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“United States of Tara”: Partes (pero te quedas)

Publicado el 10 de jul de 2011 | Sección: TV / Series. | Visto 955 veces

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Nunca una cancelación televisiva es buena, menos cuando llega de improviso o tiene  grandes nombres a su haber, pero a “United States of Tara” el cierre definitivo en su tercera temporada le vino bien. Ayudó a acentuar su espíritu cíclico, a recordar su naturaleza fragmentada. Aquel fin le permitió, a un show que nunca creyó que el lugar de destino fuera más importante que el recorrido, dejar a sus personajes a orilla de la carretera, en ese  lugar donde no sabes muy bien si te dejaron  o te pasarán a buscar.

 

Es que la serie de Showtime, de la oscarizada guionista Diablo Cody, de la talentosísima actriz Toni Colette tuvo tantas caras como personalidades su protagonista. La historia de Tara Gregson -madre y esposa que debe lidiar con las consecuencias de un desorden disociativo de personalidad no medicado- casi siempre fue una serie sobre la búsqueda de identidad, sobre la importancia de la familia, y las contradicciones y temores que conviven en un(a) misma persona(je). Pero a ratos también, fue el show de las habilidades de Toni, y no pocas veces, un programa-espejo de su creadora. Es decir, un impostado reflejo de su capacidad crítica, un arrogante ejercicio de agudeza en los diálogos sumada a una eterna sensación de ensayo y error en la escritura que se tradujo en un hervidero de tramas interrumpidas a lo largo de sus tres temporadas. Este último, mi rasgo favorito.
 

 

Sí, tal como lo lee, raro como suena. Es lo que en otra sala de escritores es error,  pedantería, esquizofrenia o incapacidad, en las mentes que están detrás de “United States of Tara”, es coherencia, pues elaboraron trazos y trozos dentro de una serie que no cree en la unificación. Aunque le hubiesen prevenido de la cancelación, Cody y su gente no habrían concebido un punto final para los Gregson porque nunca creyeron en otros signos que no fueran los suspensivos. Porque recrearon un universo que constata la imposibilidad del ser humano de encontrar en el mundo exterior (fuera de su casa o de su mente) una real identificación.

 

Es que el suyo no es (aunque lo parezca) el retrato de una familia disfuncional que busca su eje ni el de una madre/esposa que busca solución a su trastorno de personalidad, sino el de un grupo de personajes que saben de antemano que el todo (las definiciones arraigadas de familia, ciudad, país) es una construcción artificial que no los representa y, por ende, se aferran a las reglas de su hogar, a las multiplicidades de un entorno que en lo inmediato les cansa, pero a la larga, les permite convivir conscientes que siempre serán  la suma de las partes, que siempre serán piezas que juntas no forman una figura sino varias.

 

En ese sentido están perfilados los roles, Charmaine busca mejorar su suerte forzando un matrimonio “ideal” y lidiando con la maternidad (supuestamente las dos “m” que toda mujer anhela) pero el primero fracasa y la segunda la lleva a duras penas, sin poder alejarse de la casa de su hermana. Max es un jardinero particular cuya labor se ve absorbida por un conglomerado mayor y un marido a menudo eclipsado por los vaivenes de su esposa.  Kate, la hija mayor, transita en incertidumbre laboral y se mueve en torno a no-lugares, tales como aeropuertos y restaurantes de paso. Su hermano, Marshall, es  gay pero no se siente identificado con lo que el estereotipo supone y es un cineasta en potencia que admira los autores de ficción pero cuya ópera prima es contar la historia de sus padres. Tara tiene DID pero los estudios psiquiátricos le son insuficientes. Es decir, son personajes que aparentemente buscan salir, experimentar, huir, pero en definitiva sólo encuentran calma sumergiéndose en sí mismos o desahogándose en alter egos irreverentes.
 

 

Quizás por ello, “United States of Tara” no es drama ni sitcom ni parodia, sino un poco de las tres. Estilísticamente huye del naturalismo clásico pero es cercana. Sabes dónde está aquello que te muestra e incluso a menudo sientes que parte de su mirada está dentro de ti.

 

Quizás por ello, “United States of Tara” no utilizó espejos para identificar al espectador sino cámaras digitales, caracterizaciones y muestras de arte (representación sobre representación) para que sus personajes se reconocieran entre sí, aspirando a que esa pequeña luz roja captara algo de verdad; asumiendo que todo espejo devuelve una imagen deformada  y  creyendo firmemente que todo universo se compone de diferentes momentos registrados en un disco regrabable, ya sea mental o material. 

 

Quizás por ello, “United States of Tara” es una serie cuyo personaje principal se relaciona con el exterior  mediante personalidades estereotipadas (la dueña de casa perfecta, la adolescente descarriada, el macho republicano, la psiquiatra progresista…)  como una forma de lidiar con la vulnerabilidad intrínseca de toda persona y personaje; como una excusa narrativa para hablar de miedos, segregación y abandono.
 

 

Quizás por ello, Tara es el rol escogido para protagonizar una serie tildada de original y trasgresora  pero que, en el fondo de sus tres temporadas y debajo de sus alters, no hace más que avalar una de las premisas más viejas y universales de la creación: no hay lugar más protegido que el hogar, o dicho de otra forma, no hay universo más honesto y reconfortante que el creado a partir de la propia mirada.

 

 



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