BSO: «Into the Wild» (2007), Vedder y el sentido humano de la pertenencia

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“La función del ser humano es vivir, no existir. No voy a gastar mis días tratando de prolongarlos, voy a aprovechar mi tiempo.” Jack London.

La BSO que no puede faltar en ningún tipo de viaje. Eso sí, debo admitir mi total apatía hacia esta película por casi dos años. En parte, porque la trama no me parecía atrayente (un chico caprichoso que juega a ser Jack London para encontrar sentido a su vida y termina dándose cuenta que cazar ciervos para vivir no es algo con mucho sentido) y también por la imagen de Sean Penn sentado en la silla del director, por lo que vaticinaba una cinta centrada en la “maravillosa” performance del protagonista (como todos las cintas en las que Penn interviene).

Pero nada de eso señores. “Into the Wild” trata la historia de un verdadero rebelde. Chris McCandless o “Alexander Supertramp” (Emile Hirsch) es alguien que necesita hacer algo con su vida para poder llamarla “vida”. Esto sin importar el camino que deba recorrer, incluso, si el camino es más largo y pedregoso, mucho mejor.

Lo que más encanta de esta BSO es su sentido de pertenencia. Puedes escuchar, entre la música y la voz de Eddie Vedder, cómo las hojas recientemente humedecidas por la lluvia crean un histérico, pero a la vez muy sonoro ronroneo producto del viento del norte; cómo las rocas se encuentran con el mar en un golpe profundo como el del mejor platillazo de Mike Portnoy. Puedes sentir y escuchar el sudor caer por la espalda del viajero que lleva horas y horas en la carretera, sin más aviso de vida a su alrededor que el haber divisado -muy adelante en la carretera- el paso de un armadillo raudo para llegar a su madriguera.

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Es algo muy improbable, pero pareciera que Eddie escuchó mucho y se inspiró en los discos solistas de Enrique Bunbury para crear muchas de las piezas de esta banda sonora (es mucho más probable que ambos se hayan inspirado en la obra musical de Tom Waits). El disco suena como el de un cantante folk en el peak de su carrera, incursionando sin ningún tapujo en sonidos rock, la balada y el country. A primera vista se ve un disco aburrido, pero si a esto le agregamos la voz totalmente entregada de un muy maduro -asociado esto último a la inteligencia interpretativa y su calidad vocal- Eddie Vedder.

“Setting Forth” (track 1) da el vamos a este viaje, con mucha sonoridad y optimismo, una pieza concisa que suena a “Vitology”, pero con un giro folk. “No Ceiling” (track 2) es mucho más arriesgada en cuanto a su estructura musical, ya que la guitarra eléctrica y la batería pasan a un segundo plano ante la arremetida de una interpretación vocal casi desnuda de Vedder, seguida de una rústica línea de banjo y un lejano “slide guitar”.

“Far Behind” (track 3) es simplemente magnífica. Con un ritmo cautivador de principio a fin, cuenta lo que se siente estar en un constante viaje, sin rumbo determinado pero con una meta más que definida (saborear cada segundo del día), que se siente estar a la merced de los elementos, con una sonrisa en el rostro, el semblante erguido y, por último, cómo cortar todo lazo afectivo y adentrarse en la aventura. Simplemente magnifica. “Rise” (track 4) es un tema que en un principio suena ordinario, como esos que van y vienen en las fogatas, pero al escuchar el coro te das cuenta que nos encontramos frente a una de las mejores canciones del disco, tanto por increíblemente amplia variedad rítmica (considerando que es sólo un tema de guitarra y voz) como por su directa forma de entregar una performance vocal. “Long Nights” (track 5) parece ser un tema que Eddie Vedder debe amar demasiado, ya que entrega una variedad vocal impresionante, dentro de un ambiente sereno y controlado, muy lejos de los evenflows o los alives, que tanto definieron su forma de cantar. Es una bella melodía que no se ve interrumpida por el canto frenético de una superestrella del grunge; es una bella melodía acompañada por la sincera interpretación de un artista consumado. Da un poco de pena que dure sólo dos minutos y medio.

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Un tema instrumental como “Tuolumne” (track 6) se hace extremadamente necesario. Mucho sentimiento derramado en tan poco rato (algo así como 15 minutos). En “Hard Sun” (track 7), Vedder realiza un cover del genial Gordon Peterson (alias Indio). Una versión llena de vida, más alegre y monumental que la original, manteniendo la línea básica de tambor y guitarra, pero variando el coro, donde en el original la voz de Indio se pierde ante la segunda voz. La voz de Vedder parece elevarse como el gran sol que se eleva en el horizonte (“Big hard sun, beating on the big people, in the big hard world”).

Es difícil imaginar un tema que cale más hondo que “Society” (track 8). Es de esos temas que te dan ganas de escuchar mil veces, sobre todo si estás solo. A pesar de ser una tonada bien simple y la voz parece no esforzarse nada, el tema suena de una forma espectacular. Sin duda es mi tema favorito de todo el disco. Su letra es una declaración de libertad absoluta. Parece haber sido escrita por el mismo Bob Dylan. De todos los temas del disco, sientes que, sin lugar a dudas, es el que Alexander Supertramp más “tarareo” durante toda su travesía.

La salvaje y básica “The Wolf” (track 9) es un alarido pronunciado en la cima de un acantilado. Suena como creo que sonaría (si alguna vez lo hubieran hecho) el preludio de “Breaking the Girl” de los Chili Peppers. Tan salvaje como comienza, el alarido termina a los 92 segundos.

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Si con “Setting Forth” escuchamos lo más Vitology de todo el disco, en “End of The Road” (track 10) encontramos un hermano lejano del “Riot Act”. Un tema tranquilo y atmosférico, más para imaginar cosas que para describirlas. A medida que la melodía termina, comienza a alejarse y hacerse un vago recuerdo.

Por último, la extraordinaria “Guaranteed” (track 11), tema ganador del Golden Globe en la categoría Mejor Canción Original. En una banda sonora donde no queda mucho espacio para sorprender y donde cautivarnos se hace muy difícil, logra sorprendernos con ese silencio prolongado de la mitad del tema y cautivarnos con un final tarareado, hecho para que podamos pensar tranquilamente en todo lo que hemos vivido a través de esta BSO. Un soundtrack que hace vivir muchas cosas en muy poco tiempo. Un gran mérito de Vedder, que en poco menos de 40 minutos entrega 11 historias perfectas, escritas con sangre e interpretadas con un vozarrón que estalla con fuego.


Título Original: «Into the Wild» (2007).
Director: Sean Penn.
Música: Eddie Vedder.


 





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