CRÍTICA: «Dark Shadows» (2012) de Tim Burton, la sangre de Tim se quedó en los ’90

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Tras el estreno de “Alicia en el País de las Maravillas” el 2010, nos enterábamos de que el genio detrás de “El Joven Manos de Tijera” (1990) y “El Gran Pez” (2003) ya tenía planificado su siguiente trabajo: “Dark Shadows” (Sombras Tenebrosas), una comedia de vampiros basada en la exitosa serie de TV de fines de los ‘60 del mismo nombre, por lo que las expectativas eran bastante grandes.

Corría 1752 y la familia de los Collins, conformada por el padre, la madre y el pequeño Barnabas, se trasladaba de Liverpool a América para sacar adelante sus negocios. Pasados los años, un ahora millonario y poderoso Barnabas (Johhny Depp), rompe el corazón de Angelique (Eva Green), sin saber que ésta era una bruja, quien en venganza, decide acabar con la vida de sus padres y de Josette (Bella Heathcote), la enamorada de Barnabas, además de convertir al joven en vampiro y así extender su sufrimiento por toda la eternidad, enterrándolo y perpetuando su inmortalidad. Dos siglos después, en 1972, su ataúd es encontrado y Barnabas regresa, encontrándose en el mismo pueblo, ahora convertido en ciudad y en una época totalmente desconocida para él. Tras la búsqueda y un par de víctimas, llega a su vieja mansión, en donde ahora habita su descendencia: una familia compuesta por la madre, su hermano, sus dos hijos, un empleado, una institutriz y una doctora muy peculiar.

De pronto, y tras leer la sinopsis, nos podemos imaginar un relato repleto de elementos fantásticos, efectos especiales puestos a disposición de una tremenda historia y la rúbrica de un genio que sabe, como pocos, retratar este tipo de universos. Tras la presentación del pasado de Barnabas y la historia que marcó su destino, compuesta por imágenes líricas con el mejor Danny Elfman en la música del que tenemos conocimiento, comenzamos a vivir el presente del vampiro y su rencuentro con el mundo moderno, punto donde comienza la caída libre de un film sin detenerse hasta los créditos finales.

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Es sabida -y aplaudida- la capacidad de la dupla Burton/Depp para poner en pantalla los protagónicos más delirantes de la industria norteamericana, sin embargo, el excesivo uso de gags y situaciones ridículas, parten por restar credibilidad a la ficción, con un Barnabas demasiado infantil para una historia de amor, traición y venganza. Burton definitivamente dejó atrás los árboles retorcidos de “Sleepy Hollow” (1999), los salones steampunks de “El Joven Manos de Tijera” (1990) y los aterradores escenarios de “El Cadáver de la Novia” (2005), para hacerle frente a tétricas comedias, intentando darle dramatismo a historias que el mismo se encarga de hacerlas predecibles y faltas de ese corazón que tanto necesitó Edward Scissorhands. Intentar amenizar uno de los momentos claves de la cinta con un tremendo logo de McDonalds, para intentar explicarnos el enfrentamiento de Barnabas con la realidad tras su regreso dos siglos después, resulta casi imperdonable y es el mejor ejemplo de cómo el director, esta vez, esta más preocupado de entretener a cualquier costo y no de conformar una ficción sólida, en la que poco aporta un guion indefinido y que va a tropezones.

Probablemente, la misma historia podría haber sido contada en 30 minutos y la sensación habría sido la misma. Durante su desarrollo, tras la introducción histórica que da pie a la historia de Barnabas, la cinta nos presenta a más de diez personajes, todos con cierto grado de importancia, pero que a ninguno terminamos por conocer. Son demasiados los elementos y sub historias sobre las que se podría sostener el relato, pero que sólo se dedican a dar la más mínima explicación, adornando dos horas de metraje y desperdiciando un material que cualquier director desearía. Es inaceptable que un film avance y no sepamos qué está sucediendo ni por qué. Es inaceptable que se nos presente un personaje aparentemente importante y vital como lo es Victoria, la institutriz que llega a casa de los Collins antes de la aparición de Barnabas, y que desaparezca por completo de la narración, sino hasta el final, donde la historia lo exige. Extrañamente, la cinta se podría haber filmado perfectamente con tan sólo cuatro personajes y el resultado habría sido el mismo, y probablemente mejor. (Los cameos de Alice Cooper y del gran Christopher Lee son sencillamente, vergonzosos).

Debería estar hablando de la trágica historia que escondía David (Gulliver McGrath), el más pequeño de la familia Collins; o de la misteriosa personalidad de su hermana Carolyn (Chloë Grace Moretz); o de las inquietantes visiones de Victoria (Bella Heathcote); todos elementos fundamentales a la hora de comprender las motivaciones y la pasión que mueve al vampiro a amar a su nueva familia y a vengar la muerte de los suyos, pero que finalmente quedan en nada, probablemente en las hojas en borrador de un guion que prefirió rellenar la cinta con fáciles alusiones semi eróticas, gags desmedidos y, entre medio, uno que otro dato suficiente para entender un final esperado desde el primer minuto, llevándonos de la comedia al terror, luego al misterio y después al romance y reiniciando este ciclo sin ningún ritmo narrativo.

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A destacar dos de las más grandes actrices que, hoy por hoy, pueden apelar a su talento y sacarle partido a cualquier personaje, por muy vacío que éstos sean: Eva Green y Chloë Grace Moretz, la primera como la antagonista y la mejor bruja del universo Burton desde Anne Hathaway; y la segunda como Carolyn, quizás el papel más complejo de la película, cuya carrera va en ascenso a pasos agigantados y su nombre comenzará a escribirse con mayúsculas. La entrada vale por ambas. Como seguidor del director y admirador de sus personajes, me reservaré mi opinión sobre Depp y Bonham Carter. Sólo diré que quizás es momento de revitalizar la planilla, porque detrás de sus rostros, poco queda a la imaginación después de tanto papel similar.

Una historia que daba para mucho, sin necesidad de que Burton se alejara de su estilo y nos pudiera deleitar con su estética gótica, su belleza plástica y sus alucinantes personajes, una película donde Danny Elfman podía sacar a relucir sus mejores partituras para ambientar una de las historias más famosas de vampiros de la TV, la posibilidad de regalarnos una gran gama de personajes de la mano de grandes actores. Sin embargo, “Dark Shadows” se queda sólo en el intento, en donde además el mensaje de la trascendencia, la inmortalidad y la sed de venganza, presente casi por obligación en una cinta de vampiros, brujos y hombres lobos, se quedaron esperando su oportunidad.

“Dicen que la sangre es más espesa que el agua. Es lo que nos define”, dice Barnabas Collins. Al parecer, la sangre de Tim Burton se le quedó en los 90. Para historias de este tipo, nos basta y sobra Disney Channel.

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Ficha Técnica:
EEUU, 2012, 113 min.
Título Original: “Dark Shadows”.
Director: Tim Burton.
Guion: Seth Grahame-Smith, basado en los personajes de Dan Curtis.
Reparto: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Eva Green, Jackie Earle Haley, Jonny Lee Miller, Chloë Grace Moretz, Bella Heathcote, Gulliver McGrath, Christopher Lee, Ray Shirley, Alice Cooper.

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