdenes al analizar los roles que otorga a sus personajes, pero la sustancia principal es la de un director que ama tanto un tipo de cine que lo puede distorsionar para que funcione con elementos que nunca se han puesto sobre la mesa. Esto se sostiene todavía más cuando el espectador ve cómo el director rehuye de un final propiamente vindicatorio y mantiene la actitud de los personajes de Furiosa y de Max tal como estaban al principio. De cualquier modo, el filme se transforma en un ejercicio de re elaboración y revitalización de un género, deformándolo pero no acabándolo. El resultado es una productiva reinvención de algo que pensábamos agotado.

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Cuando concluye la función, uno queda con la sensación de haber presenciado una historia vital, enérgica y emotiva. «Mad Max: Fury Road» es una afiebrada versión cyberpunk de «La Diligencia» (1939) de John Ford. Miller pone en pantalla una experiencia que nos arroba con mayor contundencia que, por ejemplo, «Gravity», aunque ambas cintas están en sintonía acerca del cine que aspiran a crear. Se trata de un cine cuyo objetivo es la recreación de todo un mundo donde el espectador pueda bucear como si anduviera por acuario propio. Es ese intento por hacer del cine un sustituto de la «realidad» para experimentar un universo alterno lo que se encuentra en el centro de la cinta de Miller y la de Cuarón -y en últimas, en la de cualquier película de ficción-. La «realidad» de «Mad Max: Fury Road» posee una cualidad de objeto que casi se concretiza frente a nosotros, tanto así que uno se siente tentado a descartar todo ese cine de acción reciente, todos esos blockbusters genéricos que no hacen sino adormilar los sentidos solamente para romper récords de taquilla.

Uno ya no espera tal vitalidad del cine de acción. La cinta de Miller logra demostrar que todavía es posible realizarla, demuestra que se puede presentar un mundo tangible y vivo. Sin esperarlo, repito, «Mad Max» se transformó -para quien escribe- junto con «Adiós al Lenguaje», en una de las exhibiciones más palpables de buena salud del cine reciente: una exhibición del cine como experiencia sensorial y estética.

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Al final del filme, uno queda deseando como antaño con otras de esas cintas fantásticas que dichos mundos no terminen nunca, que pronto pueda uno volverlos a ver. Esta cinta lo que revive es ese placer adictivo que los amantes del cine, en algún momento, hemos experimentado al ver una cinta que parece un verdadero ser vivo. Con todos los posibles fallos narrativos que puedan detectarse, con todo ese exacerbado y casi que ininterrumpido clímax que ha hastiado a algunos espectadores, «Mad Max: Fury Road» es una buena noticia para el cine de acción, y para el cine a secas.

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Ficha Técnica:
Australia, 2015, 120 min.
Título Original: “Mad Max: Fury Road”.
Director: George Miller.
Guion: Nick Lathouris, Brendan McCarthy, George Miller.
Reparto: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Angus Sampson, Zoë Kravitz, Rosie Huntington-Whiteley, Nathan Jones, Riley Keough.

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