CRÍTICA: “Bonsái” (2011) de Cristian Jiménez, la película en que ella muere y el protagonista se queda solo

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“Bonsái” (2012), la última película del chileno Cristián Jiménez, es el relato acerca de cómo Emilia muere y Julio se queda solo. O, al menos, así es como la misma nos describe su propio final.

Inspirada en la novela homónima del escritor chileno Alejandro Zambra (y seleccionada en la categoría Un Certain Regard para Cannes 2011), lo que “Bonsái” resulta ser es, en definitiva, un relato acerca del primer amor. Una historia por la cual transita el engaño, las separaciones y el olvido; una vívida representación del romance adolescente y sus consiguientes desencuentros.

Julio (Diego Noguera) es un inexperto escritor que, en la búsqueda de su propia senda literaria, se encuentra interesado en la labor de transcribir un manuscrito de la última creación de Gabriel Gazmuri (Hugo Medina), un consagrado novelista a quien Julio admira. Sin embargo, cuando Gazmuri decide rechazar sus servicios por una oferta más económica, la incapacidad de Julio para asumir el fracaso de este proyecto lo conducirá a urdir un falso escenario, en el que hará creer a Blanca (su pseudo- pareja interpretada por Trinidad González) que efectivamente se encuentra trabajando para Gazmuri. De este modo, y para que la mentira funcione, el joven escritor dará forma a un manuscrito de su propia autoría (al que titulará “Bonsái”), para ir mecanografiándolo como si se tratara de la supuesta obra del reconocido escritor.

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De esta forma, Julio irá volcando en las líneas de dicho manuscrito parte de la historia de su propia vida, poniendo particular énfasis en su experiencia de hace bastantes años atrás junto a Emilia (Natalia Galgani), la joven que fuera su primer amor en el Valdivia de los años 90. Así, los recuerdos de su juventud serán presentados en pantalla a la par con el presente del protagonista, intercalándose por medio de un montaje paralelo en capítulos que describen tanto los acontecimientos actuales en la vida de este treintañero, como secuencias en las que nos vemos enfrentados sólo a los hechos que él mismo guarda en su memoria.

 El elemento decisivo en el desarrollo argumental de la historia de “Bonsái”, es el factor emotivo de la nostalgia. La soledad actual a la que se ve enfrentado Julio, por ejemplo, inmerso en una relación que es mucho más sexual que espiritual, se presenta así como indiscutiblemente ajena al pasado que él mismo describe idealizado. En la misma línea, la figura de Emilia, como el fantasma eterno en la vida del escritor, cobrará entonces forma en su presente de manera solapada y trágica a la vez, en una historia que, pese a tener algunos acertados momentos cómicos, se encuentra profundamente determinada por la tristeza.

La presencia constante, no sólo de la literatura, sino que también de la música, será, por otra parte, una de las características que tomará fuerza en la construcción de esta cinta, en un relato que se inscribirá desde el inicio como ligado a la esfera del arte y en el que se hará mención frecuente a bandas, libros o autores clásicos de las letras. Así podremos ver, por ejemplo, cómo la relación de ambos jóvenes se encuentra marcada por la mentira acerca de haber leído a Proust, o cómo el grupo de Eddie Pistolas hace de las suyas tocando en vivo dentro del mismo filme. El jugueteo que para ellos supone la lectura diaria de ciertos extractos de libros, en tanto, resulta también ligado al ámbito de la inclusión artística al configurar en pantalla un sutil guiño godardiano capaz de remitirnos a la francesa “Une femme est une femme” (Jean-Luc Godard, 1961), cinta en la que también lo literario toma relevante significación dentro de la pareja presentada en pantalla, al suponer un código interno sobre el cual es construida la misma.

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Los planos de realidad fragmentada, sobre todo en las escenas que reflejan el aspecto íntimo de los personajes, será otra de las condiciones definitorias del carácter de “Bonsái”. Durante las múltiples secuencias desarrolladas en la cama, por ejemplo, será común el ver ciertos encuadres correspondientes a extractos de cuerpos, siendo éste el modo que el director utiliza para adentrarnos en la cercanía de dichas escenas. Así, seremos testigos principalmente de los brazos, rodillas, manos o rostros de la pareja, en definitiva de una suma de cuerpos fragmentados que al unirse son capaces de formar un todo, como una analogía a la manera en que los recuerdos de Julio, en conjunto con sus vivencias actuales, construyen también su historia.

Una cámara en gran medida contemplativa, un sufrimiento soterrado y la melancolía inagotable de la memoria serán las grandes bases sobre las cuales “Bonsái” está construida. Una película que se desmarca de los tópicos comunes que suele caer el cine chileno (plagado de conflictos políticos, problemas existenciales de la clase acomodada y caricaturización de los sectores populares) y que consigue acercar a la audiencia, sin mayores aspavientos, a una representación certera y honesta sobre relaciones humanas y nostalgia adolescente.


Chile, 2012, 102 min.
Título Original: “Bonsái″.
Director: Cristián Jiménez.
Guion: Cristián Jiménez.
Reparto: Gabriela Arancibia, Cristóbal Briceño, Nathalia Galgani, Trinidad González, Ingrid Isensee, Paola Lattus, Hugo Medina, Diego Noguera, Andrés Waas.


 





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