CRÍTICA: «El Casamiento» (2011) de Aldo Garay, el amor como condición natural

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Julia Brian es un transexual uruguayo de 65 años que, a pesar de haber sido sometido en 1993 a la complicada cirugía de cambio de sexo, no había visto reconocida su identidad de mujer por el Estado de su país hasta 2005. Ignacio González, en tanto, es un ex obrero de la construcción que atraviesa la séptima década de su vida y que lleva a cuestas una existencia duramente marcada por el alcohol y la miseria.

Hace ya veintiún años, en una víspera navideña, Julia conoció a Ignacio en una plaza. Desde ese momento y hasta ahora, sus destinos fueron marcados para comenzar una vida juntos y entablar una unión que recientemente ha sido llevada a la gran pantalla. De esta forma, y con su estreno en Chile de la mano de SANFIC 7, “El Casamiento” (2011) emerge hoy como el relato audiovisual de este amor nacido entre dos hombres biológicos, pero que, gracias a la acción conjunta de la medicina con la ley, llega actualmente a convertirse en una típica alianza de marido y mujer.

Todo comienza cuando el realizador uruguayo Aldo Garay, quien conoció y documentó a la pareja años atrás, recibe un llamado de Julia contándole de la proximidad de su matrimonio e invitándolo a ser el padrino de tan importante evento. Desde ahí, el director decide retomar el material que había dejado sin terminar anteriormente (“Mi Gringa, Retrato Inconcluso”) para dar vida con su cámara a esta inusual historia de amor por medio de un filme que, a lo largo de 71 minutos, nos irá haciendo testigos de cómo dos personas cuyas vidas parecían estar perdidas por la discriminación y la calle, pudieron salvarse el uno al otro por medio de su convivencia diaria.

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Con un tratamiento de imagen bastante sencillo y con la ausencia de un guión propiamente tal, lo que Garay consigue a través de esta última película suya es mostrarnos una historia real, más bien lejana a un elaborado trabajo de estetización visual. El ritmo pausado de cada una de sus secuencias (las que además carecen en muchas oportunidades de diálogo) refleja así de forma directa y sin grandes intervenciones las vivencias diarias que estas dos personalidades atraviesan junto a su mascota, retratándolos en situaciones tan cotidianas como el acto de tomar once, irse a dormir o visitar al peluquero.

Narrativamente, este documental se haya construido en torno al montaje paralelo tanto de las miradas retrospectivas que Garay tenía ya registradas de esta relación, como de las grabaciones más actuales de la misma, siendo éstas últimas las escenas en que presenciamos los preparativos que la pareja realiza para su matrimonio. El registro de años atrás, en tanto, no sólo refleja la gran cantidad de tiempo que ambos han pasado juntos, sino que además deja en evidencia el profundo deterioro del cual ha sido víctima Ignacio, quien ha visto su capacidad de desplazamiento y de habla bastante afectadas con el paso de las décadas. En efecto, si no fuese por los subtítulos con los que es presentado este filme, se haría sumamente difícil poder comprender los diálogos de la pareja en su totalidad, producto de lo poco claro del lenguaje del anciano.

En este escenario, Julia se nos presenta como una mujer prototípica: bastante vanidosa y coqueta, se preocupa de cuidar de ambos y de mantener el hogar en orden, además de dedicarse a atender pacientemente a este hombre desgastado por la edad, alimentándolo cuando es necesario y no permitiendo que su propio entusiasmo se vea mermado por los intensos períodos de diálisis a los que ella debe someterse. La devoción que Ignacio siente por Julia, en tanto, nos lo muestra en muchas ocasiones conmovido, sobre todo cuando se refiere a lo necesaria que es para él la presencia de su “gringa”. Respecto a esto, resulta conmovedora la espontaneidad que este hombre muestra ante la cámara, siendo la secuencia de su cumpleaños número setenta y cinco uno de los indiscutibles grandes momentos de la cinta.

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Sin ir en la búsqueda de ninguna pretensión fuera del deseo mismo de retratar la vida cotidiana de esta pareja, Aldo Garay nos presenta una obra tan honesta como sencilla, y en la que es posible evidenciar, además, el afecto que él mismo posee hacia la pareja, a quienes retrata con bastante cercanía. Una muestra de realidad llevada a su estado más puro, que afortunadamente dista de emitir los típicos juicios o cuestionamientos morales acerca de la transexualidad y que se concentra ante todo en la idea de cómo una pareja, aún en medio de su vejez, se encuentra decidida a consagrar finalmente su romance. “El Casamiento” se constituye así como un emocionante relato que no sólo nos presenta un sentimiento tan común como el amor desde la vereda de la diversidad, sino que también nos acerca a la problemática de la soledad y la búsqueda de compañía; una película que se enfoca en los miedos que la carencia de “un otro” supone (más aún con el avance de la edad) y en la innegable necesidad humana de poder amar y ser amado, un deseo que siempre y para todos, irá más allá de cualquier condición o convencionalismo social.


Ficha Técnica:
Uruguay/Argentina, 2011, 71 min.
Título Original: «El Casamiento».
Dirección: Aldo Garay.
Guion: Aldo Garay.


 





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