CRÍTICA: «Snowtown» (2011) de Justin Kurzel, el estado puro de la miseria humana

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Jamie (Lucas Pittaway), un joven de 16 años que vive con su madre y sus dos hermanos en un barrio pobre de Adelaida, acaba siendo arrastrado por su padre a un mundo de fanatismo y violencia.

Es imprescindible que antes de que hablemos de la película «Snowtown», conozcamos los hechos en los que esta basada, ya que trata sobre los brutales crímenes perpetrados por uno de los asesinos en serie mas crueles de los últimos tiempos, el australiano John Bunting. Quizás su nombre no les suene demasiado, ya que no tiene ni el glamour ni la repercusión que han logrado adquirir otros asesinos como Manson, Ed Gein, Bundy o Gacy, de los cuales se han realizado multitud de películas.

Entre agosto de 1992 y mayo de 1999, Bunting y su séquito cometieron 12 asesinatos que recibieron el sobrenombre de «Los Crímenes de Snowtown» o «Los Asesinatos de los Barriles». Sus víctimas eran supuestos pedófilos, homosexuales y personas con deficiencias psíquicas, y antes de morir recibían todo tipo de torturas. El 20 de mayo de 1999, se encontraron la mayoría de los cadáveres, en total ocho de ellos, desmembrados y ocultos dentro de unos barriles repletos de ácido que se encontraban en un edificio abandonado de Snowtown, que anteriormente había albergado el banco de este pequeño pueblo del sur de Australia.

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John Bunting era el líder, el motor sobre el que giraba todo este engranaje de muerte y tortura, pero no actuaba solo, ya que consiguió rodearse de un grupo de marginales que cumplían todas y cada una de sus órdenes. Entre ellos destaca la figura de Jamie Vlassakis, un joven que pertenecía a una familia desestructurada, que era  victima de abusos sexuales y al cual Bunting fue adoctrinando hasta conseguir que colaborara con él, como mínimo, en cuatro asesinatos, incluyéndose entre las victimas sus dos hermanastros. Precisamente la figura de Jamie Vlassakis va a ser la que nos guié durante toda la película, es el eje sobre el que se construye esta terrible historia que golpea y deja secuelas a todo aquel que la visiona.

Y es que tras los primeros cinco minutos de película, el mal rollo ya empieza a incomodar a un espectador que presencia como Jamie (Lucas Pittaway) y sus hermanos sufren abusos por parte de un pedófilo que vive enfrente de ellos. Lo más duro de esta situación no son los abusos en sí, sino la indiferencia con la que Jamie los afronta, hecho que inmediatamente nos hace reflexionar sobre el tipo de vida que lleva, tanto él como el resto de su familia.

En el momento en que Elizabeth (Louise Harris), la madre de Jamie, se entera de estos hechos y se empieza a hablar de ellos en la zona, aparece la figura de John Bunting (Daniel Henshall), que encuentra en ello la perfecta puerta de acceso a una familia y un vecindario marginales que se encuentran consternados por la noticia, el lugar idóneo para hacer propaganda de sus ideales. John aparece como un mesías, como un líder afable y comprensible que velara por todos y no permitirá que se produzca ningún abuso más a menores. Para eso cuenta con la ayuda de un grupo de personas que se encargan de investigar y localizar a todos los presuntos pederastas de los alrededores, para después acabar con ellos utilizando un amplio arsenal de torturas degradantes.

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La película intenta obviar en parte los crímenes y la tortura y se centra en la relación que se establece entre John y Jamie, una relación en la que John se aprovecha del vacío interior y la indiferencia que muestra Jamie para, poco a poco, intentar moldearlo a su imagen y semejanza.

John comienza adoptando una postura protectora y paterno filial, ganándose plenamente la confianza y la admiración del joven, para después inculcarle todos sus ideales de odio y muerte de una forma sublime, consiguiendo anular su voluntad y convirtiéndolo en su marioneta, y aunque no lo parezca, todo movimiento y todo acto que realiza Jamie está perfectamente orquestado por John, como podemos comprobar en la aterradora escena que da fin a esta gran película.

«Snowtown» es una obra cruda, dura, y realista, sobre todo realista, ya que consigue transmitirnos multitud de sensaciones desagradables sin necesidad de artificios visuales. Estamos presenciando unos hechos que sabemos que han ocurrido realmente y los estamos viendo de una forma demasiado real, en el que parece haber pocas licencias ficticias, y eso produce auténtico terror. Tampoco se trata de una película repleta de escenas explícitas, aunque las pocas que hay enseñan o dejan a la imaginación situaciones desgarradoras, de esas que taladraran tu mente durante un buen tiempo.

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Las actuaciones son formidables, aunque hay que destacar del resto a Daniel Hensall, que encarna a uno de los psicópatas mas cercanos y creíbles que recuerdo en mucho tiempo. A ello, ayuda el enfoque de la película. Es todo un acierto ver la situación desde el punto de vista de Jamie, ya que eso hace que sintamos cómo John nos manipula y domina a su voluntad.

Nos encontramos ante la ópera prima del director Justin Kurzel, una obra que sin duda pone el listón muy alto de cara a sus nuevos trabajos y con la que ha conseguido ganar el Premio del Público en el Festival de Cine de Adelaide y una mención especial en Cannes.

«Snowtown» suele clasificarse como drama o como thriller. Para mi, «Snowtown» es terror, terror en estado puro, terror realista y terror del que te remueve las entrañas.

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Ficha Técnica:
Australia, 2011, 120 min.
Título Original: “Snowtown”.
Director: Justin Kurzel.
Guion: Justin Kurzel, Shaun Grant
Reparto: Daniel Henshall, Lucas Pittaway, Craig Coyne, Louise Harris, Frank Cwiertniak, Matthew Howard, Marcus Howard, Anthony Groves.

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