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Zoom In: J. J. Abrams, “Clear Eyes, Full Hearts, Can’t Lose”

Publicado el 16 de ago de 2011 | Sección: Columnas, Zoom In. | Visto 631 veces

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[Contiene spoilers]

 


 

“Super 8″
(2011) es puro cine inyectado directamente al corazón. Habla sobre él, acerca de él, dentro de él. Celebra su poder. Es un homenaje del guionista y director J.J. Abrams  (“Lost”, “Fringe”) al imaginario del primer Steven Spielberg, sí, pero ante todo, es una declaración creativa, honesta y sensible sobre la importancia de contar historias. Es una película que exuda amor por la ciencia ficción, por el oficio de desarrollar relatos con códigos excepcionales destinados a transmitir mensajes universales, relativos al amor, al aprendizaje y la paternidad.

 

Narrar, grabar, proyectar, maquillar y ver son verbos que se conjugan ex profeso durante la trama  del filme ambientado en un pueblo de Ohio durante el año ’79, y centrado en un grupo de  preadolescentes que un día se juntan a realizar una cinta sobre zombies con una cámara “Super 8″, terminando como testigos de un evento inexplicable que lo cambiará todo.

 

Pocas veces el recurso del metacine fue tan efectivo y transparente a la hora de traspasar al espectador el espíritu de quienes aman la ficción. No es casual que la pandilla de niños protagonistas se relacione  casi exclusivamente  en torno al proyecto  ni que se presenten ante el espectador a través de sus talentos “cinematográficos” (o actorales en el caso de la niña del grupo). Para ellos filmar no es un juego, sino un incipiente oficio: leen libros sobre cómo escribir guiones, crean figuritas detallistas y se especializan con los mejores referentes y materiales.

 

Entonces, es difícil no pensar en sus personajes -Joe (encargado de maquillaje y sonido), Charles (director) y Cary (efectos especiales)- como una versión púber de Robert Orci, Alex Kurtzman y el mismo Abrams jugando a ser los creadores de un show que, con más años, dinero y obsesiones en el cuerpo, denominarían Fringe, pues es sabido que la gestación de la serie televisiva fue influenciada por películas que el trío admiraba desde la infancia como “The Fly” (1958) o “Altered States” (1980).
 

 

A lo que voy es que en “Super 8″, J.J. Abrams se reconoce primero como  fan y  luego como escritor de personajes queribles insertados en ambientes hostiles y terroríficos. Festeja ser un adulto con un trabajo que le permite cultivar la imaginación de un niño, articulando nuevamente una historia en la que un accidente es el elemento desencadenante de un viaje físico y emocional de los protagonistas; un trauma que obliga a rearmarse, a ver más allá de lo conocido y asimilar que volver a lo de antes es imposible.

 

Abrams abre la escotilla de un universo repleto de informaciones ocultadas por el gobierno. Un lugar en el que la gente vive sin saber lo que pasa a su alrededor, donde hay un “otro” que utiliza al mundo como laboratorio y en el cual los niños y los científicos marginados del sistema aparecen como los únicos capacitados para comunicarse con él y respetarlo de igual a igual.

 

La cinta muestra un mundo fílmico de personajes extraviados que encuentran el camino a casa sólo cuando se logran conectar con otra persona, y lo consigue estableciendo paralelos metafóricos entre destrucción y creación. Un choque ferroviario gatilla el misterio y el caos en el pueblo, donde desaparecen objetos, perros, gente… pero las imágenes grabadas resisten y las ganas de los chicos de terminar el rodaje se mantienen intactas. Las cintas se rescatan sin importar cómo, se convierten en evidencias, contienen pistas, momentos extraordinarios que no volverán. El avance de los personajes en la trama pasa por estar frente a pantallas y reproducciones que develan información, que capturan una verdad hasta entonces intangible e invitan al que mira a optar por el escepticismo o la fe. Son registros que desafían el paso del tiempo, se rebelan ante el olvido y la ausencia.
 

 

La secuencia en que Joe ve proyectadas en la pared de su habitación las imágenes de su madre recién fallecida -junto a la chica-actriz de la pandilla,  Alice (Elle Fanning, enorme)- es entrañable en ese sentido, y la escena en que ella le pide que no deje que su amigo-director explote en cámara un tren hecho por él, es probablemente una de las más simples y bonitas escenas filmadas acerca de proteger la verdadera identidad y resistirse a la pérdida total de la inocencia.

 

En esa misma línea metafórica, un monstruo que no puede volver a casa hasta recolectar todas las piezas de su nave destruida por las inoperantes Fuerzas Especiales Americanas, no es más que un reflejo de la situación de Joe y Alice, quienes deben acostumbrarse a la desaparición de sus madres y a reestablecer lazos con sus padres, hasta entonces prácticamente inexistentes.

 

Abrams -que comparte con Spielberg el tópico de la paternidad en sus obras- presenta en “Super 8″ progenitores ausentes que desconocen la verdadera naturaleza de sus hijos; que, hasta antes de la catástrofe, se han mantenido ocupados en sus propios dilemas o quehaceres. En ese sentido, es atractiva la elección de Kyle Chandler para interpretar al ayudante del sheriff y viudo padre de Joe, puesto que el actor protagonizó por cinco años “Friday Night Lights” -uno de los más entrañables shows televisivos sobre la importancia de la figura paterna en la adolescencia- donde Coach Taylor (su personaje) formó a una sucesión de chicos provenientes de familias desestructuradas que encontraron refugio integrándose al equipo fútbol americano bajo la premisa que quienes tienen la mirada clara y el corazón pleno, no pueden perder.
 

 

Mientras que, a partir de películas como “Close Encounters of the Third Kind” (1977) y “E.T: The Extra-terrestrial” (1982), el cineasta Steven Spielberg emocionó a miles de espectadores provenientes de familias (des)estructuradas que se sintieron dentro de una sala de cine como en casa,  encontrando cobijo y fortaleza bajo la premisa que “en la vida sucederán cosas malas pero podremos seguir viviendo”.

 

A partir de “Lost”,  el guionista J.J. Abrams redefinió la palabra fanatismo, cambiando para siempre el rol pasivo del telespectador… y demostrándole a gente -proveniente de distintos países, edades y culturas- que entretención no es sinónimo de superficialidad. Además declaró que en sus manos, guste o no, los misterios de una isla o los universos paralelos estarán siempre por debajo del desarrollo de los personajes y, específicamente, en pos de una imagen mayor, conservadora y universal: la de dos manos entrelazadas.

 

No importa si se trata de las parejas Desmond-Penny, Olivia-Peter o las Joe-Alice,  pues el mundo en el que cree Abrams está dividido finalmente en dos tipos de personas: las que están perdidas y las que hacen todo lo posible para encontrarlos. Así de simple, así de bello, así de (im)posible. “Super 8″ llegó para grabarlo en nuestra mente y hacerlo perdurar.

 



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