Respirando y viviendo cine: Entrevista a Antonella Costa

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Personalmente, creo que existen pocas ocasiones en donde las segundas partes son mejores que las primeras. Incluso en las películas. Un claro ejemplo son “El Padrino II”, “Terminator II”, “El Imperio Contrataca” y “Volver al Futuro II”… sólo por nombrar algunas. Bueno, afortunadamente esta fue una de esas míticas ocasiones. En el marco del FICIANT 2012, invitada como jurado para la competencia de cortometrajes de escuelas de cine, tuvimos la oportunidad de volver a conversar con Antonella Costa, la multifacética actriz argentina, quien -a estas alturas- podríamos decir que ya es parte de la casa. La primera vez que tuve la oportunidad de entrevistarla, fue gracias al poder de vínculo de las redes sociales. Ahora, el encuentro sería en vivo y en directo. El nerviosismo por ver a Luciana de “Nadar Solo” y a Elvira de “No Mires para Abajo” fue incontrolable hasta que la vi caminar majestuosamente por el lobby del Hotel Antofagasta. Con unos ojos enigmáticos, una simpatía radiante y una sonrisa que puede hacer olvidar hasta tu nombre, Antonella nos contó de sus múltiples proyectos; por supuesto, todos relacionados con la actuación y el séptimo arte. A continuación, para nuestros queridos lectores, dejamos con ustedes la agradable conversación que tuvimos con la actriz ícono del cine independiente argentino, donde el placer y el privilegio, fueron todos míos.

EOC: Antonella, la última vez que te entrevistamos estabas promocionando las películas Felicitas, Mal Día Para Pescar y El Vestido donde participaste actuando ¿qué pasó cinematográficamente después de aquello?

AC: Bueno, algo medio extraño, una acumulación de películas filmadas que no se han estrenado por distintas razones cada una (risas). Tengo la esperanza que para el año que viene puedan estrenarse, no sé si todas, pero sí la mayoría. Por ejemplo, “Mal Día para Pescar” nunca se estrenó en Argentina porque no tiene coproducción argentina, entonces no está obligada a estrenarse. Y estamos esperando un momento ideal para el estreno, pero bueno, decidir “un momento ideal” es difícil. También me encantaría realizar alguna movida para que se estrene en Buenos Aires. Después tengo otra que se llama “Olvídame” que es de Aldo Paparella, director de “Hoteles”, una peli muy experimental que se hizo hace algunos años, y además director de una escuela de cine de allá. La película la protagonizo con Gonzalo Valenzuela y supongo que estará para el año que viene. También está “Las Mariposas de Sadourní” que es una peli que está buscando un perfil de festival y un circuito que le convenga mostrarla. Es bastante especial. Es la opera prima de un rosarino llamado Darío Nardi, filmada en 35 mm en blanco y negro, cosa que prácticamente ya no se hace; incluso generalmente se filma en 35 mm en color y después se pasa a blanco y negro. Bueno, tiene esa característica, es una historia muy particular y original, escrita por Darío en un guión que trabajó durante muchísimo tiempo; incluso hay imágenes de la película filmadas hace años y que están en la película (una especie de preludio y flashback que aparecen en la cinta). Es un estreno que espero con mucha ansiedad. Y la última es en tiempos normales, se llama “Inevitable” y es de Jorge Algora -el director de “El Niño de Barro”-, es una producción española que protagonizo con Darío Grandinetti y Federico Luppi, y está basada en la exitosa obra de teatro “Cita a Ciegas”. La filmamos en junio y ahora se está terminando, debería estar estrenándose en marzo, por ahí. Además estoy haciendo una serie de televisión… ¡bah! Estoy hablando un montón, perdón, que lata (risas)… bueno, es una serie de televisión que se llama “Boyando” que es una producción entre Haddock – la productora de “El Secreto de sus Ojos”- y un premio estatal que premió a 14 series que se están produciendo y están empezando a salir al aire en algunas provincias y por internet; y que en algún momento va a salir por el canal estatal. Está buenísima. Es la única serie de humor de las 14, el único trabajo de humor que he hecho hasta ahora y la disfruté muchísimo, además es un producto excelente. Ojalá llegue a Chile. De verdad lo deseo. Voy a preguntar qué se puede hacer (risas).

EOC: En algún momento te dedicaste a la dirección en teatro, específicamente al dirigir “Montacargas” ¿cómo fue esa experiencia?

AC: Fantástica y agotadora (risas). Esencialmente, fue una obra de actores muy jóvenes –entre 19 y 20 años-, trabajando en un espacio reducido, que era el montacargas. Hay algo de la pareja hombre-mujer que me apasiona estéticamente. Esta obra que elegí tiene que ver con eso, más allá de lo amoroso, no es eso lo que me interesa sino ese algo estético, esa relación única que existe entre el hombre y la mujer. A nivel actoral, esos eran los puntos fuertes en los que trabajamos; y también jugamos mucho con eso, ella tenía un carácter bastante masculino y viceversa. Y bueno, debido a su entrenamiento y experiencia, habían bastantes conceptos que teníamos que arrancar desde cero con respecto a la actuación y que también me sirvieron para repasar las raíces del por qué y el cómo uno hace las cosas actuando. Fue también una etapa donde entré un poco en conflicto con respecto a la dirección y a la actuación. Uno quiere ser actor porque, bueno, el arte, la libertad y eso, y al final uno está “mirá para allá, ponete esta ropa, decí estas palabras, parate acá, ahora lo hacemos de nuevo, ahora no” y llega el punto en donde uno pierde un poco el norte creativo. Me pasó eso, y después, a raíz de la obra y de estudios que hice con distintos profes, cosas aisladas, lecturas y trabajos muy profundos sobre el tema, me di cuenta que hay otra manera de hacer las cosas y que justamente se trata de sostener ese espíritu.

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EOC: ¿Tuviste alguna preparación para ello?

AC: No, de caradura (risas). El caradurismo es la respuesta. No, de todas maneras lo tomé como un ejercicio, de hecho es una obra muy pequeña que produje yo y no involucré a nadie más que a los actores. Igual fue más bien como un taller para los tres. Entré a hacer esto y lo viví de esa manera. Después, con el proyecto ya montado, recibí subsidios estatales, pero bueno, concursos que gané con el proyecto ya armado, pero en principio, yo traté de hacerlo lo más pequeñito posible, precisamente porque estaba probando, aprendiendo y experimentando. No me considero una directora de teatro, ni nada.

EOC: ¿Pero fue sólo una experiencia? Me refiero a que la obra se estrenó solamente en Buenos Aires, ¿no hubo una gira o recorrido por otras ciudades para mostrarla?

AC: Sí… después como que me cansé, la verdad. Los chicos me insisten hasta el día de hoy para que la retomemos. De hecho, están medio creciditos, pero bueno, la obra se podría adaptar de todas maneras. Otra cosa que influyó fue a nivel de producción, algo que no lo pensé bien y tenía que ver con la escenografía. Si bien la obra es simple, la escenografía es muy pesada y difícil de construir, ya que debe tener mucho aguante, porque ellos la golpean y maltratan mucho, y es algo imposible de trasladar. La obra necesita del ascensor, que es un elemento fundamental de la escenografía, y, lamentablemente, no se puede armar en cualquier lado. Eso fue una estupidez. Podría haber elegido otra pieza o elegir otro montaje donde no fuera tan fundamental ese tipo de escenografía. Ahí me equivoqué.

EOC: Últimamente estás muy ligada al cine chileno. Desde hace dos años, has montado muestras de cine nacional en el Malba y ahora se viene una muestra en diciembre en Córdoba. ¿De dónde nació la necesidad de mostrar cine chileno?

AC: En realidad la muestra en Córdoba es la misma de la última realizada en el Malba. Comenzó como algo que yo armé desde mi mail, mandando correos a los directores que conocía, algo muy informal. Hablé con el programador del Malba, quien fue muy generoso y me ofreció el espacio. Tuve una muy buena respuesta. Este año también tuvimos apoyo de un fondo de la DIRAC –Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile- que nos permitió llevar a realizadores y actores, y tenía como condición que la muestra fuese itinerante. Entonces aprovechamos el presupuesto para llevarla al Festival de Cine de Montevideo y a Córdoba, que es la última etapa de esta itinerancia, donde además el cineclub Hugo del Carril estaba interesado en algunos ciclos del año pasado, y logramos convenir entre todos que el ciclo se diera, porque el objetivo final es que las películas se vean, no cerrarnos a una programación. Igual todas las películas de la muestra son actuales, ninguna tiene más de 3 años.

Y con respecto a la necesidad, bueno, empecé a viajar a Chile debido al noviazgo que tengo con Che (Sandoval) y por mi familia que recuperé. Mi papá es chileno, salió debido a la dictadura en Chile y no volvió nunca más. Era otra época, en ese momento perdió contacto con su familia. Bueno, la historia es re triste y también quedó bastante mal de toda esta experiencia, no retomó nunca el vínculo, no intentó y no viajó nunca más. La nueva generación de primos -que algunos ni siquiera sabíamos que existíamos entre nosotros- empezaron a atar cabos con el apellido de seudónimo como actor de mi papá (lleva el apellido de su madre) y el parecido físico. Entonces esta actriz argentina de apellido Costa, mi viejo que vivía en argentina… empezaron a atar cabos y me encontraron, así descubrí quienes eran ellos… es fuerte, todavía me emociono un poco… Bueno, por esos dos motivos comencé a viajar acá. Obviamente, lo segundo que hacía después de comer mariscos -mi debilidad- era meterme al cine a ver películas nacionales, lo hago en cualquier país que voy. También con Che empezamos a ver las pelis de sus amigos, además de ver algunos DVD’s de películas chilenas. Siendo un director de cine, es algo regular en su vida, también acá es pequeño el círculo y todos se conocen; entonces de tanto verlas, empecé a descubrir algunas características que se destacaban, una nueva camada de directores jóvenes muy grande, superando ampliamente los nombres reconocidos del pasado, con una creatividad, un mundo interior muy fuerte y un sentido del humor asombroso. Eso es algo particular. No necesariamente haciendo comedias, el sentido del humor es un rasgo muy distintivo y muy fuerte del cine chileno que no se ve en otros países. Por ejemplo, el cine francés tiene sus comedias, pero en las películas dramáticas es muy difícil encontrar humor… en cualquier país en realidad. En Chile se distinguen mucho por eso. Otra cosa que me llamó la atención son las historias en común. Todo lo relacionado con la dictadura y la post-dictadura, las diferencias de paisajes entre el norte y el sur… bueno, cantidad de elementos en común; obviamente con distintos puntos de vista, distintos estilos y distintas estéticas, pero que son motivos para verlas, y el ver que ninguna de esas películas cruzara la frontera, me empezaba a dar como bronca (risas).

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EOC: Bueno, es que también tenemos ese biombo gigante entre nosotros.

AC: Sí, pero en realidad es el eterno problema de diálogo cinematográfico entre todos los países de Sudamérica. A mí se me presentó la oportunidad de armar algo con Chile y lo hice. Si mañana pasa lo mismo con Brasil o con Perú, también lo haría. Además está todo lo que define al cine chileno y el momento que vive el país con todo el mundo mirando para acá, entonces también fue el aprovecharnos un poco de eso. Por otro lado, está el BAFICI que tiene mucha presencia chilena, pero que también tiene un estilo; por ahí hay películas que quedan fuera del festival pero que igual existe un público al que le interesa verlas. Mayoritariamente, esos son los motivos para hacerlo… y hay que ver qué pasa el año que viene, si esto trasciende o no.

EOC: O sea que ya tienes pensado en realizar una tercera muestra.

AC: Lo que pasa es que va cada vez mejor. Este año fue muchísima gente, tuvimos un pressbook enorme, salió recomendado en todos lados. Por suerte tengo también mucho apoyo de los críticos como de la gente del mundo del cine que apoyan las selecciones que hago. Eso es gratificante, ya que no es algo que les pido que hagan, pero ocurre que por ahí compartimos el mismo interés, los mismos gustos. Bueno, tuve suerte con eso, todo el mundo habló bien de la muestra… Sí, dan ganas. Lo que pasa es que a nivel financiero, el manejar todo el tema de los fondos y eso, no es lo mío. De a poquito estoy aprendiendo y viendo cómo articularlo para que exista el mayor beneficio posible. Las películas después de a poquito van teniendo trascendencia y hay muchas que se mostraron en las nuevas salas del Centro Cultural San Martín que están buenísimas e impecables, tienen una muy buena capacidad para cine independiente. También pasamos películas en las salas del BAMA -Buenos Aires Mon Amour- que también es un cine club que está trascendiendo mucho, con mucho público cautivo y pasando muchas películas por semana, van los directores, los productores y los críticos a presentar las películas y a  hacer debates. Bueno, el contacto con el Malba está hecho también. Igual he pensado en llevar la muestra más hacia el centro, es más accesible para la gente, estudiantes, chilenos radicados allá y mucha gente que puede interesarle. Quizás apuntarlo a otra gente, también.

Otro gran apoyo que tuvimos fue con la Escuela de Cine de Subiela. Hicimos una charla entre los alumnos de la Escuela y los realizadores y actores que viajaron para allá, teniendo una muy buena respuesta. Lo que sí, algunas películas se pasaron previamente a la inauguración del ciclo para que los chicos de la Escuela llegaran informados a la charla. Esto enriqueció mucho el diálogo. La Escuela además donó una beca al Ciclo, que antes de fin de año entregaremos a un estudiante secundario chileno para que pueda hacer la carrera de cine a la Escuela de Subiela a Buenos Aires. Sé que para Chile es un gran valor teniendo en cuenta el problema que hay acá en la educación… bueno, también es un poco eso, entregar una mini-manito (sonríe).

EOC: En cualquier caso, todo empezó como una propuesta personal y con el tiempo superó tus expectativas. No era con esa intención entonces.

AC: Era la intención de aportar con un grano de arena a esa situación de falta de diálogo entre ambos países, pero no tenía una ambición personal ni profesional ni económica. Por supuesto que lo hice con la intención que saliera lo mejor posible llevando las películas que a mí más me gustaban, pero me empezaron a pasar cosas, como por ejemplo irme dando cuenta que se fue convirtiendo más en un servicio que en un capricho; si yo antes me ajustaba a mi gusto personal 100%, de a poco voy diciendo, “bueno, ¿por qué negarle a la gente este tipo de películas?”, por ahí hay cintas que le pueden gustar a un montón de gente, aunque por ahí no es el cine que yo elegiría, pero me parece que ya tengo casi la obligación y la responsabilidad de llevarlas por lo mismo. Eso me parece bello, no me parece algo como “oh, puta, me piden esta película… ¡qué macana!”, no, al contrario, me parece hermoso; y el ciclo se va armando al gusto de la gente y yo simplemente soy el nexo. Me encanta y me da muchísimo placer. No es sólo imponer mi propio gusto; bueno, hay otras maneras de hacerlo, ojalá triunfen los directores que a mí más me gustan, pero hay todo un universo que nadie tiene por qué perderse. Está buenísimo.

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EOC: ¿Has pensado en realizar la muestra al revés? ¿Llevar cine argentino a Chile?

AC: Me encantaría, pero por ahora no he tenido ninguna respuesta concreta, todos me preguntan, nadie me ofrece nada (risas). Bueno, y no es tan fácil desde allá, encontrar el espacio, las fechas… es más complicado. Eso sí, puedo dejar los vínculos para empezar conversaciones con distribuidores y el mismo INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), para ver si se puede armar algo, pero me encantaría que alguien me dijera “che, tengo una sala y te la presto” (risas). Ni hablar, me encantaría que fuera así, me parece que valdría la pena.

EOC: Supimos gracias a las redes sociales que estás a punto de comenzar a dirigir un taller de actuación ¿cómo nació este proyecto?

AC: Tardé muchísimo en decidirme. Me vienen preguntando y pidiendo desde hace años. Mucha gente se me acerca diciendo “bueno, quiero estudiar actuación en cine, si vos das clases, avisame o si no, decime con quién”, muchas veces, y yo no me animaba; sobre todo por lo que hablábamos antes, yo no tengo una formación formal o académica, entonces me daba como pudor decir “bueno, ¿que tendré yo que pueda enseñar?”

EOC: ¿Pero en Argentina existe algún prejuicio sobre ello? Porque en Chile lo habría.

AC: Lo que pasa es que quien no lo tiene, lo siente (risas). Allá habrá gente que lo tiene y no. En general, a mí lo que me decían era el tema de la experiencia, el “¿cómo no tendrás algo para decir con la experiencia que tenés?”. Evidentemente, eso es algo que se reconoce mucho allá. También pasa algo, nosotros estamos teniendo muchísimos egresados de las escuelas de cine y tal, pero por ejemplo, ahora acabamos de perder a Leonardo Favio; él empezó tirando cables a otro director en el set. Es parte de gente que aprendió haciendo, no estudió en ningún lado. Aprendió viendo cine, yendo al cine, viendo 5 películas por día desde que tiene 5 años y estando en el set, compartiendo con gente que ya lo sabía hacer y que lo aprendió de la misma manera. No había una escuela. En todo caso, hay algo bastante básico -sobre todo en cosas artísticas- y es que alguien empezó a hacer las cosas y después otra persona observó eso, lo bajó a papel y dio una clase para transmitírselo a otros, pero se empieza como una expresión natural. De cualquier forma, la dificultad permanente de hacer cine independiente en países como los nuestros, justamente se va volviendo más inspiradora que limitadora, ¿entendés? Eso es lo que me fue sorprendiendo cuando traté de ordenar los conocimientos, leí varios ensayos y artículos acerca del tema. Encontrar en los límites la inspiración más que la traba, eso sí se aprende y estoy segura que puedo transmitir ese conocimiento a otras personas. En el momento que me di cuenta de eso, fue que decidí hacer las clases. Básicamente tiene que ver con la experiencia viva del set y como convertir las supuestas limitaciones en inspiración y en trabajo activo para el actor. Bueno, y las diferencias entre lo que pasa con la actuación en cine y la actuación en teatro, tratar de evitar sortear estos obstáculos inexistentes. Otra cosa que cuesta que enseñen en escuelas son las relaciones con el equipo, lo que pasa en la preproducción, la construcción de un personaje de cine no es el mismo laboratorio de personaje que se realiza en teatro… Hay muchas cosas de las que me empecé a sentir más segura, las ordené, comencé a escribir mucho y siento que ahora puedo enseñarlas.

EOC: Y con respecto al FICIANT, ¿cómo has visto al Festival? ¿cómo ha sido la calidad de los trabajos visto en tu papel como jurado de los cortometrajes de escuelas de cines?

AC: Bueno, en realidad pude ver pocas películas. Algunas de la competencia nacional e internacional ya las había visto; sin embargo, me parece que la selección está muy prolija y variada, tiene esa cosa arremetedora que se proyectan sólo una vez, entonces te da una sensación como de vértigo (risas). Bueno, hay que llegar y verlas. Por otro lado, le está costando al Festival llevar gente a la sala, pero es una muy buena medida para empezar a hacerlo, que la gente empiece a vibrar esa oportunidad única de ver las películas. Me parece un buen método para empezar, son proyectos lentos, más sobre todo en una ciudad como Antofagasta, que por ahí no hay una escuela de cine, los horarios de los trabajadores también influyen… a pesar de todas las dificultades que hay, me parece que se está armando bien en ese sentido, llegan películas con mucho interés y de las que se ha hablado mucho.

Con respecto a los cortos de escuela, me encanta porque es el semillero de las nuevas generaciones, por todo lo que hablábamos antes. Me atrae muchísimo. Fueron 18 cortos seleccionados, me parece un pantallazo bastante importante de lo que está pasando en los últimos años. Se vienen buenas épocas… y también vicios, cuando ves los 18 juntos es como “a ver, a ver… este tema lo vamos resolviendo ahora” (risas). Bueno, es obvio, las modas y los estilos. Me parece que lo importante es luchar contra eso, el primer lugar y la mención honrosa apuntan a eso: a la personalidad, la diversidad y al riesgo. Igual hay otras cosas que se evalúan, siendo de escuelas, uno no puede negar que es una etapa en la que la experimentación y el riesgo tienen mucho más valor; porque justamente son jóvenes, y deben asumir esa juventud y aprovecharla, no mirar tanto al costado, sino que concentrarse y ponerse creativos. Me parece que es el momento para estimular más eso. Es un premio a la labor realizada pero también un estímulo para que sigan haciendo cosas.





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