BSO: “The Magnificent Seven” (1960), una pieza musical perfecta

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“The Wore Seven…The Fought like Seven Hundred”. Así rezaba el cartel promocional de este clásico western de principios de los años 60; sin duda uno de los mejores de su género y quizás la mejor “alineación de Estrellas” de la época, con Yul Brynner y Steve McQueen -el mismísimo “King of Cool”- a la cabeza de una banda de pistoleros que busca liberar a un poblado (dinero de por medio, obviamente) del yugo opresor de Calvera (Eli Wallach, conocido como “El Feo” en la cinta de Leone, “El Bueno, El Malo y El Feo”) y su pandilla de forajidos.

“The Magnificent Seven” es para mí el western perfecto; lo que la convierte también en una de esas películas perfectas, esas que pueden verse a cualquier hora y en cualquier lugar, donde el argumento de la lucha entre el bien y el mal (que ya en 1960 era, por decirlo amablemente, recurrente) funciona a la perfección; el espectador se vuelve un hincha, una mera cheerleader, y lo único que quiere es que Calvera sufra una muerte lenta y dolorosa, idealmente, a manos del fantástico Chris Adams (Brynner).

Están el argumento, las actuaciones, el contexto, el paisaje y el sonido de los balazos: el típico “pium-pium-pium” de las películas antiguas, tan falso como emocionante y necesario. Falta el Tema. ¡Y vaya que tema! He aquí el punto culmine de toda obra maestra del séptimo arte: Una pieza musical perfecta.

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La musicalización de “The Magnificent Seven” debe ser, sin lugar a dudas, una de las cinco mejores de todos los tiempos; perfecta en toda forma posible y emocionante hasta poner la piel de gallina. Elmer Bernstein se luce de principio a fin con su estilo clásico/épico que le entrega el color y los matices necesarios a una historia tensa e impredecible.

La estructura de la banda sonora sigue el patrón clásico –es decir, a la par de la historia, como deberían ser todos los soundtracks–, suena fuerte y es constante; acompaña todas y cada una de las cabalgatas de este peculiar grupo de “buenos tipos”. Sólo calla cuando alguien tiene algo importante que decir. El “Main Theme”, todo un clásico del género western (y de paso, un clásico de las bandas sonoras en general), se desplaza con libertad y es parte fundamental en varias piezas. Éste, junto a los acordes finales de “Strange Funeral After The Brawl” –track 4, que aparece en la escena en que se forma un duo dinámico de Brynner y Mcqueen– son la columna vertebral de una banda sonora que rememora las bellas composiciones de Aaron Copeland (escuchar especialmente “Apalachian Spring”), el gran maestro de la música clásica en Estados Unidos, donde la naturaleza forma parte fundamental, no sólo de la inspiración, sino que de la música en sí. Los instrumentos de vientos evocan la brisa campestre y la percusión, el ritmo de los antiguos rituales indios. Extremadamente vivaz, chispeante si se quiere. Incluso piezas como “Council” (track 2), “And Then There Were Two” (track 6) y “Worst Shot” (track 9) dan vida a escenas particularmente tensas, resultan atractivas por particular tiempo (acelerado, constante, sin respiros). Por otro lado, “Quest y Fiesta”, tracks 3 y 7 respectivamente, aportan una cuota de folclore que resulta casi ancestral, totalmente rústico, terroso, perfecto para describir la vida de los poblados limítrofes de mediados del siglo XIX. La última parte del soundtrack toma ribetes románticos con la aparición de instrumentos de cuerdas, bajando notablemente el ritmo de “caballo de diligencia” que se llevaba hasta el momento, se ve cortado de manera súbita con “Bernard” (track 17) un especial guiño al personaje de Charles Bronson -Bernardo O’Rilley- el tipo rudo que sacrifica su vida por el pueblo y especialmente por los niños (que resultaron, extrañamente, ser los que mejor lo entendieron).

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El final con “Surprise” (track 18) lo tiene todo, momentos muy arriba y pasajes de trazos largos y pausados, así como el clímax de la película: la escena del enfrentamiento decisivo entre los pistoleros y la pandilla de Calvera, donde los cientos de balazos y decenas de muertes, se ven matizados con grandes demostraciones de cariño, amor y hermandad.

Quizás faltó una pieza más, una tal vez más movida y definitiva, o quizás soy un eterno inconformista y no encuentro placer en las cosas pequeñas. Lo que sí tengo claro es que pueden existir piezas más icónicas (Ennio Morricone para “El bueno, El malo y el Feo”), más épicas (Maurice Jarré para “Lawrence de Arabia”) y más brillantes (Henry Mancini para “Doctor Zhivago”), pero no existe una pieza que represente mejor, no sólo a la película que la antecede, sino que a todo un género cinematográfico, todo un período histórico y toda una cultura. Elmer Bernstein -a quien conocí gracias a su memorable trabajo en “To Kill a Mockingbird”– se luce con esta banda sonora y de paso nos da una clase magistral de historia.


Título Original: “The Magnificent Seven” (1960)
Director: John Sturges.
Música: Elmer Bernstein.


 





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