CRÍTICA: «Nowhere Boy» (2009) de Sam Taylor Wood, Lennon y la imagen de una época

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Con una historia basada en los escritos de Julia Baird, hermana menor de John Lennon, fue estrenada esta semana en las carteleras locales la ópera prima de la realizadora Sam Taylor Wood, fotógrafa y videoartista británica que busca, por medio de esta cinta, introducirnos en ciertos aspectos de la no muy comentada adolescencia de uno de los íconos pop más significativos de los últimos años.

Con una estética cincuentera muy bien lograda, en la que se hace mucha referencia a todo el apogeo de la época de Elvis (a quien Lennon admiraba) y con una banda sonora muy acorde, “Nowhere Boy” intenta graficar los años en que este artista del rock pasaba por la difícil misión de convertirse, desde un impulsivo y atrevido niño, a ser el hombre cuyas letras y composiciones marcarían eventualmente a más de una generación. Centrándose en las dificultades propias de un quinceañero promedio, Taylor Wood consigue entonces invitarnos a dar un vistazo a la parte menos conocida de la vida de este músico, enfocándonos mayormente en los sucesos que marcaron su vida con anterioridad a la explosión de la contagiosa beatlemanía. En ese sentido, es de importancia señalar el hecho que esta cinta no debe ser pensada como una película acerca de los Beatles (ni siquiera acerca de la carrera musical de Lennon), pues de creerlo así, corremos el riesgo de decepcionarnos con una historia que tiene mucho más que ver con conflictos juveniles que con el talento, y con la conformación del núcleo familiar más que con la fama mundial.

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De este modo, los temas tocados en “Nowhere Boy” corresponderán en gran parte a los momentos más dolorosos en la vida de este adolescente, los que incluirán la muerte de su única figura paterna, el abandono sufrido por su madre y la posterior adopción por parte de su tía, quien lo somete a los más estrictos cuidados y enseñanzas. Los tópicos principales sobre los que gira esta cinta, entonces, más allá de cualquier otro asunto, gravitan en torno a la influencia que para Lennon significó su relación con estas dos mujeres, quienes supieron cómo marcar profundamente los inicios de este hombre y que ayudaron, además, a dar forma a una de las más importantes figuras del mundo de la música.

En efecto, la reaparición de Julia, la madre biológica del muchacho, luego de varios años de ausencia, es el puntapié inicial para todo el hilo argumental que será desarrollado a lo largo de la hora y media de duración del filme. Veremos así como una férrea disputa entre estas dos hermanas, tanto por el amor como por la crianza de Lennon, se instalará en el centro del relato para dividir la vida de este adolescente en dos frentes: el rigor de la educación entregada por “Mimi” (Kristin Scott Thomas) y la frescura licenciosa con que llega “Julia” (Anne-Marie Duff) a desordenar sus días. El momento crucial de esta cinta, efectivamente, se haya constituido por el enfrentamiento en el que ambas mujeres intentarán hacer valer su palabra sobre el tutelaje de John, mientras se revelan los motivos que tuvo Julia para abandonar a su hijo de pequeño. En esta escena, de exacerbado dramatismo, la directora británica termina por dejar en evidencia el hecho que su pretensión nunca fue hacer una película sobre los aspectos más musicales de la vida de Lennon, sino que más bien ansiaba reflejar la problemática del abandono y la adopción femenina por sobre la magistralidad de la obra de este personaje.

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Así, lo musical en esta cinta será también conducido por la figura de estas dos mujeres. Por un lado, Julia será quien introducirá a John en el mundo del arte, sorprendiendo ella misma a su hijo con su talento y enseñándole a tocar el banjo; en tanto que la primera guitarra del ídolo llegará a su vida gracias a la acción de su tía Mimi, quien evidentemente busca complacerlo al ver que su hermana Julia pretende arrancarlo de su lado. La contraposición de ambos hogares comienza aquí ya a ser más evidente, y mientras Mimi se preocupa en exceso del qué dirán y de los principios que le entrega a su sobrino, la pelirroja Julia lleva un estilo de vida absolutamente informal y con una clara tendencia a mezclarse, incluso, con una implacable inmadurez.

A partir de esto y con la formación de la primera banda de Lennon, “The Quarrymen”, hacen su aparición en escena los personajes correspondientes a McCartney y Harrison (éste último sumamente incidental), quienes curiosamente son llamados aquí sólo por sus nombres de pila y sin hacer mención de sus apellidos en ningún momento (cuando John presenta a Paul se burla denominándolo McCharmly, por ejemplo), así como tampoco se menciona nunca el nombre de la banda que los haría pasar a la historia como uno de los más grandes hitos musicales de todos los tiempos. La lucha de egos, eso sí, se evidencia desde un comienzo dentro de los integrantes del grupo, al igual que el estatuto de ídolo que el propio Lennon quiere para sí mismo. La petulancia de este frontman, de hecho, es más que una constante en esta cinta, en la que es posible encontrarlo portando una imagen pedante y narcisista con la que intenta esconder al pequeño niño abandonado que lleva dentro.

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A nivel de interpretación de roles, en tanto, la elección de Aaron Johnson por parte de la directora ha sido bastante cuestionada debido a lo difícil que se le ha hecho al público en general asociar la imagen de este chico guapo que es Johnson con la idea del característicamente poco agraciado Lennon, pese a que su actuación resulta ser bastante buena y convincente. Personalmente, eso sí, reconozco que se me hizo un poco difícil identificar al líder de los Beatles con este quinceañero travieso y hormonalmente revolucionado, un jovencito que nada tiene que ver con la imagen pacifista y hippienta que actualmente se tiene del Lennon de los últimos años.  Por otra parte, las actuaciones de las dos mujeres de la vida de este muchacho, son, sin duda, el plato fuerte de este relato, en el que destacan potentemente estas dos madres con geniales ejecuciones de aquellas tan delineadas y disímiles personalidades que les han sido asignadas. La construcción de lo femenino se ve así reflejada en ellas desde dos veredas sumamente opuestas y no sólo en la línea argumental sino que también visual. Veremos, de este modo, cómo frente a la austeridad y compostura de una Mimi enfundada en rigurosos tonos grises, emerge también la figura brillante de Julia Lennon, una mujer que expele libertad e irreverencia en cada uno de sus movimientos y que se mimetiza constantemente con las vibrantes tonalidades del rojo.

Resumiendo, “Nowhere Boy” se presenta como un filme que, si bien trata de uno de los ídolos musicales más importantes de nuestra época, podría constituirse de forma independiente al desarrollo de esta biopic sin extrañar la figura de Lennon como eje central, focalizándose, por ejemplo, en la figura de algún otro joven “x” en el Liverpool de los 50’s. En ese sentido, el “nowhere boy” podría casualmente ser aquí cualquier muchacho atravesando por los problemas típicos de su edad; las dificultades con la autoridad, el descubrimiento sexual y la búsqueda de la identidad, entre otros, son entonces los temas mayormente tocados en esta realización, dentro de la cual y luego de un rato, acaba por diluirse la búsqueda de una representación de Lennon, para terminar por fundirse su imagen con la de toda una rebeldía adolescente de la época.


Inglaterra, 2009, 98 min.
Título Original: «Nowhere Boy».
Director: Sam Taylor Wood.
Guión: Matt Greenhalgh y Julia Baird.
Reparto: Aaron Johnson, Kristin Scott Thomas, Thomas Brodie-Sangster, Sam Bell, Anne-Marie Duff, David Morrissey, Ophelia Lovibond.


 





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