CINERATURA: «Tokio Blues (Norwegian Wood)» (1987) de Haruki Murakami

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Leer por primera vez un libro donde cada párrafo es una adicción placentera y cada capítulo es un pecado dejarlo inconcluso, es lo que yo llamo un “descubrimiento literario”; y eso fue “Tokio Blues (Norwegian Wood)” para mí. Hacía tiempo que no me sucedía. Me demoré tan sólo cinco días en leerlo por completo. Fue un regalo que mi novia Anahí me trajo en uno de sus viajes a Argentina y, desde ahí, no pude hacer otra cosa que seguir leyendo sus otras novelas, como son el caso de “Al sur de la frontera, al oeste del sol” o “Sputnik, mi amor”. Fue descubrir a uno de mis escritores favoritos y a uno de mis libros de cabecera. Por eso, cuando apenas vi el tráiler de la película, no titubeé en verla y conseguírmela a como dé lugar.

“Tokio Blues (Norwegian Wood)” tiene todos los ingredientes para haberme cautivado. Si bien Murakami es un escritor japonés, su forma de escribir es bastante occidental -por decirlo de alguna manera-, su temática de amor y desamor no cansa ni decae; de hecho, tiene una sensibilidad poco antes leída, al punto de hacer cómplice al lector en la trama y en los nostálgicos sentimientos que relata el protagonista. Ambientada en los años sesenta, la historia narra como Toru Watanabe se siente perdido luego de que su mejor amigo Kizuki se quita la vida el día que cumple 17 años. Junto a Naoko, la novia de Kizuki, eran inseparables hasta aquél trágico suceso. Tras su muerte, Watanabe y Naoko pierden contacto hasta que se reencuentran luego de un año de distanciamiento. Así, retoman su amistad tratando de consolarse el uno al otro hasta que, finalmente, se enamoran. Sin embargo, Naoko, aún afectada por la muerte de Kizuki, está psicológicamente inestable para una nueva relación y decide internarse en un sanatorio. Luego de aquello, Watanabe conoce a Midori, una chica extrovertida y segura de sí misma que logra cautivarlo y con la que comienza un romance. Al mismo tiempo, Watanabe comienza a visitar a Naoko mientras se encuentra internada, convirtiendo su vida afectiva en un triángulo amoroso que le será difícil dilucidar.

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Todas las adaptaciones cinematográficas son un gran riesgo. Sobre todo cuando son de libros que están demasiado bien escritos. Pueden aprobar o desaprobar con sólo una escena incompleta o un personaje mal elegido de su homónimo literario. En este caso, creo que la película desaprueba. O mejor dicho -para no ser tan drástico- aprueba con un 4,0. Lamentablemente, la cinta pierde mucho la esencia del libro. Diálogos, situaciones y pensamientos que en el papel son memorables y precisos, se desperdician, como cuando Watanabe y Reiko –la compañera de Naoko en el sanatorio- se sinceran en la cama; u otras que, simplemente, son cortadas de raíz, como la conversación que tienen Midori y Watanabe en la terraza de su casa. Sucede también que personajes secundarios que en el libro son llamativos, como los amigos de Watanabe: Tropa-de-asalto y Nagasawa, son limitados a un par de escenas y frases que no aportan en nada al desarrollo del film.

Asimismo, una de las diferencias notorias entre los dos géneros sucede al comienzo: mientras la película se inicia con Watanabe de adolescente, el libro comienza con Watanabe a los 37 años viajando a Hamburgo; al escuchar una versión orquestada de “Norwegian Wood” de The Beatles en el avión, afloran los sentimientos de pérdida y nostalgia en el personaje que introducen al flashback donde se desarrolla la trama en sí.

Todo lo descrito anteriormente pasa por una razón bastante obvia: el libro está narrado en primera persona, y en el proceso de llevar todos los sentimientos, dilemas internos y percepciones particulares que tiene una visión personal a una visión completamente externa, se pierde mucha de la esencia narrativa de la obra.

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A pesar de todo lo anterior, la película logra escenas de extremada belleza y estética, mérito propio de los espectaculares paisajes de Japón elegidos para rodar; además de la destacada interpretación de la actriz-modelo Kiko Mizuhara como Midori –casi calcada al personaje como me lo había imaginado-, siendo estos grandes aciertos por parte del director Trần Anh Hùng. Por otro lado, el film tiene una excelente banda sonora a cargo de Joony Greenwood, guitarrista de Radiohead.

Finalmente, “Tokio Blues (Norwegian Wood)” es una historia que rememora la transición de la adolescencia a la madurez, donde las decisiones personales y encuentros y desencuentros son los que nos marcan y definen como personas adultas. De todas formas, es una gran instancia para ver cine oriental que siempre es llamativo tanto por su estética como por su argumento. Y para los que no han leído a Murakami; por favor, comiencen con esta novela. Créanme que no se arrepentirán… de hecho, algunos lectores hasta me odiarán por no haber escrito esta reseña antes.

Libro: Tokio Blues (Norwegian Wood).
Autor: Haruki Murakami.
Año: 1987.


 





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