CRÍTICA: «Wound» (2010) de David Blyth, heridas incurables

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Sentarse delante del teclado del computador e intentar escribir sobre «Wound» resulta un ejercicio realmente complejo, casi tan complejo como intentar asimilar todas sus escenas, digerir todas sus imágenes, descubrir todos sus simbolismos o encontrar una lógica a todo lo que presenciamos durante los 76 minutos que dura esta interesantísima película neozelandesa.

Y es que cuando te sientas delante del televisor para ver «Wound», tienes que ser consciente de que no vas a ver una película corriente, si no que te tienes que preparar para realizar un viaje a los rincones más ocultos de la mente de la protagonista, unos rincones invadidos por la locura en los que es imposible entender de primeras lo que uno ve, y en la que los traumas del pasado distorsionan el presente por completo.

El responsable de hacernos vivir esta experiencia es el director neozelandés David Blyth, que también se ha encargado de escribir su enrevesado guion, que se encarga de protagonizar de manera prácticamente exclusiva la actriz Kate O’Rourke.

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Llegados aquí, voy a hacer un punto de inflexión y recomendar a todos los que no hayan visto la película y tengan el más mínimo interés por ella, que dejen de leer e intenten hacerse con una copia de «Wound» inmediatamente. Por el contrario, los que no tengan pensado experimentar la locura o los que ya la hayan vivido, los invito a conocer mi libre interpretación del viaje a la mente de Susan. Acompáñenme.

Hablo de libre interpretación porque creo que nos encontramos ante una película inclasificable, una experiencia tan compleja que resulta imposible que dos personas saquen las mismas conclusiones de lo que están viendo, y esta es una de las grandezas de este film, hay una “herida” diferente para cada uno de nosotros.

«Wound» comienza golpeando duro, y nunca mejor dicho, ya que en la primera escena vemos como Susan (Kate O’Rourke) golpea a su padre con un bate de beisbol en la cabeza para después torturarle hasta la muerte. Pero no se trata de una tortura cualquiera, es una tortura centralizada en una parte concreta de su cuerpo, algo que inmediatamente nos revela un pasado de abusos y violaciones, uno de los puntos que han llevado a Susan a su situación actual.

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A continuación y sin un segundo de respiro, nos encontramos a una Susan sumisa, siendo dominada por Master John (Campbell Cooley), en una muestra de cómo Susan intenta anularse a ella misma y, de esta forma, apaciguar sus pensamientos más oscuros. Más adelante, descubriremos que su propia madre realizaba prácticas sadomasoquistas antes de que Susan, cansada de las vejaciones que sufría, decidiera acabar con ella.

El siguiente personaje en entrar en escena es Tanya. ¿Y quién es Tanya? Tanya es lado más oscuro de Susan, es el mal representado por su hija, fruto del incesto que nunca llegó a nacer. Llega reclamando un lugar al lado de su madre, pero no busca su cariño, si no completarla, y es que Susan y Tanya, Tanya y Susan, forman una única persona, son el bien y el mal. Una vez aparece Tanya, el viaje emprende un rumbo sin vuelta atrás, un descenso a una locura paranoica que queda perfectamente reflejada a través de diferentes escenas y situaciones cargadas de unos simbolismos abiertos a todo tipo de interpretaciones. Nos encontramos situaciones en la que los personajes ocultan sus rostros con unas máscaras inexpresivas que les representan a ellas mismas, dejándonos claro la falta de sentimientos y el vacío que pueden llegar a sentir.

Por otro lado, nos encontramos con la figura de un hombre de gran tamaño que oculta su rostro tras una máscara de cerdo. Esta figura en todo momento se muestra como alguien desagradable y lascivo y que atenta contra la integridad de Susan; un reflejo de los abusos sufridos en su infancia.

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Otra muestra de hasta qué extremo llega la mente de Susan, la encontramos en sus excrementos envueltos en papel de aluminio que conserva en un gran arcón. La primera vez que aparecen, no sabemos de qué se trata y vemos cómo Susan los entierra conjuntamente con el cadáver de su padre. Más adelante, se nos revela el contenido de los misteriosos paquetitos y nos muestra cómo Susan se niega a desprenderse de nada que haya generado su cuerpo. La última parada de este tormentoso viaje tendrá lugar en un tren, un tren en el que Susan buscara desesperadamente a Tanya y en el cual encontrara el vacío de su alma.

«Wound» es una película en la que todas y cada una de sus escenas tienen un significado y tienen un por qué, y no quiero acabar este comentario sin destacar la mejor y mas esclarecedora escena del filme: una escena en la que podemos ver a Tanya lamer del suelo la sangre de su propio aborto, todo ello mientras su madre se desangra al otro lado de la puerta. Sublime.

Hacía tiempo que una película no me quitaba el sueño, pero «Wound» ha conseguido instalarse en mi mente, ha conseguido sumergirme en la locura de Susan y hacerla mía, me ha causado unas heridas que tardaran mucho en cicatrizar.

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Ficha Técnica:
Nueva Zelanda, 2010, 76 min.
Título Original: “Wound”.
Director: David Blyth.
Guion: David Blyth.
Reparto: Kate O’Rourke, Te Kaea Beri, Campbell Cooley, Sandy Lowe, Brendan Gregory, Ian Mune, Maggie Tarver, Chrystal Ash, Matt Easterbrook, Matt Easterbrook.

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