De aviones estrellados y excursiones solitarias: Entrevista a Ezequiel Acuña

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Quiero comenzar pidiendo disculpas al mismo Ezequiel Acuña y a todos nuestros lectores, porque luego de más de un año guardada en mi disco duro externo, recién ahora pudo ver la luz esta entrevista. Por distintas razones –que sé que gravan la falta por lo demás- como tiempo para transcribirla, trabajo anexo, otras prioridades, mudanzas…, no fue sino hasta este minuto que recién pude terminarla. Debo agregar además que entrevistar a Ezequiel Acuña fue un completo placer y privilegio personal, ya que pude compartir con uno de mis directores preferidos de todos los tiempos. De hecho, no pude contener al fan cinéfilo que llevo dentro y lo primero que le dije luego de saludarlo fue que “Nadar Solo” no sólo era una de mis películas de cabecera, sino que era un referente tanto para mí como para mis mejores amigos. El contexto de la entrevista fue durante FICIANT 2012, en octubre del año pasado, Ezequiel venía como jurado para la Competencia de Largometraje de Ficción Nacional, además de una completa retrospectiva de sus películas; sin embargo, la entrevista, más que entrevista, fue una grata conversación por la cinematografía y los gustos de uno de los directores más aplaudidos de los últimos tiempos al otro lado de la cordillera.

Ezequiel, todas tus películas -“Nadar Solo” (2003), “Como un avión estrellado” (2005) y “Excursiones” (2009)- tienen mucho en común con sus protagonistas. Son personajes que están perdidos, desorientados, buscan un rumbo y no lo encuentran ¿de dónde nace ese tipo de caracterización en ellos?

Es verdad, los personajes son medio parecidos. En las tres películas lo que me parece que tienen en común es que son cercanas a mí, a mi vida, y los referentes son todos muy propios. Como por ejemplo “Nadar Solo”, de alguna manera representa más una época de la vida, el retratar esos momentos; y para colmo, realizarlos a una edad en que no estás tan alejado de esos personajes -“Nadar Solo” la filmé a los 24 años-. Tienes veintitantos años y los personajes dieciocho o diecinueve. No estás tan corrido, no estás haciendo una película a los 30 y estás haciendo una cinta de gente de 50 o una película de género. Son películas que tienen mucho de cotidiano y por ahí uno puede generar empatía a cierta edad. Pero va por ese lado, a mí siempre me interesó más el cine cuando una película me estaba hablando o yo le encontraba un acercamiento o cosas que me gustaban, más allá que me guste el cine en general. Las películas donde encontraba una verdad, algo personal.

Tampoco las películas que hice han trascendido tanto y no son películas tan grandes. Son como una mirada. Encontré en el cine una forma de expresar por ahí lo que me pasaba, podría haber sido la música, podría haber sido la literatura o podría haber sido otra actividad. Pero sí apuntan a reflejarme. Por ahí pasó más con “Nadar Solo”; tiene un grupo de gente a quien le está hablando, en cada ciudad, en cada país… algo medio reducido también, porque no todos somos extrovertidos y estamos escuchando Radiohead, Morrissey o lo que sea, o hablando de una generación en medio de los noventa. Pero a mí me pasaba eso y bueno, era como un poco mi vida, la película se filmaba en mi casa, Mar del Plata es una ciudad a la que iba mucho, y todas son las referencias cercanas a uno, uno también cuenta lo que ve o lo que le pasa, por ahí siento a veces que eso es más auténtico.

En las tres películas hay situaciones embarazosas e incómodas, incluso se acercan casi a lo patético ¿por qué la necesidad de plantear este tipo de situaciones?

Creo que tiene que ver un poco con lo que hablábamos antes. Esa búsqueda que decías del rumbo. Están medio perdidos, son como unos ovnis… también siento que caigo en eso, hay varios momentos en que me pasa eso; de hecho, recién estaba pensando “¿qué hago acá?” (risas). Creo que es eso. Pasa, por ejemplo, en algunas escenas de Nadar Solo; el personaje está en medio de algo que ya fue o tiene que ver con otro momento de su vida. Está buscando algo, pero ni él sabe lo que es.

Todas tus películas tienen muchos simbolismos en común: peces, aviones, el mar, bandas juveniles… ¿de dónde vienen esos símbolos?

Eso tiene que ver más con gustos, con imágenes, con libros, etc. Específicamente lo del mar tiene que ver con que yo soy medio fanático de ciudades con mar, también es como cuando uno revisa su vida de alguna manera: el ir a Mar del Plata con los años, ir en invierno también de vacaciones… te empieza a gustar más una ciudad media como muerta en invierno… bueno, empiezas a buscar los lugares que más te marcan, por ejemplo, si hubiese ido cuando chico a Rio de Janeiro por ahí hubiese hecho otro tipo de cosas, con otro espíritu, algo con música de carnaval, no sé. Pero no, los lugares eran esos. Uno busca fotos, busca cosas y aparecen esos lugares.

¿Y con respecto a los personajes? Utilizas casi a los mismos actores –Santiago Pedrero por ejemplo- o incluso el nombre Luciana se repite en tus películas.

¿Sí?… eso es raro igual, no sé por qué (risas). Lo de Luciana fue una casualidad. Lo de Santiago no, siempre fue un personaje como secundario. Incluso en “Como un avión…” iba a trabajar Nicolás Mateo, el mismo actor de “Nadar Solo”…

Disculpa la interrupción, pero justamente te iba a comentar eso también: los actores o personajes se parecen entre una película y otra.

Sí, se parecen un poco, tienen por ahí alguna que otra diferencia, pero tienen varias similitudes. Por ejemplo el personaje de “Como un avión…” tiene más una forma imperfecta en su manera de desarrollarse: es alto, físicamente torpe… como que su físico todavía está creciendo. Ignacio (Rogers) cuando protagonizó la película tenía 16 años, y yo lo iba a buscar al colegio y lo veía agarrando las tazas y las cosas de una manera muy torpe. Y también está bueno eso de conocer gente más joven. Uno tiene una edad no tan alejada y va siguiendo el crecimiento y los procesos de ellos. Y Santiago tiene sólo dos años menos que yo, pero él tiene su banda, ahora editó un disco con el que yo también aporté. Ignacio también estuvo en “Excursiones”, él empezó a estudiar cine al año y medio después, yo le daba un par de apuntes… en fin, hay una relación entre todos nosotros.

Al final, son todos son amigos y hacen las películas.

Con los años, me parece que es lo mejor. Y en el cine, o no te quedan amigos ya o mantenés algunos que no son tan vinculados a todo eso. Con Santiago fuimos a Valdivia al festival de cine el 2005 y Santiago no vio ninguna película, andaba como perdido, y no porque no le gusta el cine, sino porque lo querían meter en un lado y él prefería quedarse mirando el mar (risas). El tipo en realidad no tiene nada que ver con esas cosas, se aburre, pero no tiene que ver con que sea una mala persona, por ahí tiene algo más de común, por ahí dice “Che, vamos a salir de acá, vamos a otro lado” y cosas así. Es como con Matías (Castelli), el personaje de Marcos en “Excursiones”, nos conocemos de años, fuimos juntos al colegio, vivíamos a una cuadra… y hubo épocas que no nos vimos; entonces la historia refleja un poco nuestra relación porque a él lo echaron del colegio, después nos dejamos de ver un par de años, nos volvimos a ver, ahora él tiene una hija de doce años… entonces es como el grupo de amigos que tenés. Hay otra gente que la dejás de ver un tiempo pero aparece más, por ejemplo, a Antonella (Costa) hace tiempo que no nos veíamos pero hubo una época en que nos veíamos mucho.

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Hay una importancia relevante en la música dentro de tus películas, sobre todo con bandas independientes como Jaime Sin Tierra, La Pequeña Muerte, Jackson Souvenirs y La Foca ¿cómo llegas a introducir esas bandas a tus cintas?

Mirá, yo tocaba y me gusta mucho utilizar la música de por sí. Al principio estudié música antes que cine. Jaime Sin Tierra era una banda que iba a ver todo el tiempo. Me acuerdo que cuando les llevé el guión a los chicos y necesitaba que aparecieran en la película, fui con una especie de timidez como si fuera a ver a Thom Yorke, y ellos en Buenos Aires eran una banda que no llevaban mucha gente en ese entonces, y tenían un gran distanciamiento con los espectadores. Tocaban 40 minutos y se iban a la mierda. Eran unos tipos muy congelados. Entonces se les acercaba alguien con una edad similar a la de ellos y les llevaba el guión de una película -daba esa cosa que parecía que eran un clon tuyo-, entonces sentía que ellos me veían diciendo “¿qué es esta cosa que trae?” (risas). Después pasaron los años y, bueno, tenés una comunicación más normal. Pero sí, todas son bandas que me gustan y las sigo. También pasa que en el cine es muy caro buscar música de alguna u otra manera, pero siempre me pareció más interesante trabajar con bandas de rock. Por ejemplo, los Jackson Souvenirs son una banda de música instrumental y que, de alguna manera, puede ser perfectamente la banda sonora de alguna película, ¿no? Tiene esa cosa media de Yo La Tengo y ese sonido también de banda incidental. Por ahí siempre están los referentes.

Podríamos decir entonces que la música es algo muy relevante en tu vida.

Y sí, siempre estoy como todo el día bajando música, me compraba las Rock de Lux, trataba de irme al Primavera Sound… me gusta todo eso. Y en un momento empecé a tratar de ubicarlo en algo, ya que el tener la música presente todo el tiempo te va generando ciertas imágenes y ciertas cosas.

“Excursiones” es una película más cómica –por decirlo de alguna manera- que las otras dos y está filmada en blanco y negro, ¿por qué esta diferencia?

Porque hay un corto que hicimos diez años antes con los mismos actores y era la misma narración. Hubo una época, alrededor de un año y medio, que estuve desligado del cine; me fui a trabajar a una librería, estaba medio podrido de todo… era una época muy bajón en la que estaba, alrededor del 2006, por ahí. Y era raro, tenía treinta años, ya había hecho dos películas y estaba de cajero en una librería, de hecho, en esa misma librería se vendían las películas. Y había tenido la idea de una película que estaba estancada y eso me había desmotivado. Y bueno, en un momento, fue como “tengo que retomar esto” y surgió una idea que nos reencontró a Matías -aunque yo lo seguía viendo-, con Alberto (Rojas) yo había escrito los guiones de las otras películas, entonces teníamos un vínculo y me quedé pensando “¿por qué no hacemos esto que en algún momento lo habíamos hablado?”, como continuar un poco lo que había pasado en este corto, que eran ellos dos pasando un fin de semana juntos, y viendo hasta donde llegamos con esto. Y fue un proceso que nos reactivó a los tres, de vernos más y de empezar a armar una película a través de un reencuentro, además eran los 10 años que cumplía el corto… y el corto se había hecho el ’99 en super 8 y en blanco y negro… y bueno, fue como si nada, la película se hizo durante el 2009 prácticamente… los 10 años que habla el corto, son 10 años verdaderos. Incluso hay dos escenas que están filmadas que son del corto, pero no parece… desgraciadamente los personajes no cambiaron tanto, parece que estuvieron en formol (risas)… y en realidad aparecen escenas del corto, el material de super 8 está en la película. Están en el principio y en la escena de la terraza.

¿Cómo nació tu relación con Alberto Fuguet?

Había leído unos libros de él en una época donde consumía mucho cine y música. Buscaba libros de autores más generacionales y más cercanos, onda Bret Easton Ellis y Ray Loriga… todos escritores que me generaban ciertos acercamientos con la música y con un cierto lenguaje pop. Alberto fue el 2003 a Buenos Aires, estaba escribiendo en El Mercurio y teníamos un amigo en común. Lo invité a ver “Nadar Solo” y ahí supe que él también tenía ganas de filmar. Le gustó la película y empezamos a tener una amistad que se ha mantenido y crecido con el tiempo. Nos vemos cuando podemos, estando en Buenos Aires o en algún punto del mundo donde nos encontremos de casualidad. Hay un vínculo. Estoy al tanto de lo que está haciendo, hace poco le envié unas líneas de un guión que escribí, me ayudó a estrenar “Nadar Solo” en Santiago además. Es una persona que conmigo ha sido muy generoso y abierto, más allá de que mucha gente tenga prejuicios contra él, es una persona muy noble que te ayuda sin que se lo pidas. Cuando menos lo esperás, aparece algo de él y te enterás después; como Robert DeNiro en “Grandes Esperanzas” que le compraba los cuadros a Ethan Hawke (risas). Y cuando lo llamás para agradecerle, tiene esa cosa requisente y ya cuando te enteraste, ha pasado mucho tiempo y el agradecimiento ya fue. Y para mí, filmando ha crecido bastante… la cantidad de cine que tiene encima es impresionante. Sus tres películas me gustaron mucho, sobre todo “Se Arrienda”, encuentro que refleja ese conflicto personal que tiene Alberto, esa lucha contra el sistema, que finalmente, él es el sistema. En una oportunidad hasta me dijo de realizar “Mala Onda”, yo no sabía si era el momento y no quedamos en nada en realidad. Lo bueno de Alberto es esa forma de escribir que tiene que te dispara cosas. Es un gatillador, onda La Ley de la Calle, Salinger, Loriga… ese tipo de literatura. Como Nick Hornby en “31 canciones”, que empezás a averiguar las canciones y si no lo lees escuchando esas canciones, no sirve.

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Llama la atención en “Como un Avión…” muchas referencias a Chile. Por ejemplo algunas actrices como Macarena Teke, Blanca Lewin e incluso Manuela Martelli –que es la actriz principal-, además de la presencia de Valdivia como una de las locaciones principales.

Sí, eso fue medio raro… yo cuando fui al Festival de Valdivia, estaba con la idea de un guión que tuviera un lugar con bastantes bosques, con un clima medio gris y con lluvia… bueno, un clima medio melancólico. Quería cambiar de ciudad, además. Y justo en ese festival, conocí a un grupo de actores y directores chilenos con los que se creó un vínculo. El 2004 yo volví después a Santiago a estrenar “Nadar Solo” y hubo aún más cercanía. A Manuela la vi en “B-Happy” de Gonzalo Justiniano y me pareció una cara nueva. En Santiago la contacté y la vi en “Machuca” después. A Blanca la conocí gracias a Matías Bize, a Macarena gracias a Néstor… bueno, no sé. Había un vínculo; lo de ellas fue un poco gracias a la amistad que se había creado. Les ofrecí un par de pequeños papeles, no había mucho para ofrecer. Les pregunté si podían ir a Buenos Aires y las dos dijeron que sí. Y listo, todo fue en buena onda.

Incluso parecen cameos para el espectador chileno.

Sí, totalmente. Lo de Blanca es una escena y Macarena es una empleada en una farmacia. Fue de buena onda. La idea era compartir. El vínculo con un grupo de gente buena onda.

¿Tienes otras referencias del cine chileno aparte de Fuguet?

Lo que me pasa con Alberto es que cuando viene esa nueva camada de directores chilenos, a mediados del 2000, con él siento que el cine vuelve como a una parte más narrativa. Eso es algo que me gusta mucho. Y no sé si todo el tiempo, ese cine chileno que partió en ese momento, yo estaba muy interesado en verlo. Me llamaba la atención otro tipo de películas; cosas como “Machuca” de Andrés Wood, las películas de Gonzalo Justiniano, el documental de Silvio Caiozzi “Fernando ha Vuelto”, las películas de Raúl Ruiz… tenía más interés por ese tipo de cine. Son películas con otro tipo de diálogo a lo que se estaba haciendo en ese momento.

¿Algún proyecto actual en el que estás trabajando? ¿Algo que se pueda adelantar?

Sí, estoy trabajando en una película sobre una banda de rock en los noventa. Es una especie de comedia. Están también Santiago y Matías. Pero lo tengo medio demorado aunque el guión está escrito hace bastante tiempo. Hubo ensayos también. Es una idea de comedia media patética del mundo del rock. Es un poco más grande que las películas anteriores por lo que tiene más presupuesto, hay recitales y ese tipo de cosas y a veces hay que recatarse bastante con las escenas en ese sentido para no salirse del presupuesto (risas).

¿Qué estás mirando últimamente?

“Argo” de Ben Afleck me gustó mucho. Las tres últimas películas de Ben Afleck me gustaron mucho. También “Moonrise Kingdom”, la última de Wes Anderson. Estoy viendo bastantes documentales de rock y de música, algunas series de la BBC. También estoy viendo videoclips ya que voy a dirigir un video para la banda de unos amigos; algo más como tener referentes y sacar ideas.

Bueno, Ezequiel. Gracias por tu tiempo y esperamos verte pronto por estos lados. Y como te dije anteriormente, fue un verdadero gusto.

De nada, chicos. Un saludo a todos los que leen la página. Chau.

* Fotos: Anahí Pacheco G.






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