Mis Mujeres de Película: Juliette Binoche

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Quiero comenzar esta columna diciendo que es imposible no enamorarse de Juliette Binoche. Es cierto. Me atrevo a desafiar a cualquiera a ver “Bleu” (nombre como es conocida comúnmente la película) y decirme lo contrario. No sólo por esa indiscutida carita de ángel, dulce mirada y apetitosos labios característicos de Juliette y de sus compatriotas francesas; sino también por la complejidad de representar tan bien un personaje solitario, profundo y atormentado por su pasado. “Bleu” narra la historia de Julie (Binoche) que, tras la terrible muerte de su esposo -un prestigioso compositor- e hija en un accidente automovilístico (del cual ella también es partícipe), debe lidiar con el sinuoso proceso de continuar con su vida. Julie, en su conflicto interno y en su propósito por seguir adelante basándose en el olvido, irá descubriendo rasgos del pasado que saldrán a la luz, así como nuevos aspectos que serán el sustento para no autodestruirse ni sentirse sobrellevada por la fama y el mito del concierto inconcluso de su marido.

Es imposible referirse a este film y no hablar de su delicada (y potente a la vez) fotografía y dirección; características que hacen de esta cinta un auténtico poema visual por donde se mire. Pero volviendo a lo que nos congrega, debo manifestar que la necesidad de sentir que envuelve a Julie, ya sea a través del sexo, el dolor físico, la música, una brisa en el rostro o sumergirse en el agua de una piscina, es una cualidad totalmente llamativa. Ya quisiera uno implicarse en sus actos para consolarla, apoyarla, o decididamente, desear ser algo más que un simple espectador tras una pantalla y convertirnos en Olivier, el ayudante de su marido y amante silencioso de Julie. De hecho, fue difícil no reflejarme en él y sentirme cómplice de su amor no correspondido.

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Por otro lado, todas las escenas donde Juliette es protagonista merecen un adecuado detenimiento y observación, pero definitivamente faltarían adjetivos para poder llegar a la altura de la composición que hace Kieslowski en cada una de ellas. Si tuviera que elegir alguna, sólo una, sin lugar a dudas sería la escena final; tanto por la importancia que tiene, como por la revelación que exhibe y la belleza que forma. Es donde Juliette, paradójicamente, se ve más radiante y hermosa.

Mención aparte es tratar de penetrar su impasible mirada, que durante todo el film está al borde del llanto, así como tratar de esbozar una sonrisa en esos finos labios o de comprender esas facciones frías y distantes, que con cada ennegrecimiento de imagen y acompañado por estruendosos compases del concierto inconcluso, dan cuenta de los sentimientos encontrados que dominan a esta preciosa y hermética mujer.

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Es increíble además como Juliette habla y gesticula con su rostro, expresando de esta forma el sentir de emociones e ideas que fluyen en Julie; un fascinante atributo de introspección visto en muy pocas actrices, y que debo decir, me encanta al borde de la locura. Sin embargo, así es Juliette, una alucinante geografía, una belleza sobrehumana, una mirada cautivante… una musa indiscutida con todas sus letras.


Película: “Azul” (Trois couleurs: Bleu).
Dirección: Krzysztof Kieslowski.
Reparto: Benoît Régent, Charlotte Very, Emmanuelle Riva, Florence Pernel.
Vista en: Noviembre de 2004.





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