CRÍTICA: “Like Someone in Love” (2012) de Abbas Kiarostami, el amor y otras mentiras

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Un viejo y una joven escort se encuentran en Tokio. Ella no sabe nada de él, él cree conocerla. Él le abre las puertas de su casa, ella le ofrece su cuerpo. Pero nada de lo que sucede en el trascurso de esas veinticuatro horas se relaciona con las circunstancias de su encuentro.

 

Una cámara siempre distorsiona la mirada. A veces se le oculta al espectador esto, a veces se le pone en primer plano. Casi que podemos dividir a cineastas, entre aquellos que tienden a visibilizar la perspectiva de la cámara, y aquellos que procuran invisibilizarla. Es una división arbitraria en la que podría conformarse grupos inesperados. Por un lado, podríamos alinear en quienes invisibilizan la cámara a David Fincher, Eric Rohmer, Herzog, Visconti y buena parte del cine de ficción que vemos en el circuito comercial. Por otro, se pueden contar a Godard, Scorsese, a esa corriente de cine de terror que usa las cámaras de video como fuentes de material verídico, y a Kiarostami. La calidad y los alcances de cada una de las miradas no dependen de los mecanismos para alcanzarla.

“Like Someone in Love” muestra cómo ser consciente de la perspectiva de la cámara es una forma de iluminar terrenos que no conocemos del todo, aunque creyéramos conocidos. Esto es evidente desde el primer plano: un bar de Tokyo, de fondo oímos la conversación de Akiko (Rin Takanashi) con su novio celoso, vemos el movimiento del bar, los clientes, mujeres que beben alegremente con hombres de corbata. Inevitablemente uno desea ver a Akiko, pero Kiarostami mantiene el plano, y uno sabe indefectiblemente que la cámara no es un correlato de ese Dios que es el narrador omnisciente. Obstruir la mirada para ver. Como su título indica, el tema con que coquetea la cinta es el amor, o más precisamente, lo que la cinta pone en escena es cómo reaccionan algunos personajes cuando están enamorados. Una cuestión a la que se dedican tantas imágenes, resulta nueva en “Like Someone in Love”, así como en la encantadora cinta anterior de Kiarostami, “Copia Certificada” (2010). Es verdad que por momentos la concentración en el devenir cotidiano parece desviarnos sin remedio, pero en últimas, es la mirada que Kiarostami construye estrictamente, lo que configura un cuadro misterioso y revelador sobre algo que creíamos ya absolutamente conocido. La cinta impresiona, al punto de dejar en el aire una carga que la hace sentir como testimonio de algo profundamente auténtico.

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La historia de “Like Someone in Love” se devela con la naturalidad con que la vida cotidiana va tejiendo lo que luego son nuestros relatos. En el bar del primer plano está Akiko, su jefe le dice que debe ir a la casa de un cliente culto y muy respetado. Akiko protesta, al tiempo que recibe constantes llamadas de su celoso novio Noriaki (Ryo Kâse) y de su abuela, la que ha pasado por Tokyo y quiere ver a su nieta antes de partir a su pueblo natal. Akiko termina obedeciendo a su jefe, aunque pasa por la estación de trenes en la que ve a su abuela esperar. Su cliente es Takashi (Tadashi Okuno), profesor retirado y traductor. El anciano quiere tener una suerte de cena romántica, pero Akiko pronto se va a la cama y se queda dormida después de una larga jornada. Al día siguiente, Takashi se ofrece para llevar a Akiko a la universidad. Su trabajo como escort no es sino una fuente de ingresos. En la entrada de la universidad, la aguarda Noriaki. Noriaki cree que Takashi es el abuelo de Akiko. El anciano profesor asume la confusión e intenta sostenerla para proteger a Akiko. La comedia, sin embargo, no deriva en lo tópico, aunque el final es completamente natural. Y abierto. A Kiarostami no le interesa la dramaturgia convencional ni satisfacer el deseo de historias que, de tan parecidas, semejan ser todas las mismas. El final llega abruptamente, in media res, así como su comienzo. “Like Someone in Love” imita certeramente a la vida en la que no hay principios ni finales claros, y en la que toda historia es la revelación a medias de lo que siempre ha de sostener un grado de misterio.

Kiarostami es anti-aristótelico porque le interesa más que sus narraciones revelen facetas de la existencias con un progreso muy similar al impredecible, pero entendible curso de lo cotidiano. El cine de Kiarostami rompe los convencionalismos sin escándalo y revela lo inesperado en un terreno aparentemente conocido.

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Pero primero está la obstrucción. La cámara no sólo es un instrumento para ver, sino que necesariamente oculta. Kiarostami lo pone de presente de nuevo en “Like Someone in Love”. En principio, el realizador desvía la mirada de Akiko, la protagonista, y nos hace ver el ambiente del bar, la actitud desenfadada de una amiga-colega de Akiko que va y viene, la mirada censuradora de su jefe. Una narración cinematográfica no sólo se reduce a lo que se ve, sino también a lo que no, y a lo que se refleja. En más de una ocasión, Kiarostami usa las ventanas como modo de reflejar personajes y ampliar el campo de un modo que un ojo humano no podría. La cinta es una nueva muestra de que el cine narrativo no ha explorado suficientemente recursos que tiene a mano. El realizador iraní recurre a los rasgos que le valieron anterior reconocimiento para encontrar nuevas soluciones y para descubrir un terreno que le es extraño. El Tokio que vemos en “Like Someone in Love” no desnaturaliza el mundo japonés, pero encaja a la perfección con la mirada de Kiarostami. Una mirada que, del mismo modo que la de Yasujiro Ozu, escoge historias que imitan muy bien a los sucesos cotidianos; una mirada que recurre a los mínimos recursos cinemotagráficos para con ello narrar lo máximo, con un ejemplo claro en los largos planos fijos en que la acción fuera de campo es vital para la historia. Acá se puede recordar a Serge Daney, que ya a principios de los 80 pronosticaba un cine que, al estar influido por la televisión, había reducido el uso de la acción fuera de campo: todo tenía que verse en pantalla y, por tanto, la perspectiva se achataba. El contraste que hoy genera una película de Kiarostami con buena parte de las cintas de hoy, evidencia la razón que tenía. Debemos agradecer a Kiarostami que amplie la perspectiva todavía.

Como en su anterior cinta, “Copia Certificada”, el amor se convierte en el eje principal. El amor como situación, debe aclararse. Cada uno de los tres personajes va reaccionando frente a la realidad, y a lo que imaginan es estar enamorado. Tadashi se comporta como un caballero galante, Noriaki lo hace como un avaro que protege a un preciado tesoro, mientras que Akiko cambia su rol dependiendo de la situación, ya sea con la complacencia fácil con la que intenta divertir al cliente, o con la indiferencia con que se acepta a un compañero habitual. Todos los personajes reaccionan a lo que suponen es estar enamorados o, corrijamos según el título, “como” enamorados. “Like Someone in Love” revela el modo en que, en buena medida, lo que se llama amor responde a un esquema social, a una ficción si se quiere. Más que un sentimiento, todos los personajes son actores que buscan interpretar de la mejor manera un papel. Debe verse la cinta además como una re visitación en tono oblicuo de los temas de “Copia Certificada”: la posición del amor en la vida de los personajes y el actuar de las personas frente al amor. Mientras la anterior se tornaba una cinta más abierta con personajes que re descubrían la experiencia del amor junto con toda la carga de haberlo ya vivido, “Like Someone in Love” narra la superficie de unos personajes solos que están involucrados en la economía del amor. En la cinta japonesa de Kiarostami, el amor es una especie de fantasma sobre el que todos reaccionan, pero que no acompaña a estos personajes en sus solitarias existencias. El amor es una situación que ha cambiado de lugar de acuerdo a cómo la sociedad japonesa ha cambiado.

Vale decir ahora que las transformaciones de Japón fueron objeto de la lúcida visión de Ozu, y que Kiarostami recoge en buena medida esa tradición que admira en el personaje de Akiko. Ella se ve melancólica por no reunirse con la abuela que viene a visitarla, así como por vivir una vida que su familia encuentra reprobable. No obstante, Kiarostami no juzga a sus personajes sino que los presenta, ver hoy “Like Someone in Love” da fe de una sociedad completamente distinta de la que Ozu retrató, pero de la que esos cambios ya estaban sugeridos por las cintas del cineasta japonés. En definitiva, podía entenderse este par de cintas que ha filmado Kiarostami en el extranjero como complementarias. En tanto que “Copia Certificada” era una emotiva y dolorosa reconstrucción de un amor, en esta, el amor es un elusivo fantasma que todos creen entrever, pero sin la certidumbre de su verdad.

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Las limitaciones de la mirada también puede ser una forma de hacernos ver. Antes que usar un arsenal de imaginería efectista y sin mucho fondo, Kiarostami utiliza recursos a mano. A contracorriente del excesivo cine explícito, sabe muy bien que para sugerir y enriquecer nuestra experiencia, no hacen faltan las imágenes obvias. El final de la película es antológico en ese sentido, y no solamente porque termina abruptamente en medio de una situación de la que encontraríamos algún tipo de desenlace en una cinta convencional; es antológico porque se nos hace palpable la obstrucción que Kiarostami nos impone para que observemos a los personajes y sus reacciones. Lo que no vemos es el convencional alcance con que se narran las historias, que resumen, que distorsionan, que limitan otras realidades que pasan ante nuestros ojos. “Like Someone in Love” es una pieza menor en el conjunto de filmes del realizador iraní, y quizás deba verse como un lado B intencionalmente opaco de “Copia Certificada”. Es otra observación aguda que clarifica las ficciones con que diariamente nos hemos acostumbrado a actuar. Kiarostami sabe bien que su arte escoge, altera, distorsiona también, y todo ello con fin de hacer visible algo que sabíamos, pero de lo que no éramos conscientes. Ese es el mayor éxito que cualquier realizador o cineasta puede desear. Y ya simplemente, a título personal, espero que no sea la última incursión en el terreno del cine narrativo de ficción del maestro iraní, que ha manifestado se concentrará solamente en obras de video arte. Hoy, más que nunca, se necesitan cineastas como Abbas Kiarostami.

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Ficha Técnica:
Japón, 2012, 109 min.
Título Original: “Raiku samuwan in rabu″.
Título Inglés: “Like Someone In Love”.
Director: Abbas Kiarostami.
Guión: Abbas Kiarostami.
Reparto: Rin Takanashi, Tadashi Okuno, Ryo Kase, Aoi Miyazaki, Denden.

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