CRÍTICA: “El Bosque de Karadima” (2015) de Matías Lira, entre el poder y la fe

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Fernando Karadima, párroco y líder de la Iglesia más poderosa de la clase alta chilena, entre los años 80 y los 2000, es considerado un “santo” en vida. Thomy, un adolescente en busca de su vocación, encontrará en el sacerdote a su director espiritual. Durante 20 años, ahora Thomás, vivirá paulatinamente en carne propia los abusos físicos y psicológicos por parte del cura, hasta decidir enfrentar sus miedos y traumas, como también a las redes de poder que protegen al cura y desenmascarar definitivamente al verdadero Karadima bajo la envestidura de representante de Dios en la tierra.

Basada en hechos reales, la historia comienza con un joven Thomas (Pedro Campos) que busca en la parroquia de El Bosque al padre Fernando (Luis Gnecco). Con un tímido andar, llega hasta su habitación, donde un grupo de jóvenes prepara al sacerdote para la misa. A través de una cámara imprecisa y desenfocada somos testigos de la primera vez que el joven Thomas divisa a Karadima. Ya en plena ejecución de la misa, un aspirante a sacerdote se acerca al joven para entregarle una medalla, y para decirle que el padre lo recibirá mañana. Mientras él observa extasiado y entusiasmado el regalo, como espectadores entendemos que ese acto marca el comienzo de un viaje sin retorno.

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Los primeros minutos de la cinta, se enmarcan dentro de la narración del mismo Thomas (Benjamín Vicuña) ya adulto que, incentivado por Amparo (Ingrid Isensee), su esposa, ha decidido denunciar al cura ante un sacerdote promotor. Este será el hilo conductor del largometraje que irá revelando poco a poco como se gestó, desarrolló y culminó la relación del protagonista con el “santito”.

La evidente necesidad de oscilar entre el pasado y el presente hace necesaria la fragmentación del tiempo narrativo, recurso que será el más interesante dentro de esta obra cinematográfica. Alejada de una estructura tradicional, y a pesar de presentar claramente un inicio, desarrollo y final, la película deambula entre varios espacios temporales, evitando la obviedad al momento de diferenciarlos.

A pesar de ser un acierto, el tratamiento del tiempo narrativo también es responsable de los momentos más débiles de la cinta. Retratar una época y su progreso hacia otra de manera fidedigna, siempre será un desafío para la cinematografía, y sin lugar a dudas, para “El Bosque de Karadima” también lo fue. Y es que en términos generales, las caracterizaciones y el arte cumplieron su objetivo, pero dejando varios detalles poco trabajados que no hacen otra cosa sino sacar del relato y romper la atmósfera íntima y cuidada que a ratos se logra de manera perfecta.

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Precisamente esa atmósfera lograda es otro acierto de la cinta, en donde la banda sonora cumple un papel fundamental. La reverberancia propia de las grandes iglesias se hace presente a lo largo de todo el film, entregando solemnidad y distancia, transmitiendo oscuridad y frío, sensaciones propicias para cargar de emotividad una historia de abusos e impotencia. A su vez, los murmullos de rezos ponen la cuota de tensión en los momentos necesarios, junto con esos silencios incómodos en los que pareciera que se puede escuchar hasta la añosa madera.

“El Bosque de Karadima” es una película sobre el abuso de poder, sobre como un ser humano puede ejercer fuerza sobre otro a través de la persuasión, aprovechándose de un voto religioso y de una aspiración hacia la vocación religiosa. Es un proceso lento, cuidadoso, donde la confianza en el otro es tal que el abusado termina por aceptar el abuso. De esta misma forma, el espectador se va haciendo parte de la historia; y es que otro punto fuerte del largometraje es el flujo de información que entrega. Poco a poco se acepta que lo presenciado ocurrió, empatizando con sus protagonistas e invitando a reflexionar sobre la naturaleza humana en todos sus matices; en definitiva, sobre el bien y el mal.

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El gran valor de la película recae precisamente en el hecho histórico que narra por sobre la forma en que se está narrando. No obstante, hay una serie de elementos, algunos acertados y otros no tanto, que contribuyen a que el público esté en presencia de una película correcta, pero que pasará a ser parte de la historia del cine chileno por llevar a la pantalla grande un caso bullado y polémico, y no por ser una cinta que trascienda por su calidad cinematográfica propiamente tal.

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5-stars
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Ficha Técnica:
Chile, 2015, 100 min.
Título Original: “El Bosque de Karadima”.
Director: Matías Lira.
Guion: Elisa Eliash, Alicia Scherson y Álvaro Díaz.
Reparto: Luis Gnecco, Benjamín Vicuña, Ingrid Isensee, Aline Kuppenheim, Gloria Münchmeyer, Pedro Campos, Marcial Tagle, Francisco Melo, Osvaldo Santoro, Renato Jofré.

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