BSO: «Sideways» (2004), cuando el jazz es un espectador interesado

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Miles (Paul Giamatti), un profesor de inglés que busca convertirse en un escritor, y Jack (Thomas Haden Church), un actor que vivió sus quince minutos de fama hace más de una década y que hoy en día vive de los comerciales, son dos amigos que se acercan peligrosamente a la quinta década de sus vidas, muy unidos y muy distintos uno del otro. El primero, un pesimista al extremo que vive en constante negación (aún no supera su divorcio de dos años; escribe, pero no cree en sí mismo y piensa que nunca será un autor publicado, a pesar que ello es su mayor pasión en la vida) y que obtiene sus pequeños ratos de placer en el fino arte de la cata de vinos. El segundo, un tipo que nunca ha tenido que luchar demasiado por llevar adelante su estilo de vida, divertido, vano, irresponsable y superficial, pero que finalmente decide madurar y se casará prontamente. Como regalo de matrimonio para Jack, Miles decide llevarlo en un viaje por las viñas de Santa Bárbara para introducirlo en el mundo de las cepas. En una semana, beberán vinos exclusivos, comerán exquisiteces y jugarán golf… ése es el plan de Miles. Sólo beber, divertirse y follar… ése es el plan de Jack. He ahí el problema, he ahí la historia, llena de momentos divertidos y otros demasiado tristes. Una montaña rusa situada en el condado de las Viñas de California, donde el Jazz compuesto por Rolfe Kent se comporta como un espectador realmente interesado, mucho más que un adorno o una música de fondo, resultando ser un tercer pasajero del clásico (y seriamente destartalado) convertible rojo de Miles. En momentos, la música simplemente reacciona, logrando así anticiparse y crear el ambiente perfecto, preparándonos para las grandes revelaciones que acontecen una tras otra durante toda la historia.

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El soundtrack, compuesto por 15 temas, es un ente con vida propia, que logra de gran manera resumir la inteligente musicalización realizada para la película. “Asphalt Groovin’» (track 1) podría considerarse como el Sideways Theme, una composición que es representada a través de toda la película (“Bowling Tango”, track 13, como prueba de aquello), en distintas versiones o “movimientos”. Su apellido –groovy, cool– lo dice todo, un jazz fabulosamente animado e irreverente. Algo que escucharía regularmente Austin Powers si tuviera un poco de clase. Lo mismo ocurre con “Constantine Snaps His Fingers” (track 2), donde la hiperbólica batería se lleva todos los aplausos, y “Drive” (track 3); tres temas que exudan Pantera Rosa –la película, no el trago del De House Bar- que invitan a pasarla bien, temas que matarías por escuchar entre copa y copa. “Picnic” (track 4), una composición quizás romántica, pero en la misma cuerda juguetona de sus antecesoras, le entrega el matiz necesario para el arranque de “Mike’s Lonely Day” (track 5), un tema que en ciertas circunstancias puede sonar melancólico, dependiendo en que copa vayas (si es sobre la tercera, sólo oirás esa refrescantemente funky línea de saxofón). De vuelta a la acción con “Wine Safari” (track 6), quizás el punto inflexión de la historia, cuando comienza el tour por las viñas y se topan con la exótica Stephanie (Sandra Oh), quien se convertiría en la fogosa y efímera compañera sentimental de Jack. Ningún polvo queda sin castigo, frase que Jack viviría en carne propia –de manera dolorosa-, pero que de ninguna manera lograría detener su libre espíritu.

El soundtrack nos traslada de sopetón al comienzo de la historia –raro, pero a estas alturas poco importa el orden; si es Jazz, vamos para delante de todas formas– con “Miles Theme” (Track 7), denso tema, con una muy característica línea de contrabajo, nos introduce a la decadente vida del pobre Miles, viviendo en un roñoso condominio de San Diego, despertando con una terrible resaca y entregando cordiales excusas a todo el mundo. “Los Olivos” (track 8), un tema particularmente bello; quizás el menos Jazz de todos. Una simple composición en piano, adornado con órgano y teclado, que representa en sí mismo el punto de inflexión del soundtrack (más no de la historia) dejando atrás las composiciones juguetonas y dando un paso al lado intrincado del Jazz. “Chasing The Golfers”, “Walk To The Hitching Post”, “Abandoning The Wedding” y “Sleeping Away As Mum Sleeps” (tracks 9 al 12) son el resultado de una composición quizás más seria o, simplemente, un Jazz más denso. Como si la primera parte del soundtrack representara a Jack y la segunda a Miles.

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El final representa un interesante choque de estilos y una gran representación del tono de la película. Por un lado, la simpatía de “I’m Not Drinking Any Fucking Merlot!” (track 14), seguida por la suave melancolía de “Miles And Maya” (track 15). Al final, no sabes si reír o llorar. Yo prefiero reír –incluso cuando lo que más quiero es llorar-, por eso para mí «Sideways» es una comedia, mi personaje favorito es Jack y la primera parte del soundtrack resulta mi preferida. Pero sin el drama, «Sideways» no sería ni la mitad de lo buena que es. Sin Miles, Jack sólo sería un tipo molestoso y, sin la segunda parte del soundtrack, sólo quedarían 15 minutos de divertido pero olvidable Jazz.


Título Original: «Sideways» (2004).
Director: Alexander Payne.
Música: Rolfe Kent.


 





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