Publicado el 27 de mar de 2011 | Sección: Columnas, Mis Hombres de Película. | Visto 3198 veces
Película: “Los Amantes del Círculo Polar” (1998).
Dirección: Julio Medem.
Elenco: Najwa Nimri, Fele Martínez, Nancho Novo.
Muy por el contrario a lo que podría pensar la mayoría, me parece que son pocas las veces en que un hombre puede reflejarse en los ojos de una mujer con tanta claridad como en aquel final. Algunos podrían aludir a lo inevitable del reflejo -y por lo tanto, carente de sorpresa- producto del puñado de lágrimas que brota desde los ojos de Ana. Quizás otros piensen que la fuerza de aquella luz es un efecto de los desconocidos eventos que al parecer ocurren en el límite de la vida, y así nos cambiamos desde la física a la metafísica en busca de la solución. Sea como sea yo prefiero pensar que aquel destello se debe simplemente a la disposición que ofrecen para ello unos ojos brillantes de amor… luego cuando aparece la honestidad y me percato de que no tengo certeza a la génesis de tal evento, termino en el consuelo de que al menos el gran reflejo ocurrió, y que a pesar de lo evidente que puede resultar ese momento, no impide que aquel destello, aquella última casualidad, no sea considerada como la más hermosa de todas las ocurridas en el círculo polar.
Otto (Fele Martínez) es uno de los amantes del círculo. El primero en llegar y, sabemos, que el último en irse de allí. “¿A dónde corren las niñas?”, fue lo que Otto se preguntó cuando conoció a Ana (Najwa Nimri). Siendo sólo un niño, fue capaz de reconocer que desde pequeñas pretendemos arrancar, pero por el simple gusto de querer ser encontradas por alguien. Una pregunta de amor le regaló entonces por aquella bella casualidad, y desde allí, Otto permaneció a su lado con tanta pasión que hasta olvidó toda restricción impuesta por la sociedad en ese momento. Otto amó como un niño y como un hombre, ambos al mismo tiempo, en una historia de amor de esas que marcan y que nos hacen vivir en función de ellas, adaptar la vida para vivir por ellas, y echar al olvido todo lo demás. “¿Y por qué debería importar todo lo demás, si finalmente se tiene el corazón rojo?”, piensa un Otto con tantas ganas de amar que incluso superan a la misma Ana. Esa soberbia propia de un amante puro, sería lo que luego detonaría la separación entre ambos. Sería el mismo Otto quien daría la espalda a estos amantes, al percatarse de lo que había olvidado por dedicarse sólo a amar, dando así lugar a la casualidad más grande jamás imaginada por ellos.
¿Y es que será posible que algunas casualidades no sean bienvenidas? ¿O es que cuando te has sensibilizado a todas esas danzas que interpreta la vida, no existen casualidades que no sean hermosas? Para estos amantes del círculo polar sin duda la casualidad fue hermosa; sin embargo, sus consecuencias fueron amargas a pesar de que el sol brillaba constantemente en aquel lugar. Cuando Otto decide finalmente vivir en su rol de hombre es cuando logra comprender que, al parecer, no hay corazones lo suficientemente rojos que puedan asegurarte la felicidad eterna.

¿Cuántas veces un hombre puede amar así? ¿Cuántos hombres pueden amar así? Con toda convicción les puedo decir que ésta es una de las preguntas que de niña yo podría haber enviado en un avión de papel, para que éste se perdiera con el viento y cayera a los pies de quien me pudiera dar la respuesta, evitando así el doloroso proceso de ensayo y error. Ana tuvo la suerte de conocer a uno de ellos. Más aún, Ana pudo ser amada por uno de ellos y vibrar con besos debajo de la cama que despiertan a cualquiera. Para el resto de nosotras, creo que sólo queda albergar la esperanza que algún día un hombre como Otto desee repetir innumerables veces nuestro nombre y pretenda cerrar su círculo con nuestra presencia. Hoy soy pesimista y sé que el mundo no está precisamente plagado de hombres que aman como Otto. Hombres cuya vida da la vuelta sólo una vez en torno a una única mujer, que confían en que hay cosas que sí son eternas, y que sólo basta fijarse bien en cuanto queda de bencina para asegurarse que el coche no muera.
[[cita]Para estos amantes del círculo polar sin duda la casualidad fue hermosa; sin embargo, sus consecuencias fueron amargas]] Morí y ahora aplausos!
Cuando termine de verla por primera vez un espacio de mi estomago al fin se sintió conforme y satisfecho, por lo mismo tuve que esperar algunos días para volverla ver y ahora deleitarme con todos esos pensamientos y preguntas que hasta el día de hoy en forma poética me pregunto y de forma burlona me respondo.
Esta película está dentro de mis 15 favoritas y en 1 lugar en mis favoritas de J.Medem después esta Tierra.
aun no entiendo porque tod@s aman esta pelicula