CRÍTICA: «The Constant Gardener» (2005) de Fernando Meirelles, el negocio farmacéutico por sobre el amor

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Basada en la novela del mismo nombre de John Le Carré escrita en 2001 y bajo la dirección de Fernando Meirelles (reconocido director brasileño y famoso por su película «Ciudad de Dios»), «The Constant Gardener», plantea una mirada sórdida acerca del negocio de la industria farmacéutica en territorio africano y cómo actúa el círculo que se esconde tras esta maquinaria.

Bajo este discurso político-social, se desarrolla la trama romántica que tiene como protagonistas a Justin Quayle (Ralph Fieness) y Tessa Quayle (Rachel Weisz). Él, un diplomático británico en Nairobi, Kenia; ella, una activista entrometida. La historia del film no es lineal –tratamiento semejante al de «Ciudad de Dios»– por lo que va escondiendo sucesos y revelando otros, los cuales el espectador finalmente tendrá que ir uniendo con el transcurso de los minutos. Este manejo temporal da dinámica a la narrativa, logrando así una película inteligente en todo sentido, tanto por el manejo espacio-temporal como por el mensaje evidente que plantea; desarrollándose junto a la mencionada historia de amor de la pareja -un tanto extraña- y en la que Justin Quayle irá descubriendo el trabajo de su esposa, desencadenando una serie de sucesos que llevarán al protagonista a seguir el trabajo activista de Tessa Quayle luego de su muerte.

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En «The Constant Gardener», no se puede pasar por alto el discurso político-social que presenta –en este caso, mucho más significativo que prestarle atención a la relación de la pareja diplomático/activista que da ritmo a la historia- el cual se sitúa en los pobladores africanos (en este caso kenianos) que son utilizados y con quienes experimentan, acatando lo que las grandes farmacéuticas les imponen, sin saber lo que se esconde detrás de toda esta “buena acción social”.

«The Constant Gardener» presenta el mundo detrás de lo que vemos en los stands farmacéuticos al momento de comprar medicamentos, observamos toda la maquinaria que gira en torno a este negocio lucrativo, así como también sucio, discriminador, sin corazón y, quizás, aterrador. Personas poderosas e intocables se esconden detrás de marcas comerciales y su publicidad asociada, los cuales, tal como presenta el film, son capaces de eliminar a cualquiera que se entrometa en sus negocios, a través de un largo camino de llamadas telefónicas. “Crimen organizado empresarial”, nos dice en una escena Tim Donohue (Donald Sumpter) en los minutos finales de la cinta.

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Fernando Meirelles, con esas cámaras intrusas, en mano, muy bien utilizadas y acorde a lo presentado en cada escena, sigue esa línea cinematográfica de carácter político-social, denunciando o revelando hechos que son parte del mundo, donde se mueven cantidades estratosféricas de dinero y en el cual gente poderosa tiene, como consigna de vida, cuidar de sus intereses a costa de cualquier precio. Esto es válido, inclusive más válido que el de miles de pobladores de bajos recursos en África, y quizás mucho más válido que el de cualquier ciudadano común y corriente que sustenta el bolsillo de estos grandes mercaderes, dependiendo diariamente de los medicamentos que fabrican.

«The Constant Gardener», es otra película que no se separa mucho de la realidad, tampoco pasa desapercibida; sin embargo, por lo mismo, no tengo idea como pasó desapercibida para los menos asiduos al cine, las grandes cadenas de cine y para la gran maquinaria publicista.

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Ficha Técnica:
Reino Unido, 2005, 128 min.
Título Original: «The Constant Gardener».
Dirección: Fernando Meirelles.
Guión: Jeffrey Caine, basado en la novela de John Le Carré.
Reparto: Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Danny Huston, Bill Nighy, Hubert Koundé, Donald Sumpter, Gerard McSorsey, Pete Postlethwaite.

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