CRÍTICA: «Gran Torino» (2008) de Clint Eastwood, el más sucio de los Harry’s y el más bueno de los Blondie’s

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Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un veterano de la guerra de Corea, trabajador jubilado del sector del automóvil. Su máxima pasión es cuidar de su más preciado tesoro: un coche Gran Torino de 1972. Inflexible y con una voluntad de hierro, Walt vive en un mundo en perpetua evolución, pero las circustancias harán que se vea obligado, frenta a sus vecinos inmigrantes, a enfrentarse a sus antiguos prejuicios.

Casi de manera conjunta con “Changeling” (El Sustituto), Clint Eastwood estrenó su siguiente trabajo, “Gran Torino”, destacada como la gran ausente en los últimos Premios Oscar. Protagonizada por el propio director, la cinta relata la historia de Walt Kowalski (Eastwood), un ateo y veterano de la Guerra de Corea que acaba de enviudar, quedándose solo en su hogar y dedicándose a las reparaciones domésticas, beber cerveza, odiar al mundo -y todo lo humano-, y cuidar a su joyita, un auto Gran Torino del año 72. Todos sus vecinos se han trasladado y el barrio es habitado casi en su mayoría por inmigrantes asiáticos, trayendo consigo habituales guerras callejeras entre pandillas de latinos, amarillos y afroamericanos. Un día, Walt sorprende a Thao (Bee Vang), su adolescente y tímido vecino, intentando robar su auto presionado por una de las bandas. Sorprendido por Walt y a modo de castigo, la familia de Thao insiste en que el joven debe remedar su error ayudándole a éste en lo que estime conveniente. De esta manera, Walt comienza a insertarse socialmente e intentará cumplir el último deseo de su fallecida esposa: confesarse ante Dios y así limpiar su oscuro pasado.

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Atrás había quedado el “sucio” Harry Callahan y el duro de Blondie del clásico de Sergio Leone. Elegantemente fotografiada y dirigida con notable sabiduría, la cinta no está exenta de clichés ni de situaciones predecibles, pero termina superándose a sí misma. Eastwood factura un nuevo drama de grandes dimensiones, convirtiéndolo a estas alturas en uno de los directores que mejor domina el género. En un papel muy similar al de Frankie en “Million Dollar Baby” (2004), vuelve a tocar el tema de la familia, las heridas abiertas, la pérdida de la fe, la poca voluntad y la inconexión total tanto con lo humano como con lo divino; a través de Walt, un tipo racista, malhumorado e inexpugnable ante todo lo que se le cruce. El gran mérito de “Gran Torino” (y lisa y llanamente del Sr. Clint Eastwood) es que logra mezclar casi a la perfección un cuento sobre la amistad, los recuerdos, el dolor y los reales sentimientos, con temas tan complicados como la discriminación social, el racismo, la inútil religiosidad y la redención resistida por una vida belicosa, de años de guerra e innumerables muertes.

La interpretación de Clint es simplemente brillante. Para los detractores (y debo reconocer que al inicio de la cinta también me provocó algo de escozor), puede parecer demasiado fácil hacerse el duro, apretar los dientes, carraspear la voz y mirar con desdén a cualquiera que se le cruce, pero Walt termina convenciendo y haciéndonos partícipe de las razones que lo llevan a tener dicha personalidad. No conocimos a su mujer, pero comprendemos cuánto la quería; no lo vimos en plena batalla, pero sentimos su dolor e imploramos por su arrepentimiento; sólo nos basta vivir junto a él en ese vecindario durante 116 minutos para apuntar con el dedo y querer acabar de una vez por todas con la injusticia reinante en el barrio, a tal punto de convertirse en héroe y deidad de sus orientales vecinos. En el ceno de su vida y con todos sus tics habidos y por haber, Eastwood lo hizo de nuevo, regalándonos una cinta que reúne toda su filmografía como actor y director en una sola. Una autobiografía jamás pensada, pero nunca antes mejor filmada.

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“Gran Torino” es una historia cotidiana y muy sencilla, que alega contra el racismo en un barrio multirracial y nos enseña algo más sobre la esperanza y la reivindicación humana a través de Walt y Thao, una relación de amistad forjada y de protección entre el maestro y su pupilo, con un Gran Torino del ’72 entremedio como símbolo de nobleza y sabiduría.

En términos técnicos, la fotografía de Tom Stern resulta fastuosa y la iluminación sensibiliza cada una de las escenas. La dirección y los tiros de cámara no suelen identificar demasiado al director, pero siempre se agradece su sobriedad y estilo tan sucio pero completamente conmovedor. Se hace inevitable no destacar la banda sonora, delicada y llena de pasión a la vez, compuesta por el propio Eastwood quien se atreve a interpretar incluso el tema final que acompaña a los créditos… sin ser un cantante. Maestro.

“A veces te enfrentas con alguien que deberías haber evitado… ese soy yo”, dice Walt, y nos arrepentimos de haberle tocado la moral mientras saborea un “son of a bitch” por entre sus dientes. Un papel que sólo él podía interpretar en un relato que sólo él sabría dirigir, reviviendo al más “sucio” de los Harry’s y al más “bueno” de los Blondie’s. Clint Eastwood volvió, con una mano en su rifle y la otra en el corazón.

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9-stars
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Ficha Técnica:
EEUU, 2008, 116 min.
Título Original: «Gran Torino».
Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Nick Schenk, basado en un argumento de Dave Johannson.
Elenco: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her, Brian Haley, Geraldine Hughes, Dreama Walker, Brian Howe, John Carroll Lynch.

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CRÍTICA: «Gran Torino» (2008) de Clint Eastwood, el más sucio de los Harry’s y el más bueno de los Blondie’s

  1. gran torino es una pelicula que me da progeria por el viejo qlo que la hido ese marica de clint vagina anal
    veanla, la recomiendo para niños de entre 2 y 10 años
    blesings nos vamos de cana

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