CRÍTICA: «The Runaways» (2010) de Floria Sigismondi, una carrera meteórica de egos y excesos

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Si se tuviera que definir en una sola palabra la carrera de The Runaways, esta sería: “meteórica”. En tan sólo cinco años, desde su formación en 1975, esta banda norteamericana formada por cinco chicas adolescentes, se conocieron, grabaron cuatro discos de estudio, alcanzaron la fama vertiginosamente, conocieron los embates del alcohol, las drogas, el sexo y el rockandroll, y terminaron sucumbiendo ante los excesos, las acusaciones de abusos entre los miembros y su productor manager, y las desavenencias financieras. En 1979, y tras editar su último álbum, la banda se disolvió.

Muchos seguidores del punk setentero aún conservarán algunos de los discos más emblemáticos de la banda, otros quizás jamás se enteraron que existieron sino hasta leer estas líneas. Lo que es cierto es que una banda de estas características, daba el suficiente material para que Floria Sigismondi, realizadora italo-canadiense de vasta trayectoria dirigiendo video clips de artistas del porte de Bjork, Marilyn Manson y The Cure, realizara su ópera prima sobre la vida y obra de The Runaways.

Estamos en Los Angeles, California. Joan Jett (Kristen Stewart) hacía los intentos por aprender a tocar guitarra eléctrica y su único sueño junto a un par de amigas era convertirse en estrellas de rock. Como en las mejores películas, conocen a Kim Fowley (Michael Shannon), un productor de poca monta que les da su tarjeta, cree en ellas y las ayuda a conseguir la voz faltante para el grupo. Así dieron con Cherie Currie (Dakota Fanning), la rubia introvertida que se dejaba atrapar por el estilo y su propio entorno, cuyo papel dentro de la banda resultaba la antítesis perfecta para Joan, quien tenía las cosas más claras que cualquier adolescente de la época. Juntas, fueron el alma y corazón de The Runaways, quienes pasaron de pequeños bares a grandes escenarios en poco menos de dos años.

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Sería un error calificar a la película como un biopic de la banda, ya que –adrede o involuntariamente por un poco conseguido trabajo biográfico- la cinta se inspira en los relatos de la cantante Cherie Currie, el real foco de atención de la prensa y, por lo mismo, retrata desde SU visión la relación de amor-odio que mantuvo con Joan Jett, con su familia, el resto de la banda, el productor, la fama y los excesos. Esto provoca que las demás integrantes pasen a segundo plano dentro de la historia y que desconozcamos el resultado de una suma de versiones. Sin duda, no podemos sacar conclusiones acabadas del real desarrollo de la banda. Por lo mismo, asumamos que la real intención de la cinta nunca fue ser el reflejo de toda una generación, ni retratar el boom del 77, ni mucho menos ser una ventana social-política de las causas y consecuencias que significó el movimiento punk y que replican hasta nuestros días. “The Runaways” (2010) es la historia de una banda de meteórica carrera, compuesta por mujeres y contada omniscientemente por su estrella principal. De hecho, el factor “época” no queda determinado por el contexto social, sino que por la cabeza de estas chicas que algo tenían que gritarle al mundo.

La cinta tiene un gran condimento estético, que pasa por la experiencia de la directora realizando videoclips y trabajos para la TV, otorgándole una atmósfera ideal para mantenernos dentro de los márgenes del entretenimiento. La ambientación setentera, desde los peinados a la vestimenta, son lo más rescatable de la película junto a las actuaciones de Fanning y Stewart. La primera, haciendo su primer papel de adolescente casi mujer y la segunda, demostrando que algo de talento hay detrás de ese plano e inexpresivo rostro chapeado por Bella Swan (que por cierto, se mantiene más plano e inexpresivo que en cualquiera de sus filmes anteriores). Ambas demuestran que están para grandes cosas y, de paso, se mandan un par de escenas que encenderán al más fetichista de los cinéfilos.

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Ya se imaginaran el desarrollo de la película y no resulta necesario detallarlo. Ensayos, giras, disputas, vacíos familiares, excesos, largas resacas, mucha fama, dinero, y la posterior caída tras la esperada lucha de egos y orgullos. Punto aparte merece la banda sonora, que por razones obvias son en su mayoría hits de la propia banda (la mayoría interpretados por las propias Fanning y Stewart), además de eternos clásicos de la época como “Pretty Vacant” de Sex Pistols, “Rebel” de Bowie y “I wanna be your dog” de The Stooges.

A pesar de sus deficiencias argumentales o poco referidas, el objetivo lo consigue si este era presentarnos a una de las bandas más influyentes en la escena punk setentera femenina. Y es que The Runaways junto a Patti Smith fueron quienes abrieron la senda para acabar con el machismo reinante en las arcas del rock trashed por esos años, época en que las mujeres rockeras eran lo más rupturista y transgresor que la sociedad tuviera que soportar. Hole, The Bangles y la propia banda futura de Jett, Joan Jett and the Blackhearts son ejemplos de ello. Y de paso, comprendemos que por esos años, el éxito más allá del talento pasaba por un 50% de trabajo duro y otro 50% de actitud. La misma actitud que tuvo la directora al conseguir un film entretenido, medianamente prolijo, y al consagrar a dos jóvenes actrices a nivel mundial (y no hablo de babear por vampiros ni esconderse de un fantasma): Kristen Stewart y Dakota Fanning.

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6-stars
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Ficha Técnica:
EEUU, 2010, 109 min.
Título Original: «The Runaways».
Dirección: Floria Sigismondi.
Guion: Floria Sigismondi.
Elenco: Kristen Stewart, Dakota Fanning, Scout Taylor-Compton, Alia Shawkat, Tatum O’Neal, Michael Shannon, Brett Cullen.

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